Aumentan a mil los muertos por derrumbe de edificio

(foto AP)

El balance de la peor catástrofe industrial de la historia de Bangladesh alcanzó este viernes los 1.000 muertos, tras descubrirse nuevos cadáveres entre los escombros del derrumbe de un edificio de talleres textiles ocurrido hace más de dos semanas en las afueras de Dacca.

El portavoz del ejército Shahnewaz Zakaria dijo a la AFP que el “el balance alcanza los 1.000 muertos” tras 17 días de operaciones de rescate y remoción de escombros en el lugar del siniestro.

Zakaria precisó que los operarios dotados de “grúas, palas mecánicas y excavadoras” retiraron el jueves unos 130 cuerpos en descomposición, en su mayoría de mujeres empleadas de los talleres, mientras seguían avanzando hacia niveles inferiores del edificio de nueve pisos.

En un incidente separado, el menos ocho personas murieron el jueves en el incendio de otro taller de confección en Dacca, capital de Bangladesh.

El incendio, cuyas causas se desconocen todavía, se declaró en la madrugada del jueves en la tercera planta de un edificio de once que alberga dos talleres de confección, en el barrio de Darussalam.

Las víctimas murieron por asfixia, atrapadas en una escalera, por el “humo tóxico emitido por ropa acrílica”, dijo a la AFP el director operativo de los bomberos de Bangladesh, Mahbubur Rahman.

El propietario de la fábrica de suéteres Tung Hai figura entre las víctimas pero ningún operario falleció ya que cierra por las noches, según la policía y los bomberos. “El incendio fue importante pero hemos logrado reducirlo a una planta”, explicó Rahman.

Este nuevo drama se produjo mientras el balance del hundimiento del edificio Rana Plaza seguía aumentando y se teme que siga incrementándose más allá de los 1.000 muertos.

El Rana Plaza, un edificio de nueve plantas que albergaba cinco talleres de confección, se desmoronó como un castillo de naipes el 24 de abril, un día después de que los operarios avisaran de que había enormes grietas en las paredes. Más de 3.000 operarios estaban trabajando.

El oficial Siddiqul Alam Sikder, que supervisa las operaciones de búsqueda, dijo a la AFP que espera terminar el trabajo el viernes antes de que las grúas y las excavadoras retiren toneladas de escombros.

“Sólo nos queda rebuscar en el subsuelo”, dijo Sikder.

Bangladesh es el segundo productor de ropa del mundo gracias a los bajos salarios y a la abundante mano de obra. Este sector clave de la economía, que genera 29.000 millones de dólares por año, representó el año pasado el 80% de las exportaciones del país.

Pero desde hace años, las ONG denuncian las deplorables condiciones de trabajo y las normas de seguridad en esta industria, lo que ha llevado a las marcas internacionales de ropa a amenazar con dejar de comprar en el país si el gobierno no mejora la seguridad urgentemente.

Los incendios suelen ser frecuentes en los 4.500 talleres de confección de Bangladesh, situados la mayoría de las veces en edificios vetustos o de construcción defectuosa y dotados con una red eléctrica precaria.

En noviembre de 2012, murieron 111 personas en un incendio en una empresa textil.

La Clean Clothes Campaign, una asociación de defensa de los trabajadores del textil, cuya sede se encuentra en Amsterdam, afirma que más de 700 empleados de la confección han muerto en incendios en el país desde 2006.

Bangladesh anunció el miércoles el cierre de 18 fábricas textiles en Dacca y Chittagong, la segunda ciudad del país, tras comprometerse con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a tomar medidas inmediatas para reforzar la seguridad en las fábricas a raíz del drama del Rana Plaza.

Las marcas occidentales han criticado las condiciones de seguridad deficientes de los operarios pero siguen comprando, suscitando las críticas por el doble discurso que consiste al final en cerrar los ojos a los “talleres de la miseria”.

Un grupo de expertos de la ONU exhortó el miércoles a las grandes marcas internacionales de ropa que no se vayan de Bangladesh sino que trabajen en colaboración con el gobierno, las organizaciones internacionales y la sociedad civil para mejorar las condiciones laborales.

AFP