“Carlos, el Chacal” aprovecha su juicio para narrar su pasado “revolucionario”

(Foto AFP)

El terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, “Carlos”, aprovecha el juicio en apelación que se ha iniciado esta semana en París para narrar aspectos de su biografía “revolucionaria”, cuidándose bien de entrar en los cuatro atentados mortales que le valieron la cadena perpetua en primera instancia.

Desde la primera jornada del proceso, el pasado día 20, ante el Tribunal de lo Criminal de París, “Carlos” puso en evidencia que su prioridad una vez más es dar una dimensión política a esta nueva tribuna que se le ofrece durante seis semanas e intentar arrinconar los aspectos criminales, cuya sola mención desencadena su enfado.

Así hay que entender su primer golpe de efecto cuando anunció a los jueces, nada más abrirse la audiencia, que había prohibido a sus dos abogados habituales, Isabelle Coutant-Peyre y Francis Vuillemin, que le defendieran, como reacción de protesta por no haber recibido todo lo que había pedido al Gobierno de su país, Venezuela.

El conocido como “El Chacal”, de 63 años, y que lleva desde 1994 encarcelado en Francia -donde fue condenado a cadena perpetua por otros hechos una primera vez en 1997-, pretendía que Caracas pagara los honorarios de sus letrados.

Para lograrlo, había escrito al presidente venezolano, Nicolás Maduro, recordando las muestras de apoyo que le había manifestado de palabra, al igual que su predecesor, el fallecido Hugo Chávez, e incluso envió a Venezuela a Coutant-Peyre, sin resultados.

“Es culpa de los traidores en el Gobierno actual”, del “poderoso enemigo sionista” que lo ha infiltrado, argumentó.

Ante el hecho consumado de la ausencia inesperada de abogados -que ni siquiera se pusieron al teléfono a la llamada de los jueces-, el tribunal decidió la designación de tres de oficio y se negó a retrasar la vista como estos solicitaron al hacerse cargo.

Ramírez Sánchez se quejó de “una mala voluntad hacia la defensa” ante las pocas o nulas posibilidades de que se presenten los testigos que querría que prestaran declaración, empezando por Charles Pasqua, el que era ministro francés del Interior cuando él fue detenido -”secuestrado”, según su versión- en Sudán en agosto de 1994, en una operación de los servicios secretos galos.

También tuvo un enfrentamiento con el presidente de la corte, Regis de Jorna, por las condiciones que le impuso para poder entrevistarse en la sala de vistas con Valentín Angarica, representante consular de Venezuela.

“Carlos” ha demostrado que no ha cambiado respecto al primer juicio de diciembre de 2011 por los cuatro atentados cometidos en Francia en 1982 y 1983 de los que está acusado, que causaron once muertos y más de 150 heridos.

No solo porque su respuesta fuera exactamente la misma a la habitual pregunta sobre su ocupación -”revolucionario profesional”-, sino sobre todo porque la actitud coincide: disgresiones sin fin sobre su paso por organizaciones de la extrema izquierda venezolana en su juventud y luego por otras de la lucha armada palestina, pero poco o nada sobre su acción en Francia, que es la que se juzga.

“No hay nada que me implique en estos atentados”, solo “falsificaciones”, subrayó el primer día del proceso, antes de quejarse de que no se hubiera llevado ante el tribunal “una sola prueba”.

En el marco de esos relatos de su pasado, Ramírez Sánchez sí confirmó que fue el “comandante de la operación” en la que se secuestró a los ministros que participaban en una reunión en Viena de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el 21 de diciembre de 1975.

Esa toma de rehenes mortal, que definió como “una operación de defensa de los intereses de los países productores de petróleo”, terminó en Argel, donde tras las negociaciones con el entonces ministro argelino de Exteriores, el actual presidente Abdelaziz Buteflika, a los secuestradores les ofrecieron 50 millones de dólares, aunque él aseguró que no tocó “ni un céntimo”.

Igualmente contó cómo al dimitir del Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) en junio de 1976 fundó la Organización de los Revolucionarios Internacionalistas, también para combatir por los palestinos y para “luchar contra los imperialistas y los sionistas”.

“Carlos” reveló, por otra parte, que en noviembre de 1992 terminó unas memorias que entregó a dos personas a las que no identificó, con la misión de que las publicaran, pero después de su muerte, y que por ellas sus herederos deberían recibir cuatro millones de dólares. EFE