¿Te acosan en el trabajo?

Hay jefes y compañeros con personalidades perversas que crean un clima de “psicoterror” y convierten la rutina laboral en un campo de batalla.

A medida que se acerca la fecha en la que tiene que volver al trabajo, Cristina se encuentra mal y se deprime. Ha estado de baja por enfermedad 10 días que han sido como un descanso. La gripe la salvó de un enfrentamiento con su jefe, pero ahora tiene que volver. El ambiente laboral la enferma. Su cuerpo se ha puesto bien, pero su ánimo empeora según se acerca el día de la reincorporación. Siente que va a la guerra más que a trabajar. Teme quedarse en el paro, pero tampoco puede seguir aguantando sus ataques. Ya le han dicho que tiene la tensión muy alta, pero no sabe cómo sobrevivir al acoso que padece.

Acudir al trabajo puede significar para algunas personas llegar a un campo de batalla. Sufren tensiones de tal calibre que parece que se adentran en una selva llena de peligros. En lugar de sentirse orgullosas de lo que hacen, sienten que van a librar una guerra que siempre pierden. Y vuelven a su casa cada día más desanimadas, menos seguras de sí mismas, más desencantadas. Hay jefes y compañeros con personalidades perversas que pueden hacer insufribles las horas laborables. Si se tiene la mala suerte de padecer un ambiente intoxicado de rivalidad, envidia, enfrentamientos y descalificaciones, entonces aparecen síntomas como insomnio, dolores de cabeza, de estómago y otras enfermedades que metaforizan las graves dificultades por las que está pasando la persona afectada: las llamamos graves porque son indigeribles mental y físicamente.

Salud en juego

Siempre han existido jefecillos odiosos, compañeros envidiosos y empleados ineptos, que utilizan las relaciones laborales para solventar dificultades y conflictos personales. De esta forma, algunos llegan a crear un clima de “psicoterror” que acaba con la salud de los otros. Actualmente, todo esto se ha agravado con la crisis –que lleva a muchos a padecer miedo ante la amenaza de perder el trabajo– y las energías psíquicas se desgastan. En estas circunstancias, los acosadores pueden llegar a convertir el trabajo en algo que perjudique seriamente la salud.

¿Puede sufrir cualquiera el ataque de un terrorista laboral? ¿Quién es la víctima más propicia? ¿Cómo se puede defender? ¿Quién es el agresor? El acosador laboral es un perverso; la víctima, alguien que no sabe defenderse de forma adecuada. A veces, por otra parte, es difícil responder a este tipo de personas, porque utilizan maniobras sutiles y complicadas de desenmascarar. El psicoterrorista rechaza la comunicación directa con la víctima del acoso y hace reproches hacia su carácter y críticas hacia su trabajo a través de intermediarios. La desacredita por la espalda, intenta aislarla y destruir las alianzas que tenga con otros compañeros. Se trata de minar la autoestima del acosado para hacerle responsable de lo que le ocurre.

La técnica que utiliza con su víctima es siempre la misma: la conduce a dudar de sí misma para anular sus defensas. Quien sufre acoso laboral puede incluso estar tan confundido que acaba dándole la razón a su agresor y llega a tener pensamientos de desvalorización personal, como, por ejemplo, pensar que todo lo hace mal.

El perverso no solo persigue el poder, sino la utilización del otro como si fuese un objeto o una marioneta. Coloca a su víctima en una situación de impotencia y después la destruye porque disfruta con ello. Algunas personas utilizan este modo de actuar para librarse de personas que les resultan incómodas. No es raro que busquen trabajadores independientes, autónomos y con capacidad de decisión, a los que luego, sin embargo, les piden sumisión total a un sinfín de acciones con las que no están de acuerdo. Una sutil forma de chantaje, que muchas veces funciona porque se tiene miedo a perder el trabajo.

Mar de tiburones

Cristina es una creativa de publicidad que lleva en la agencia siete años y desde hace dos se limita a sobrevivir, ya que la relación con su jefe inmediato es muy mala. Ella es responsable y se emplea a fondo en su trabajo. Su capacidad de decisión y autonomía no gusta a su superior, que siempre se encarga de desacreditar sus opiniones. Hace una semana, le entregó un trabajo que había tardado meses en realizar. Él lo modificó sin consultarle, además de atribuirse todo el mérito ante los superiores. Sabía que iba a tener una discusión y que sus compañeros no iban a aceptar su postura por temor a las represalias. La enfermedad de Cristina tiene mucho que ver con el agotamiento que le produce el acoso. Esta vez ha decidido hablar con él y aclarar la situación.

Las víctimas tienen rasgos personales opuestos a los de su acosador. Son personas responsables y perfeccionista que, a menudo, se hacen responsables de más cosas de las que les corresponden. Con frecuencia, cuando se comete un error, tienden a atribuírselo a sí mismos. Su exagerada conciencia está ligada al miedo a fallar. Son muy vulnerables a las críticas. No es raro que el acosado tenga un sentimiento de inferioridad que le hace ser muy indefenso ante un perverso. Además, posee una gran vitalidad que es la que vampiriza el perverso. Ataca su parte viva dejándole solo con la melancolía, que puede provenir de carencias de las que no es consciente.

Marie France Hirigoyen, psicoanalista francesa experta en acoso, dice que aprovecharse de la debilidad ajena es algo incluso valorado en el mundo de los negocios y de la política. La gloria es mayor cuando la batalla ha tenido lugar en “un mar de tiburones” o en “un nido de víboras”. Según caminamos hacia una sociedad más perversa, también aparecen nuevas teorías que nos hacen comprender las situaciones conflictivas. Las personas acosadas hasta ahora padecían en silencio; ahora pueden expresar y denunciar lo que sucede.

¿Qué nos pasa?

Para defenderse de acoso y superar el estado de víctima conviene:

Poner palabras a lo que pasa y reconocer el papel que se ha tenido en esa relación patológica.
Entender por qué fisura se coló el acosador para manipular psíquicamente a la persona. Reflexionar sobre los puntos débiles propios, que son los que se utilizan para debilitar la autoestima. El acosado debe ser más tolerante con sus fallos y menos con los del acosador.
Los primeros síntomas que puede registrar el acosado se manifiestan como estrés, insomnio o depresión. Conviene, en algunos casos, pedir ayuda psicológica porque es importante encontrarse fuerte mentalmente y ponerse en manos de un asesor jurídico, para evitar cometer errores legales, que es lo que esperan los acosadores.

Hay que perder el sentimiento de culpa y recuperar la confianza en uno mismo.

Las palabras

Psicoterrorista laboral

Se denomina así a un jefe o a un compañero que acosa a algún trabajador y que tiene las siguientes características personales:

Megalomanía. Se cree el punto de referencia del bien y del mal. A menudo, es moralizador: exhibe valores morales irreprochables, mientras descubre la maldad en los otros.
Falta de empatía. Tiene una ausencia total de interés por los demás, aunque sí desea que se interesen por él. Señala los errores a los otros, pero no ve los propios.
Irresponsabilidad. Siempre adjudica la culpa a otro. No se hace responsable de lo que ocurre, porque está vacío de subjetividad, vacío de contenidos. Atribuye a los demás sus dificultades y fracasos, y de esta forma nunca es culpable de nada.
Vampirismo. Es envidioso e intenta apropiarse de lo que el otro tiene.