Oswaldo Álvarez Paz: Cambio radical urgente

Los sucesos que tuvieron como escenario la Asamblea Nacional reflejan la realidad venezolana. No son los únicos, pero sí de los más graves. Todos reafirman la necesidad de un cambio radical urgente. Esto no puede ni debe continuar. Refiriéndonos a lo sucedido, diremos que este poder “legislativo” incumple las obligaciones claramente establecidas en la Constitución de la República. Las tareas básicas son legislar y controlar las demás ramas del poder público, especialmente al ejecutivo.

Pero ni legisla ni controla. Es controlado desde el ejecutivo y la escasa legislación producida es, básicamente, producto de delegaciones sucesivas con los resultados trágicos a la vista. Venezuela está muy mal y camina hacia peor. La situación es insostenible. El cambio se hace necesario y urgente.

Algunos nos acusan de ser demasiado radicales. No me molesta el calificativo. Ser radical es trascender los abundantes diagnósticos existentes e ir a la raíz de los problemas. Será imposible lograrlo mientras el régimen se mantenga. Tenemos la obligación de trabajar para cambiarlo por otro que protagonice el relanzamiento de la nación hacia el progreso y el bienestar general. Seguridad de las personas y de los bienes, trabajos estables y bien remunerados, crecimiento económico y desarrollo social en un país integrado por estados y municipios autónomos. Eficacia, honestidad y pasión para construir una patria digna, verdaderamente independiente, dueña de su presente y futuro.

Llegó la hora de trabajar en la dirección señalada. Indispensable tener clara la verdadera naturaleza del problema para acertar en el diseño estratégico. No olvidar que, másallá de los calificativos sobre el supuesto “fascismo” que el régimen atribuye a la oposición y viceversa, estamos en presencia de una dominación castro-comunismo, desesperada y creciente, pero absolutamente indispensable para mantener la existencia de aquella podrida estructura que se desdibuja después de más de medio siglo de tiranía.

Impresiona, a propios y extraños, la manifiesta incapacidad de las torpes cabezas de los poderes públicos y la complicidad de estructuras humanas e institucionales de las fuerzas armadas y el cómplice silencio de quienes sin estar de acuerdo con lo que viven, cuidan su estatus sin arriesgarse a enfrentar a un régimen totalitario orientado por cubanos especialistas en sembrar terror y miedo. Los servicios de inteligencia, civiles y militares, dirigen el acoso. No hay tiempo que perder.

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