Roberto Giusti: Los dueños de Globovisión

No me refiero a los que vendieron, ni tampoco a quienes compraron porque, a riesgo de parecer iluso, creo que los verdaderos propietarios de los medios, por muy públicos o privados que sean, son los receptores, los lectores, los escuchas, los televidentes. Sin ello de nada valen los millones, ni las conexiones con el alto gobierno, ni nada, porque los mensajes se pierden en el vacío, no le llegan a nadie, no emocionan, ni generan reflexión ni provocan la necesidad de contrastar, de verificar la información (y ¿por qué no?), la opinión, cuyo ejercicio es vital y sobre todo en países en crisis, donde la gente exige orientación e interpretación de la realidad.

Lo advierto, hasta el momento de escribir estas líneas sigo prestando mis servicios profesionales al canal. No he me han despedido, no me han ofrecido una cajita feliz (que tampoco estoy esperando), ni me están echando con cajas destempladas. Así que lo hago sin reconcomios o amarguras, pero sí consciente de que mis verdaderos patrones son los receptores y de que la búsqueda de la verdad, en cualquiera de los géneros periodísticos, es el paradigma central sobre el cual debe fundamentarse una línea editorial o informativa.

Verdad básica (casi un lugar común), sobre la cual no podemos dejar de machacar, es la tendencia totalitaria del gobierno y digo tendencia porque la intención no se ha plasmado ante la actitud de muchísimos venezolanos que lo ha impedido con su determinación. En ese sentido el papel jugado por Globovisión ha sido decisivo y advertir sobre esa realidad, examinar sus ramificaciones, sus efectos y consecuencias, ni siquiera es opinar, sino informar. Pero sí, también la opinión exige un comportamiento ético y muy poca ética tendríamos si pretendemos mantener el equilibrio entre un régimen animado por la deriva totalitaria y una oposición animada por el ideal democrático. Ahí no hay forma de ser equilibrado. A menos que lo consigamos, ante el clima de polarización, en la pluralidad de mensajes porque irse al centro, mientras los otros se mantienen en los extremos, es entregarse y eso la gente lo percibe.

Por eso expreso mi total y absoluta solidaridad con Kiko Bautista, despedido del canal por cumplir la premisa fundamental de todo medio de comunicación: informar sobre el acto y mensaje, en Barquisimeto, de Henrique Capriles, el líder político venezolano que cuenta con el mayor apoyo popular y cuya palabra, por tanto, lejos de ser silenciada, es un deber ineludible difundir y analizar. Y lo hacemos público porque nos debemos a los verdaderos dueños de Globovisión, preocupados por lo que está pasando en su canal.

@rgiustia

 

Publicado originalmente en el diario El Universal (Caracas)