El matrimonio gay, un movimiento cada vez más mundial

De visita hace unos días en Tokio durante la “Rainbow Week”, la semana del orgullo gay en Japón, Boris Dittrich se sorprendió de la cantidad de carteles que reclamaban legalizar el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

“Pregunté por qué y me dijeron ‘Vemos lo que está pasando en otros lugares, es el momento de pedirlo en Japón también’”, contó a la AFP este responsable de cuestiones homosexuales en la organización no gubernamental Human Rights Watch.

“El mundo se ha vuelto mucho más pequeño”, dijo Dittrich, un exabogado holandés activista del colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). “Cuando algo sucede en algún lugar, otros en otros lugares se inspiran”.

Hace 12 años, Países Bajos se convirtió en el primer país en abandonar la idea de que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer que se aman “hasta que la muerte los separe”. Desde entonces, la causa del matrimonio gay avanza en todas partes del mundo a toda velocidad.

El mes pasado, tres países -Uruguay, Nueva Zelanda y Francia- han legalizado el matrimonio homosexual, elevando a 14 el número de países que lo reconocen.

En Estados Unidos, diez estados y la capital Washington tienen legislación que contempla esta unión y la Corte Suprema podría emitir un histórico fallo sobre el tema a finales de junio. Regiones en México y Brasil también han aceptado el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“Es como en una película: alguien se levanta en medio de la multitud, y luego otro y otro”, dijo Renato Sabbadini, secretario adjunto de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex en Bruselas.

“Me parece muy rápido, incluso para mí que estoy completamente metida en el tema”, dice Rea Carey, directora ejecutiva del Grupo de Trabajo Nacional para Gays y Lesbianas en Nueva York, “pero el lanzamiento del movimiento tardó décadas”, añade.

“Un garrote, no un reclamo”

Sin embargo, no se puede hablar aún de una revolución universal.

Unos 75 países, incluyendo la mayoría de los países de África y Medio Oriente, consideran la homosexualidad un delito, y luchar por su despenalización es el principal objetivo de los activistas LGBT, no el matrimonio.

Nigeria, por ejemplo, proyecta una ley para enviar a la cárcel a cualquier homosexual que quiera casarse. En Colombia, en tanto, el Senado está tratando de bloquear una decisión de la Corte Constitucional que permitiría la unión entre personas del mismo sexo.

El matrimonio gay, “es en algunos lugares un garrote, no un reclamo”, dijo Roberta Sklar de la Comisión de Derechos Humanos de Gays y Lesbianas en Nueva York.

Un mundo más urbano

Varios factores han contribuido al avance de la causa del matrimonio gay.

“El mundo se ha vuelto más urbano y es muy importante para romper las normas tradicionales”, dice el demógrafo Joseph Chamie, que estudia el tema desde hace mucho tiempo.

El significado del matrimonio por lo tanto, ha sido rediseñado, añade Chamie, quien realizó en 2001 junto con Barry Mirkin el primer estudio global importante sobre el tema.

Las minorías sexuales también son cada vez más aceptadas en los medios de comunicación y la opinión pública, como quedó de manifiesto en Estados Unidos la semana pasada, cuando el basquetbolista de la NBA Jason Collins “salió del closet”, convirtiéndose en el primer jugador de uno de los principales deportes colectivos del país en reconocer abiertamente su homosexualidad.

Además, cada vez más gente tiene un amigo, un compañero de trabajo o un familiar que es gay.

“Cuando la pregunta se vuelve concreta, representada por una persona real, la mayoría de la gente tiene ideas más amplias y están más abiertos sobre la cuestión de la igualdad de derechos”, dice Sabbadini.

Matrimonio para todos

Los factores locales también juegan.

En España, Argentina y Uruguay, países aún atormentados por el recuerdo de las dictaduras, la legalización del matrimonio gay se entiende en un contexto más amplio de los derechos humanos y la democracia, a pesar de la resistencia de la Iglesia Católica, para la cual la homosexualidad es un pecado.

En Estados Unidos, el “matrimonio gay se convirtió en un problema porque el símbolo del matrimonio es más fuerte que en otros países ricos”, dice el sociólogo Andrew Cherlin, de la Universidad Johns Hopkins.

“Los que no podían casarse hasta ahora quizás han reavivado la importancia del matrimonio”, dice este especialista en el matrimonio y la familia estadounidense.

Cherlin cree que en el futuro, el matrimonio para todos será la norma en la Unión Europea, que trabaja para armonizar sus leyes.

En Estados Unidos, Rea Carey cree que otros estados lo legalizarán si la Corte Suprema falla a su favor. Pero la aceptación del matrimonio gay no debería eclipsar otras cuestiones, advierte.

Por ejemplo, 31 estados han incluido en su Constitución que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, y ninguna ley federal impide que un empleador despida a un empleado por su homosexualidad, esté casado o no. AFP