Secretario de la UCV: Calzadilla terminará por ceder a la presión de los universitarios

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Amalio Belmonte recuerda con gracia que cuando él era un estudiante más, en los pasillos de la Universidad Central de Venezuela (UCV),  Pedro Calzadilla andaba en lo mismo. Asegura que a él y a Calzadilla les tocó protestar juntos, hace ya varias décadas, por la autonomía de su casa de estudios. Y justo cuando él se convirtió en profesor universitario, el otro también estaba de estreno en eso de enseñar.

Nunca fueron amigos, pero sus vidas corrieron por el mismo cauce. Hasta ahora. Cada uno terminó en la acera contraria: Calzadilla como ministro de Educación Universitaria y Belmonte como secretario de la máxima casa de estudios del país.

Las cosas son casi iguales, dice Belmonte: “Todo aquello por lo que luchamos cuando éramos jóvenes, es lo mismo que hoy los universitarios le están reclamando”. Era el presupuesto, los salarios, la autonomía, las ayudas estudiantiles. Las cosas están casi igual, pero Calzadilla ha cambiado mucho. “El poder puede corromper”, advierte Belmonte. Pero eso no fue lo que le pasó. “Lo que pasó con él es que se sumó a esta especie de religión civil que se hace llamar revolución, donde el principal requisito para ser aceptado es despojarse de cualquier pensamiento autocrítico. Él es de los que creen en eso”.

A juicio de Belmonte, Calzadilla atraviesa la peor crisis que ha enfrentado la universidad venezolana. Un escenario que le deja sólo dos salidas: reparar el daño hecho por sus antecesores o raspar el examen. O dialoga y negocia o se convierte en el peor de todos los ministros en su clase.

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