Juan Guerrero: Régimen fascista

Desde 1827, cuando Simón Bolívar decretó la autonomía universitaria, las instituciones de educación superior venezolanas se han visto amenazadas por los diferentes gobiernos y regímenes que se han apoderado del Estado, bien por elecciones o por la fuerza.

Pero el Alma Mater siempre ha sabido enfrentarse y resistir con su más preciado bien: el conocimiento. Esa trascendental herramienta que dignifica y es muro de contención contra la barbarie y el atropello de quienes se saben incapaces de ejercer autoridad por la capacidad para argumentar y conciliar.

De nuevo la universidad se encuentra amenazada por un régimen que ya pasó del autoritarismo a mostrarse con su rostro de fascismo, arremetiendo contra la comunidad universitaria usando sus bandas armadas y su descomunal aparato comunicacional, de prensa, radio y televisión, además de las redes sociales.

Después de casi 3 meses de paro indefinido, convocado por los gremios legal y legítimamente constituidos, y soportadas sus acciones por el derecho a huelga y manifestación, los universitarios estamos siendo acosados por el régimen fascista, inepto, cobarde, corrupto y corrupto, a través de esquiroles que se han disfrazado de gremialistas, con agencias de maletín, para discutir un contrato colectivo írrito, que no solo vulnera y lesiona los sueldos y salarios de los obreros, personal administrativo y docentes universitarios, sino también a los estudiantes y a la misma institución universitaria.

En ese contrato se intenta puntualizar sobre la visión de un solo pensamiento en el hacer académico: el socialismo.

Pero para imponer esta concepción de pensamiento único el régimen ha intentado acabar con la protesta, usando sus bandas de choque, en las universidades que mantienen el conflicto.

Terrible, doloroso y dantesco lo ocurrido en la Universidad Nacional Experimental de Guayana, donde fue incendiada la sede de la Asociación de Profesores, varias docentes fueron vejadas y golpeadas, entre ellas la profesora Yolanda Camejo, a quien se intentó introducir por la fuerza en la sede gremial, para luego quererla quemar viva, junto con otros docentes.

Al frente de estas acciones estaba un bachiller minusválido, miembro del denominado Movimiento Estudiantil por la Renovación Universitaria. Triste saber que detrás de estos jóvenes que ejecutaron tan bárbaros actos, muy posiblemente se encuentren los actores intelectuales quienes han trazado e indicado una línea política para amedrentar a los docentes universitarios y acabar con sus justas reclamaciones.

El mismo día y también por la mañana, en la Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre, sede Puerto Ordaz, el movimiento oficialista Alí Primera, secuestró a los docentes que estaban en asamblea para discutir la continuación o suspensión del paro. Por cuatro horas se les impidió entrar o salir del recinto académico, violando sus derechos ciudadanos.

Pero si esto pareciera un hecho aislado, en el núcleo de la Universidad de Oriente, San Félix, estudiantes oficialistas impidieron la entrada al recinto universitario.

Grave también ha sido el ataque con presuntos morteros y objetos metálicos, a 17 docentes y estudiantes en huelga de hambre, en la sede rectoral de la Universidad de Los Andes.

Es de cobardes, de seres con pequeñez humana, disociados y de resentidos sociales los hechos que de manera sucinta reseñamos.

El régimen ha confundido los términos que utilizamos los universitarios. Afirmar que asumimos la protesta académica de manera pacífica no es sinónimo de pasivo. Por el contrario, ahora con mucha más valentía, convicción y fortalecimiento de principios democráticos y de solidaridad, declaramos que la lucha por la vigencia de una universidad republicana, democrática, autónoma y pública, comprometida con la tradición cultural venezolana, debe continuar. Sin miedo, sin temor, porque nos asiste la razón y nos soportan las leyes y la legitimidad de nuestros gremios.

Lamentamos saber que quienes ayer defendían la autonomía universitaria y a sus docentes, investigadores, estudiantes, obreros y personal administrativo, hoy estén transformados en burócratas, defendiendo lo indefendible: un régimen ilegítimamente constituido y soportado por enchufados que desprecian a su pueblo.

Mantenerse en silencio ante semejante atrocidad de las bandas armadas de este régimen fascista, autoritario y militarista, es poco menos que cobardía y sumisión.

[email protected]

@camilodeasis