¿Se atreverá el nuevo gobierno chino con los monopolios estatales?

¿Se atreverá el nuevo gobierno chino con los monopolios estatales?

En los próximos meses, el nuevo gobierno chino podría anunciar nuevas medidas para cambiar el modelo de crecimiento económico y limitar el poder de las empresas estatales.

Dos semanas atrás, The New York Times publicó en sus páginas una información que ha pasado de puntillas entre el amplio volumen de noticias que diariamente se genera en torno a China. El prestigioso diario estadounidense se hacía eco de un discurso ofrecido el pasado mes de mayo por el primer ministro chino, Li Keqiang, a los cuadros del Partidos Comunista, en el que anunció algunas posibles medidas para reducir el control estatal sobre algunos sectores clave de la economía.

La información estaba apoyada por una directiva hecha pública en la web oficial del gobierno (aquí en chino), en donde se trazan las líneas generales para una “promoción efectiva de capital privado en el ámbito financiero, energético, ferrocarriles, telecomunicaciones y otras ramas”. Estas medidas irían acompañadas de otras reformas de calado en la esfera financiera, como una mayor fluctuación del valor del renminbi y menores restricciones para los movimientos de capital, según The New York Times, que cita al Banco Popular de China.





De concretarse las palabras de Li Keqiang, estaríamos ante uno de los mayores movimientos de los últimos años en la reducción del papel del Estado en la economía, dando probablemente paso a que los grandes monopolios estatales tuvieran que competir en el mercado sin algunas de las actuales ventajas financieras y económicas que les ofrece el control político.

Las empresas estatales chinas siguen teniendo un peso fundamental en la economía del país. En el gráfico se puede ver las enormes diferencias entre Sinopec, la empresa estatal con más ingresos en 2010, y Huawei, la empresa privada número uno. Gráfico elaborado por CNPolitics. [En inglés vía Asia Pacific Watch]

Sin embargo, si repasamos punto por punto todas las “Prioridades de la Comisión para la Reforma y el Desarrollo en 2013”, podemos ver que tras las líneas que destaca The New York Times se anuncia también la promoción en las empresas de propiedad estatal de “la reforma del sistema de accionariado para desarrollar vigorosamente la economía de propiedad mixta”, a lo que se añaden otros ajustes destinados a mejorar los mecanismos de control, competitividad internacional y nuevas fusiones y adquisiciones. Es decir, que se trataría de mantener en gran medida el status quo de los monopolios estatales, con ligeros retoques encaminados a modificar sus estructuras de funcionamiento empresarial con miras al mercado internacional, una visión bastante distinta al panorama de cambio casi inminente que insinúa The New York Times.

“Para la prensa norteamericana hablar es gratis”, subraya Mario Esteban, profesor de Estudios de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Madrid, que destaca el conocimiento de los políticos chinos de los medios occidentales y su habilidad para usar la palanca del exterior con la intención de “poner las pilas a los detractores” del liberalismo económico.

Ese anuncio de alerta que señala el profesor Esteban se enmarca dentro de la lucha de fuerzas que se libra dentro del tablero de ajedrez que actualmente es el Partido Comunista. Los partidarios de reducir la presencia del Estado en la economía y de entrar de lleno en el libre mercado se constituyen en torno a la “Nueva Derecha”, definida así por distintos académicos chinos.

Por otro lado, a la izquierda del tablero mueven sus piezas quienes abogan por fortalecer al gobierno central y hacer un uso social del capital para reducir las desigualdades. “Si se concretan las propuestas políticas mencionadas por Li Keqiang, se podría hablar de que con el cambio de liderazgo en China los posicionamientos de los burócratas más liberales o pro-mercado han ganado peso”, señala Guillermo Martínez-Taberner, profesor asociado del Máster en Estudios Chinos de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, quien también matiza que a pesar de la deriva liberalizadora de la derecha china, “el modelo de capitalismo de estado continuará estando muy presente en gran parte de la economía china”.

“Combatir contra tigres y moscas”

La información de The New York Times podría ganar peso dentro de la cruzada que mantiene el presidente Xi Jinping contra la corrupción. Una disminución de la presencia política en las poderosas y numerosas empresas estatales podría suponer un duro golpe contra el clientelismo de las elites del Partido, que manejan copiosos fondos públicos en proyectos a veces innecesarios y obtienen créditos con intereses por debajo de los concedidos al sector privado.

“Estas medidas deberán pasar por diferentes grupos de interés vinculados a las empresas de propiedad estatal y a la corrupción rampante, lo que generará fuertes enemistades, pero en caso de doblegar estas resistencias puede sin duda reforzar su (Xi Jinping) líderazgo interno”, explica Martínez-Taberner. A lo largo de los últimos años, gracias a la introducción de la doctrina de “las tres representaciones” del ex-presidente Jiang Zemin, el número de empresarios que saltan a la arena política ha aumentado gracias a su papel en las grandes empresas estatales. Muchas veces estos puestosles sirven de trampolín para ocupar importantes puestos ministeriales, como fue el caso de Lou Jiwei, ex director de China Investment Corporation y ahora al frente del Ministerio de Finanzas.

