Leonardo Palacios: La crisis del papel toillette

En los últimos días ha sido objeto noticioso el viejo y noble papel toilette, el cual adopta diferentes denominaciones: rollo higiénico, papel de baño, papel sanitario pero siempre estas formas de identificación tienen como denominador común su uso y destino práctico, siempre de la mano e instrumento coadyuvante de las funciones fisiológicas humanas.

No pretendemos efectuar, en arrebato de osadía imperdonable, una “Oda al papel toilette” tal cual Neruda la hiciera de la cebolla, el tomate o el vino, alabando sus condiciones y desatancado poéticamente su influencia en el arte rutinario de vivir.
La crisis de abastecimiento que vive el país podría representarse gráficamente en un «rollo higiénico».

Por tanto, respondiendo siempre a la tendencia de etiquetar la crisis económicas, políticas o sociales, podríamos llamar esta crisis de desabastecimiento la «crisis del papel toilette».

La escasez es resultado inevitable y, por consiguiente, esperado y seguro de los regímenes de planificación centralizada, de extrema y deliberada intervención del Estado en la economía mediante distintos instrumentos.

Los «dirigistas» o «planeadores» quieren salvar la economía pero se convierten, en «celestinas del comunismo»

El celestinaje económico intervencionistas echa la mano a los impuestos, subsidios, intervención del trabajo y su remuneración, cupos, autorizaciones previas, licencias, otorgamientos de divisas, control de costos y de precios.

Estas formas de intervención son las formas más comunes que afectan la productividad de las empresas, y consecuencialmente, el consumo y bienestar de los ciudadanos.

La intervención o sistema injerencista convierte al funcionario que actúa y se impone como ejecutor de la autoritas irracional del Estado en una suerte de emperador que con el solo movimiento del pulgar otorga, perdona y quita vida a los empresarios y a la población consumidora en receptores beneficiarios de la bondad y las dádivas de ese funcionario.

Razón tenía Belloc cuando afirmaba que “el control de la producción de riqueza es el control de la vida misma”.

El poder del planificador sobre nuestras vidas privadas, expresaba Hayek, no sería menos completo si decidiera no ejercerlo por un control de nuestro consumo”. Este gobierno lo sabe y lo practica, por acción (calcar régimen cubano) u omisión verificada por el torpe manejo de la economía.

El consumo se maneja por vía de la productividad y los precios. Cuanto mayor sea la productividad y menor la intervención en los costos y lo precios mayor es la decisión de escogencia del consumidor y, mayor la libertad ciudadana.

En el fondo la planificación e intervención del Estado en la economía es una violación directamente proporcional a los derechos fundamentales recogidos en los tratados celebrados en la materia y recogidos muchos en la Constitución de 1999.

El «gobernar la economía» como lo pretende el Presidente Maduro es solo un decir que denota mucho autoritarismo y poco conocimiento de la materia.

La arremetida del gobierno contra Lorenzo Mendoza evidenció dramáticamente el desespero de un gobierno incapaz de moldear la crisis generada y el descontento creciente, atrapado en la fuerte madeja de control y la normatividad de un sistema económico comunal cuyo afán de apoderamiento de los medios de producción, distribución y consumo empeoran la situación y, muy especialmente, la ausencia de habilidad de concertar e incentivar a los agentes económicos para tratar de flexibilizar, circunstancialmente, las barreras creadas por el propio gobierno.

La respuesta de altura, mesurada y propositiva del empresario Mendoza, comprometido con el país, desmontó la pretensión del gobierno de reforzar la intervención convirtiéndola en un instrumento de intimidación e inhibición y coartada para ocultar su afán de cubanización, el resultado nefasto de políticas erráticas y la omisión de importantes decisiones diferidas por privilegiar la agenda política inmediatista.

Mendoza desenmascaró a Maduro y puso en evidencia que la escasez de productos básicos o esenciales, y así la violación de los derechos fundamentales del venezolano, es responsabilidad absoluta del gobierno y no de los empresarios.

El ataque contra los empresarios, el acorralamiento de la iniciativa privada, el desconocimiento a la propiedad de los medios de producción social y la interdicción de la distribución, complementarias a los instrumentos, arriba indicados, origina la «crisis del papel toilette», es decir, la crisis de abastecimiento que vivimos y que nos convierte en agentes numerados de una gran cola para lograr migajas de la distribución del Estado.

El dominio sobre la subsistencia del hombre, escribía Alexander Hamilton, equivale al dominio sobre su voluntad, lo cual llevaría a expresar, de reafirmarse la intención de empotrar el régimen cubano en nuestro país, el dominar al venezolano hasta el punto de cómo y cuanto usar el papel toilette.

Es decir, la crisis representada en el viejo y noble papel sanitario es la crisis de nuestra libertad.

Por Leonardo Palacios Márquez
(@NegroPalacios)