Experimentos inmorales que paralizaron al mundo

La curiosidad del ser humano nos ha llevado a desarrollar tecnologías que nos facilita la vida y sobre todo, que nos ofrezca comodidad.

Pero también nos ha llevado a desarrollar pasión y anhelo por conocer de qué más somos capaces, qué más podemos transformar, descubrir y armar.

Esa pasión ha conducido, en algunos casos, a llevar a cabo experimentos que parecen estar a punto de cruzar la delgada línea de la ética.

Animar cuerpos con electricidad. Hacia el siglo XIX, luego de que se demostrara que la electricidad podía contraer músculos por Luigi Galvani, su sobrino Giovannu Aldini, inició un espectáculo donde hacía “bailar” cuerpos de asesinos ejecutados y cabezas de los guillotinados.

Experimento Vipeholm. En Suecia, entre 1947 y 1949, los pacientes de un hospital psiquiátrico fueron alimentados con dulces como parte de un estudio acerca de caries dental que dañó sus dentaduras. Se realizó en 436 adultos que sufrían retraso mental. Su duración fue de 5 años.

Hombre mono. El ruso Ilya Ivanovich, en 1924, intentó inseminar artificialmente a simios hembra con esperma de seres humanos; buscaba hacer lo mismo con humanas y esperma de simio. Pero las autoridades lo cancelaron.

Burdeles de LSD. En 1950, en EEUU, se realizó la Operación Clímax de Medianoche de la CIA. Prostitutas ayudaban a la policía a atraer clientes a un falso burdel donde se les administraba LSD y se estudiaba la relación de sexo y drogas. La CIA vigilaba por espejos de doble fondo.

Sífilis. Entre 1932 y 1972, en EEUU se reclutaron 399 afroamericanos con sífilis para encontrar la cura con un experimento llamado Tuskegge, considerado como “la más infame investigación biomédica de la historia”. Cuando se tuvo la cura no se les administró a los participantes.

Fuente: De10.com