Gustavo Tovar Arroyo: Carta urgente a Armando Briquet

Estimado Armando:

No tengo que reiterarte mi amistad ni mi reconocimiento por el enorme esfuerzo que han desempeñado en estos días y por los éxitos que hemos cosechado debido en gran medida a su liderazgo político. No puedo tampoco desconocer que el país ha llegado a un buen término para liberarnos de la tragedia histórica chavista gracias a su empeño y entrega. Eso no está en duda, tampoco nuestro afecto porque durante todos estos años nos hemos topado y reconocido en la brega de la resistencia y la procura de libertad y democracia para Venezuela. El reconocimiento y el afecto son personales y ellos están ahí formando parte de la convivencia que nos agrupado en este siglo.

Esta carta urgente no tiene que nada ver con lo que ya sabemos que ha ocurrido ni con la fraternidad conocida, esta carta es una consideración crítica, razonada y no personal, que responde un artículo firmado por ti que aparece publicado hoy en el diario El Universal.

Pienso que tu artículo “No mate al mensajero, gobierne” no sólo es miope porque mal interpreta el momento histórico que vive el país, sino porque es incoherente con todo el trabajo que ha desempeñado -diría yo labrado artesanalmente- Henrique después del 14 de abril. Si por un lado es miope e incoherente, por otro lado es injusto con todo lo que ha sufrido la sociedad venezolana desde que la usurpación y el infame fraude se llevaron a cabo.

La voluntad del pueblo venezolano merece respeto y muchísima sensibilidad en esta hora aciaga y peligrosa. Máxima prudencia y coherencia. Capriles ha dado cátedra en ese sentido y si hoy Venezuela no es un polvorín se debe a qué él, como Presidente electo y reconocido por el voto popular, ha actuado como un estadista y no se ha dejado llevar por las pasiones (que seguramente las tiene a flor de piel). Henrique ha sido coherente y jamás ha llamado al espurio Maduro “presidente”, porque no lo es, y además, Capriles nos ha demostrado que él no va a falsificar ni pervertir la verdad del pueblo hecha sufragio efectivo. Se le reconoce y respeta por esto.

Llamar a Maduro “presidente” es desconocer la voluntad del pueblo soberano de Venezuela, es desconocer a Capriles como el Presidente escogido democráticamente por todos los venezolanos, pero más aún, es desconocer el ingente esfuerzo que está ejerciendo la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para comprobar el fraude electoral y la despampanante violación a preceptos democráticos, legales y constitucionales por parte del “régimen”.

Sí, “régimen”, no gobierno, porque si una mínima parte de lo que ha dicho Henrique Capriles sobre la actual situación legal, constitucional, institucional y democrática de Venezuela es verdad, a nadie en su sano juicio se le puede ocurrir llamar a esta vaina “gobierno”.

Llamar a Maduro “presidente” es faltarle el respeto a la democracia y a la voluntad de nuestro pueblo. Llamar a Maduro “presidente” y pedirle que “gobierne” es claudicar a la moral republicana y falsear el magisterio supremo de la voluntad popular. Llamar a Maduro “presidente” es flaquear.

Si el verdadero Soberano de una nación es el pueblo y el pueblo venezolano se manifestó a favor de Capriles pese a todas las adversas condiciones que le régimen le impuso -donde hubo ráfagas de disparos mientras votaba, amedrentamiento, chantaje, extorsión y una cantidad de irregularidades que hizo de la elección venezolana una analogía electoral de las que se viven en la Africa más dictatorial y sangrienta- es inexcusable que uno de sus líderes más determinantes del momento, como eres tú, desdiga todo este esfuerzo y sin explicación ni justificación emita una opinión tan dudosa y alejada de la realidad social, política e histórica del país.

Espero sinceramente que esto sea básicamente un error de cálculo gramatical y no una postura que represente el futuro político de la oposición. Si fuese esto último, que sin duda no es lo que dice y ejerce Henrique Capriles, pienso que el pueblo en un ejercicio de su soberanía suprema arrollará semejante anemia espiritual.

El líder es Henrique Capriles y como Presidente de Venezuela es quien tendrá la última palabra. Sin embargo, su equipo más cercano, que en gran medida ha sido su apoyo y sostén para llegar al excepcional punto en el que nos encontramos, tiene que ser muy cuidadoso y responsable con lo que dice y hace.

Venezuela, en esta hora dificilísima, merece nuestra más acuciosa precisión. No podemos ni flaquear ni errar, no sólo nos jugamos la democracia y la libertad de nuestro pueblo, nos jugamos el destino de generaciones futuras.

La verdad prevalece, pero el ser humano debe reivindicarla en cada acto. Ese es el verdadero reto en este momento. No flaqueemos. Estamos en el umbral de la libertad, el futuro de Venezuela es todo horizonte. Demos el paso último hacia la liberación definitiva con firmeza.

Dios y el pueblo, sobre todo los hijos de ese pueblo maravilloso que somos, lo recompensarán…

@tovarr

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Publicado originalmente en el diario El Universal (Caracas)

No mate al mensajero, gobierne

por Armando Briquet

“Ay, cariño, ¿qué hacemos con la sordera

y con el cinismo?”

Juan Luis Guerra. 

No hay peor ciego que el que no quiere ver, reza el dicho popular. En Nicolás Maduro se refleja perfectamente esta expresión y ya le diremos por qué.

Quien se ha empeñado en destrozar, con su soberbia, lo poco o mucho que se había intentado construir los últimos 14 años dice que no le importa para nada la popularidad, como si ese indicador fuera una simple cifra y no la expresión estadística de lo que piensa la gente.

Para un gobierno con poco más de 30 días, la popularidad significa una garantía para el sostén institucional y el orden de la nación. Un presidente impopular es tan solo un elemento vulnerable de pagar con creces cualquier error cometido. Más aún, si los errores lucen venir de la incapacidad para ejercer el cargo.

El pueblo ha demostrado estar cada vez menos atado a los chantajes de la revolución. Con el paso de los días los problemas sociales y económicos agobian más al venezolano y no hay culto ni recuerdo capaz de satisfacer las demandas de seguridad, abastecimiento y poder adquisitivo.

Un paseo por las páginas de los diarios de circulación nacional y regionales así nos lo demuestran. Lo que pasa es que quien no quiere ver la verdad ante sus ojos prefiere atacar y culpar al mensajero. Y es que en definitiva los medios de comunicación social no son más que eso, ve-hículos que reflejan nuestra realidad.

En la calle 

A los burócratas que intentan dirigir el país la burbuja del poder los ha aislado tanto que convierten “el gobierno de calle” en un acontecimiento mediático. Como si el pueblo no esperara eso, como si gobernar “en la calle” fuera la excepción y no como la regla.

Sepan, señores, para gobernar bien hay que estar más cerca de la gente y menos mirándose el propio ombligo, oyendo a los mismos aduladores y repartiéndose los privilegios entre los amigotes.

La verdad, presidente Maduro, por más que le cueste reconocer es que la impunidad y la inseguridad han plagado todos los rincones del país, y que si usted quiere dejar de leer, ver y oír malas noticias deje de atacar y dedíquese a gobernar y a resolver este problema que nos agobia. La verdad la sufrimos diariamente millones de venezolanos, porque deje de aparecer en la prensa no evitará usted que deje de ocurrir.

Si decidió asumir la presidencia, ejérzala. Y deje de ver enemigos donde no están. No son los medios sino el país entero el que está en crisis. 

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