Sobreviviente del naufragio en Margarita relata sus cuatro días en altamar

Se aferró como nunca a la vida. Las ganas de regresar a su casa lo llevaron a nadar durante horas contra la corriente. Aun pensando que no podía contar con suerte, apartó el miedo y se arriesgó a buscar ayuda. A Oscar Antonio González Salazar, de 40 años, pescador de Carúpano, estado Sucre, le tocó vivir tres noches y cuatro días entre islas y altamar. elsoldemargarita.com.ve / Marianela Peñate

(foto elsoldemargarita.com.ve)

Durante cuatro días permaneció en el agua luego de que la embarcación “Johanna I”, un peñero de nueve metros de largo que ocupaba con tres pescadores más de su ciudad natal, se hundiera producto del desprendimiento de una tabla.

González llevaba algo más de 15 días lejos de su esposa y tres hijos, quienes durante días permanecieron en su mente.

Acostumbraba pescar en Los Testigos. El producto de la faena lo trasladaban a Margarita y a Carúpano. El viernes 17 de mayo estuvo en Pampatar vendiendo pescado. Allí junto con sus tres compañeros buscó agua potable y cargó gasolina para volver al mar. Esta faena comenzaría el lunes en la noche, pero no se concretó.

La intención de ellos era pescar en una zona llamada “Las Lomas de Tolete” porque eran días de campaña, pero desistieron al saber que  delincuentes del mar habían golpeado a varios pescadores para robarles los motores, y regresaron a un área entre Los Testigos y Los Frailes.

Insolado
Acostado en una camilla del Hospital Militar del estado Nueva Esparta “Nelson Sayago Moya”, se le observó agotado producto del sol y del tiempo que tuvo que nadar para llegar a tierra. Además de los días sin tomar agua potable ni consumir alimentos. En las piernas y brazos tiene rasguños causados por los golpes que se dio con las piedras.

Contó que el lunes fondearon el “Johanna I” cerca de Los Testigos y como a las tres horas se hundió el bote. “Tuvimos casi tres días agarrados del bote. Se le despegó una tabla. Estábamos durmiendo y cuando nos despertamos, ya no había remedio”.

Oscar González ocupaba la embarcación junto con Luis Manuel (patrón de la embarcación) con quien acostumbraba navegar, además de otro pescador que conocía como “el coco” y de un adolescente de 16 años, sobrino de Luis Manuel y a quien era primera vez que veía,  pero sabía que vivían cerca de un sector de su casa en Carúpano.

“Volteamos el peñero, pero estaba lleno de agua”, dijo. Nunca perdió la fe. Se montó en una de las tablas que se desprendió del bote e invitó a sus compañeros a nadar hasta un morro que, según él, estaba a dos millas, pero todos se negaron a hacerlo. Como a las nueve de la mañana le dije para tirarnos todos, que la corriente estaba a “pique”, sin nadar mucho, pero no quisieron.

La noche del lunes (primer día del naufragio) una embarcación grande pasó relativamente cerca de donde ellos estaban, pero no le hicieron señas porque probablemente no los veían y podían pasarles por encima.

Esperanzado
El miércoles, al ver que pasaban las horas y no veían embarcaciones cerca, decidió hacer solo la travesía. Cree que comenzó a nadar desde las 12 del mediodía hasta horas de la noche. Luego de esfuerzos llegó a la isla La Horquilla, del archipiélago Los Hermanos, ahí descansó hasta el jueves y siempre rogándole a Dios que no lo desamparara.

Apenas salió el sol (el jueves) se lanzó al mar con la esperanza de conseguir a alguien y así fue, lo avistaron unos pescadores del bote “La Mancha” quienes lo rescataron del agua y lo llevaron hasta la isla La Blanquilla, lugar en el que recibió atención.

Con voz quebrantada y ojos aguarapados dijo que sacaba fuerza para llegar al morro y protegerse. “Le pedía a Dios que me ayudara. La misma ola me zumbó al morro. Me agarré fuerte de una piedra porque no podía caminar, luego subí un poco y me acosté. El frío me estaba fregando ahí”.

González durante el recorrido se apoyó en una de las tablas que desprendió la embarcación. “No podía descansar porque la corriente me llevaba para abajo”.
Según él, en el peñero tenían chalecos salvavidas, pero en ningún momento los usaron, aseguró que acostumbraban a pescar así, sin nada. Ante esta amarga vivencia invita a sus compañeros a usar el chaleco cada vez que salgan al mar.

Siente tristeza de saber que su amigo Luis Manuel se ahogó y que las otras dos personas no han aparecido. “Le dije para tirarnos, para salvarnos, pero no quisieron”.

Familia
Oscar González es padre de tres jóvenes, estudiantes universitarios y de educación diversificada. Por ellos y por su esposa nunca perdió la fe. Luchó hasta llegar al morro.
Tiene 22 años trabajando en el arte de la pesca. Es la primera vez que le toca vivir una experiencia donde casi muere. Lamenta la muerte del patrón del “Johanna I”.

Su familia conoció la noticia el jueves en la tarde. El viernes en la mañana ya estaban en la isla de Margarita, feliz de verlo con vida y de que volverá a estar con ellos. González agradece a Dios por la fuerza que le dio desde el momento que el bote se hundió.