En Tiempo Real: Cartilla de racionamiento electrónica por @carlosvalero08

Con el diseño experimental propuesto por Arias Cárdenas en el Zulia para controlar el consumo de alimentos mediante un chip y usando capta huellas, Nicolás comienza a ver materializado su utopía de implantar en Venezuela un modelo parecido al cubano. Creo que el gobierno está jugando con candela. Marcar el brazo de la gente, obligarlos a hacer largas colas para conseguir desde papel higiénico hasta jabón de baño es una humillación al pueblo y tarde o temprano la gente saldrá a la calle indignada a cobrarles a esos irresponsables los vejámenes y el mal vivir. Es inaceptable que se pretenda controlar socialmente al pueblo mediante el acceso a la comida y los servicios. El petróleo es de todos los venezolanos, no de una élite decadente que vive como jeques mientras nosotros vivimos haciendo colas.

La diferencia entre la cartilla de racionamiento cubano y la venezolana consistirá en un tema tecnológico y en la variedad de los productos. Mientras en la isla asumen que su comunismo no puede darse el lujo de usar sofisticados instrumentos de control porque no son un “socialismo petrolero”, acá hasta para regular a unos vivos enchufados se ganan una plata con la venta de los chips y las capta huellas. Resulta que personas ligadas a los encargados de ejecutar la ¨política pública” de racionar los alimentos serán los proveedores de los dichosos aparatos electrónicos que la pondrán en práctica, demostrando que la degradación moral en la cual se hunde el oficialismo pareciera no tener fondo. Acá hemos perdido peligrosamente la capacidad de asombro, lo cual es sumamente grave porque implica implícitamente la desaparición de los límites éticos.

¿Qué explicación puede dársele a la cartilla de racionamiento electrónica? La primera es ideológica y obedece, como lo dije al principio, a la necesidad de control social mediante la alimentación. El mundo perfecto de los enchufados es que todos los venezolanos dependan de las dádivas del gobierno, desde los grandes empresarios que sucumben ante el ofrecimiento de divisas hasta el pueblo llano que por comida o vivienda es obligado a entregar su conciencia política y ciudadana. Ni el empresario más acaudalado ni el obrero que trabaja en un camión de basura o en una de las pocas fábricas que han sobrevivido están dispuestos a entregar su alma ciudadana por migajas. Una cosa es que aún haya gente que cree erradamente en el modelo no explicado aún del socialismo del siglo XXI como una alternativa para lograr una mejor redistribución de la renta y del bienestar y otra muy distinta que se dejen comprar. Claro, hay un grupo de enchufados en el gobierno y en sus satélites “pseudo empresariales” que hace mucho tiempo vendieron la conciencia y el alma a los petrodólares mal habidos, ese es otro grupo.

La otra explicación es un poco más económica y de política pública y se refiere a la aceptación de que seguiremos viviendo en escasez y que por ello deben buscarse formas de controlar el consumo. Es decir, cuando Arias con la venia de Nicolás, propone esa aberración le está dando una bofetada a Merentes y a sus “diálogos de loco”, porque ello implica que no van a levantar la política de controles, expropiaciones y aumento del tamaño del Estado. Maduro al asumir como suya la “cartilla de racionamiento electrónico” devela que su plan no es dinamizar la economía y aumentar la producción, sino disminuir el consumo y obligar al pueblo a comer sólo lo necesario, cuantía que por supuesto es determinada por unos burócratas gordos que sí pueden acceder a todo lo que quieren y mucho más.

La sociedad en su conjunto debe salir a protestar e impedir estas prácticas hitlerianas de control social. Es inadmisible que a nuestro pueblo se le coloque un número en el brazo, tal como hacían los nazis con el pueblo judío o con los prisioneros de guerra. El gobierno se empeña en tensar la cuerda social al extremo porque están atrapados entre un discurso socialista y la realidad de una economía quebrada debido al excesivo gasto electoral y a la política premeditada de destruir el aparato productivo para debilitar a sus “enemigos de clase, los emprendedores dueños de empresas”. Juegan con candela y les garantizo a todos que se van a calcinar en sus propios errores, el pueblo no va a permitir que lo lleven como ganado a un matadero existencial. Recordando a George Orwell, acá estamos a punto de que haya una rebelión en la granja.

Carlos Valero.

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