Antonio Rivero: No descansaré hasta ver caído el régimen que considero ilegítimo

Antonio Rivero permanece recluido en una clínica de Caracas, donde chequean su estado de salud luego de haber perdido 10 kilos en 21 días de detención, 17 de los cuales se mantuvo en huelga de hambre.

 

Vía El Nacional

El general, que padece problemas respiratorios que le generan una tos constante, tiene prohibido salir del área metropolitana. Mañana debe presentarse ante el Tribunal 2º de Control Penal de Caracas para ser informado de las medidas cautelares a las que queda sometido. Ya desde 2010, cuando abandonó las filas del chavismo al denunciar la presencia de cubanos en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, quedó obligado a presentarse cada 30 días en un tribunal de Ciudad Bolívar y a no salir del país.

—¿Es cierto que lo llamaron para conversar con el director del Sebin y lo dejaron detenido?

—El sábado 27 de abril en la mañana recibí una llamada de funcionarios del Sebin que decían hacerla en nombre del director Miguel Rodríguez Torres. Me dijeron que era un llamado a dialogar. Verifiqué que la procedencia del número era del Sebin y pensé, en atención a la amistad y los años de compañerismo, que podríamos conversar sobre lo que estaba pasando. Fui en un taxi hasta el Helicoide. Al llegar me esperaba una comisión. Me llevaron hasta la dirección de investigaciones estratégicas y me expresaron que, aunque no estaba el director, les habían dejado un sobre sellado con una orden de aprehensión y que a partir de ese momento quedaba detenido.

—¿Nunca vio a Rodríguez Torres en ese momento?

—Nunca, porque estaba en Maracay.

—¿En los 22 días que estuvo preso en el Sebin nunca habló con él?

—Sí. El miércoles Primero de Mayo, después de la visita, me sacaron de mi lugar de reclusión y me llevaron hasta una oficina donde estaba Miguel. Le dije: “Aquí estoy. ¿Qué quieres a hablar conmigo?”. No quiero expresar mucho más de la comunicación que tuve con él. Fue una conversación marcada por las diferencias y por la forma ilegal, arbitraria y engañosa como fui convocado. Dialogamos algunas cosas políticas y al final, como compañeros, terminamos de una manera cordial sin ninguna expresión de ofensa. Le manifesté mi decidida posición de continuar la huelga de hambre. Me pidió que la dejara y me negué. Le dije que mi única petición era mi libertad porque no había cometido delito alguno. Le expresé que no estaba exento de ninguna investigación, pero que en ningún caso se había dado algún hecho como para que estuviera privado de libertad.

—¿Podría al menos decir si hablaron de las circunstancias de su aprehensión y si él admitió que había ordenado que lo llamaran?

—No puedo decirlo. Hubo una conversación evasiva porque él manifestó que no fue él, pero yo le hice ver que el hecho de que hayan utilizado su nombre, las comprobaciones que hice de la llamada y las circunstancias en las que ocurrió la detención me hacían pensar que él me mandó a llamar.

—¿Puede decir el nombre de la persona que lo llamó?

—No, no puedo

Para leer la entrevista completa visita el diario El Nacional