Pablo Pérez: Amor con hambre no dura

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Como nunca antes la frase: “Amor con hambre no dura”, ha estado tan vigente en nuestro país. La misma ejemplifica a una relación disfuncional como consecuencia de la falta de atención, alimento y en el fondo también cariño. Nada más parecido a la sensación existente entre los venezolanos y el Gobierno de Nicolás Maduro.

La escasez de alimentos de primera necesidad es angustiante en Venezuela. Las últimas cifras hablan que el índice de escasez supera el 22%. El mejor indicador de la grave situación, son las kilométricas colas que bordean los supermercados y sus adyacencias para comprar tan sólo dos productos regulados.

El “tour alimentario” que hay que hacer hasta encontrar un paquete de harina, un litro de aceite o un kilo de azúcar; entre otras, evidencian el desabastecimiento que hay en nuestro país y que desemboca en una “dieta forzosa”, para no decir: hambre; a la que somos sometidos los venezolanos.

Por lo menos 11 productos imprescindibles en la “Canasta Alimentaria Familiar” (CAF) están en la lista de los más buscados: sardinas enlatadas, pollo, carne de res, margarina, azúcar, aceite (vegetal y de maíz), arroz, harina de trigo, pastas, harina de maíz y café, entre otros.

¿La razón de esa ausencia de alimentos en los anaqueles? Sencillita, la poca o casi nula producción que hay en el país. Después de ser productor y exportador de café, maíz, arroz, entre varios rubros, ahora somos importadores porque la estrategia logró su cometido: destruir el aparato productivo nacional enarbolando la bandera del Estado todopoderoso y con la justificación de proteger al “pueblo” y construir la soberanía alimentaria que se extravió en el camino.

No busquemos fantasmas donde no los hay. No le busquemos las cinco patas al gato. Aquí uno o dos empresarios no son los responsables de producir todos los alimentos que consumen los venezolanos. La escasez de alimentos que hay en el país no se va a resolver acosando a los privados, sino incentivando la producción nacional mediante un diálogo sincero y ofreciendo apoyo crediticio y estabilidad jurídica a los sectores productivos de la nación ¿Quieren empezar con algo? Generen confianza.

Es más fácil responsabilizar a cualquier sector que ponerse a producir en forma. El problema no está sólo en el “bachaqueo”, sino en toda la cadena productiva y de distribución; si no hay confianza no se produce y si no se produce no se come. Si no hay conciencia en los ciudadanos tampoco avanzamos.

Y si aún no cree que la situación es preocupante, revisemos el poder adquisitivo de los venezolanos o si aún merece ser llamado así. El costo de la Canasta Alimentaria Familiar para abril de este año se ubica en Bs. 5.445,47, de acuerdo a un reporte del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (CENDA). La CAF aumentó de marzo a mayo un aproximado a Bs. 1.160, 63.

Esto quiere decir que para cubrir la CAF, una familia requiere de más de dos sueldos mínimos (a la fecha en Bs. 2.457,02) por ahora, porque con el aumento del 20% en varios alimentos, sufrirá otro salto importante o mejor dicho ampliará el hueco en el bolsillo del pueblo. Y eso sólo en alimentos sin tomar en cuenta las otras necesidades de una familia promedio venezolana.

¿Pero hay empleo para cubrir la necesidad de ingresos? No, porque con la sumatoria de la nueva LOTTT y el poco atractivo que  significa invertir en Venezuela, el empleo productivo se estanca y cuidado si no comienza a caer. Todos los venezolanos estamos llamados a unir esfuerzos y tenemos que creer en nuestros productores. Es importante generar confianza que es un insumo intangible, pero de extrema necesidad para atraer inversiones.