Espionaje revolucionario viola la intimidad

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¡Cuidado! No hable en voz alta, no despotrique por la falta de harina, pollo o azúcar en los anaqueles o por la fluidez de las colas en los supermercados, no banalice el concepto revolucionario de la patria, no le mente la madre a ningún funcionario de la causa socialista ni mencione el término conspirar, así se refiera a desencuentros con su pareja o a diferencias por embrollos con algún vecino.

Cuidado! Ni se le ocurra hablar de los corruptos. Son, junto con los homicidas sin cárcel que saturan las morgues del país, los verdaderos dueños del poder en Venezuela.

¡Cuidado! No critique la ola de apagones que aún se mantienen ni la red criminal que estafa al pueblo desde el Banco de Venezuela, no mencione el término “pram” ni le niegue pertinencia al Premio Nacional de Periodismo que le otorgó el proceso a su padre creador y comandante eterno, Hugo Chávez Frías. No hable, no respire, no piense.

Aprenda de lo sucedido con María Corina Machado y Germán Carrera Damas en la biblioteca de la casa del historiador. Un ejercicio de desahogo natural se convirtió en una amenaza de golpe de Estado, en una profanación de la libertad de cuestionar el entorno como haría cualquier mortal.

Les violaron, con las muecas prefabricadas del psiquiatra Jorge Rodríguez y el ministro Ernesto Villegas, durante y en la víspera de la rueda de prensa, cuando menos los artículos 48 y 60 de la Carta Magna. Y no hubo pudor ni recelo. Hasta registraron las sonrisas “cuasidelincuenciales” para las fotos.

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