Las malas artes que se han presupuesto a los dirigentes de los monopolios nacionales han puesto en duda el verdadero estado económico de estas empresas. En un editorial publicado por el Shanghai Daily se hace un llamada a “romper con el monopolio” de las empresas estatales, indicando el hinchamiento de la deuda -entre las 50 más endeudadas del país, 37 poseen inversión estatal, según China Investor- y el derrumbe de los beneficios que conducirán a las compañías al “abismo financiero”. “Solo cuando el monopolio de las empresas estatales se rompa la reestructuración económica y la innovación serán posibles”, advierte al diario Liu Shengjun, director ejecutivo adjunto del China International Business School.

A pesar de su importancia en el conjunto de la economía y los sectores clave del país, las empresas estatales tienen problemas para generar innovación y desarrollar nuevos productos. Gráfico elaborado por CNPolitics. [En inglés vía Asia Pacific Watch]

Por otro lado, en otro artículo recogido por la web China.org se defiende el buen estado de salud de los monopolios estatales, citando la inclusión de 59 compañías dentro de la lista elaborada en 2011 por la publicación económica Fortune, que incluye las 500 empresas con mayores beneficios del planeta. Bajo el titular “La falacia del monopolio de las empresas de propiedad estatal”, el autor niega rotundamente el abuso de poder de las grandes compañías y resalta que “la mayoría de las empresas de propiedad estatal (EPE) se enfrentan a una feroz competencia en las industrias del automóvil, inmobiliarias, manufacturas, finanzas, comercio y servicios sociales”.

Este último dato tiene su base en el progresivo sistema de distrubución del accionariado que se aplica en algunos de los sectores más liberalizados desde finales de los 80 y principios de los 90. Según Amadeo Jensana, director de programas económicos en Casa Asia, “gracias a la asociación mediante joint ventures ha entrado capital extranjero en diversos sectores como la automoción”, aunque, matiza, “el control de las acciones debe estar por debajo del 50%”, con lo que la última palabra en cualquier operación se dice en chino.

Globalización empresarial

Lo que parece estar fuera de toda duda es la adopción de mecanismos empresariales de compañías occidentales que, en el caso de una progresiva liberalización de los monopolios estatales, no supondría llevar a cabo un completa remodelación de sus estructuras. “Debemos quitarnos la idea de que la empresa pública china es anticuada y anquilosada”, subraya Amadeo Jensana, quien destaca el buen trabajo realizado por varias compañías (sobre todo bancos y petroleras) a la hora de adaptarse con éxito a la globalización. En este sentido, Jacint Soler, profesor del Máster en Estudios Chinos de la UPF, explica que  “el saneamiento llevado a cabo a finales de la crisis económica en Asia a finales de los noventa”, unido al imparable crecimiento de la economía china, “ha ido tapando agujeros” en las compañías estatales.

En el actual contexto de desaceleración económica, los economistas Amadeo Jensana y Jacint Soler coinciden en señalar que de los puntos citados por The New York Times el más efectivo para asegurar el continuo crecimiento del país podría ser una profunda reforma financiera. “El cambio de paradigma económico encaminado hacia el consumo privado obliga a una relajación en los límites sobre la entrada y salida de capital en un momento decisivo”, señala Soler. A esto, Jensana añade la necesidad de adoptar una nueva política sobre el tipo de cambio del renminbi hacia una libre fluctuación de su valor según los movimientos del mercado, que “aunque podría resultar perjudicial para la industria exportadora, la economía interna ganaría peso y sería una prueba de fuerza para la propia economía china”.

En el actual modelo de crecimiento chino, como a lo largo de las últimas décadas, cualquier movimiento está supeditado a los datos económicos y a los vandazos de la actual crisis financiera internacional. “A peores expectativas, más probabilidades de cambio”, señala el profesor Mario Esteban, que advierte de la incorreción de interpretar las posibles reformas como una tendencia: “es un proceso lento, algo que no va a pasar pasado mañana”.

Para Didac Cubeiro, profesor de Estudios de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Barcelona, lo anunciado por Li Keqiang a los funcionarios del Partido representa “un paso más en el camino de la apertura privada, pero el gobierno chino, como muchos otros, da grandes anuncios que se matizan en la letra pequeña”. “Las medidas se introducirán de forma progresiva y parcial, con grandes empresas públicas en sectores clave y con algunas restricciones en aquellos considerados estratégicos”, concluye Martínez-Taberner sobre cualquier atisbo de revolución económica de índole liberal.

Modificar o no la naturaleza de las compañías estatales será el ser o no ser del Partido Comunista Chino de cara a los próximos años, durante los que se derimirá un debate intenso en los pasillos de Zhongnanhai. Está en juego no sólo el futuro económico del país, sino también los intereses de numerosos grupos que se sienten amenazados por la necesidad de generar crecimiento. Y, por supuesto, como señalan los académicos Ruilong Yang y Yingsheng Zhang, el futuro político del nuevo gobierno de Xi Jinping: “El gobierno chino en cierta manera observa la economía privada como una amenaza para el régimen y la legitimidad del gobierno chino”, aunque “depende del mercado para mantener las tasas de crecimiento económico”.