Trino Márquez: Universidad, tres armas de la venganza

En la violencia ejercida por el Gobierno contra las universidades autónomas existe un componente revanchista que debe explicarse a partir de la teoría freudiana de las pulsiones tanáticas. Se trata de la venganza de una élite arrogante, embrutecida por el afán de perpetuarse en el poder y eliminar todo vestigio de autonomía de las instituciones del Estado y  de las organizaciones civiles.

         Desde 1999, el régimen no ha descansado en su propósito de capturar las universidades y someterlas al modelo socialista. Han probado distintas fórmulas. Unas pacíficas; otras, la mayoría, violentas. En el caso de la UCV, en 2000 fueron a las elecciones de las máximas autoridades con Nelson Merentes como candidato a Rector. Perdieron por paliza. Salieron de la competencia en la primera vuelta.  La retaliación vino al poco tiempo. El 28 de marzo de 2001 una banda de forajidos alentados por el Ejecutivo tomó la sede del Consejo Universitario durante dos meses, hasta que la comunidad ucevista los desalojó por la fuerza. El objetivo de ir a una “constituyente universitaria” y “refundar la universidad” para alinearla con el socialismo del siglo XXI sufrió un duro revés, pero se mantuvo, pese a la derrota electoral y a la resistencia de la comunidad ante los intentos de allanar la institución desde adentro. En las siguientes elecciones de las autoridades rectorales –2004 y 2008- el plan oficialista fue rechazado de nuevo, también de forma categórica.

El Gobierno se dio cuenta de que por la vía electoral no tomaría el control de la UCV, ni el de las otras universidades nacionales. Era necesario acudir a otro expediente en el que la violencia, el cerco financiero y el desconocimiento de los gremios legítimos fuesen las armas clave.

Con el fin de desatar el terror había que mantener activo el grupo 28-M y otros colectivos armados (La Piedrita, Alexis Vive) para que actuasen como brigadas de choque. Solo en la  UCV ha habido cerca de una centena de ataques terroristas en la última década por parte de esos paramilitares. Nunca el Gobierno los ha perseguido, detenido, ni presentado a la opinión pública, a pesar del daño material causado y del peligro que reprentan para la vida de los universitarios. Al contrario, los favorece y ampara, al tiempo que hostiga a la rectora García Arocha y a las demás autoridades.

El acoso financiero es el otro instrumento de guerra.  Desde 2007 a las universidades se les aprueba el mismo presupuesto. Las deficiencias financieras se cubren a través de créditos adicionales, siempre destinados a pagar remuneraciones, nunca orientados a elevar la capacidad de investigación e innovación. Este mecanismo se combina con las restricciones para que la institución académica eleve sus ingresos propios. Las posibilidades de contratar estudios con empresas particulares u organismos públicos, recibir donaciones del sector privado o de organismo internacionales, son cada vez menores. En este terreno el camino es intrincado. Se busca que la Universidad esté subordinada de forma absoluta a las transferencias gubernamentales. En términos más sencillos: ni lavan, ni prestan la batea.

La creación de organizaciones gremiales paralelas, títeres del oficialismo, el desconocimiento de los órganos genuinos de representación profesoral y de la normativa que rige las relaciones entre el profesorado y el Estado, conforman la otra pieza del rompecabezas. La FAPUV, creada hace más de 40 años, ha sido ignorada y maltratada por el oficialismo. Las Normas de Homologación, vigentes desde 1982, fueron desconocidas a partir de 2003, cuando el aumento de sueldos del sector universitario se produjo mediante un decreto presidencial unilateral. Para cubrir las apariencias de consulta, el régimen propicio la formación de unos gremios oficialistas con los cuales discutió el incremento de sueldos que ha sido propuesto. El acuerdo incluye la aceptación del proyecto socialista para la universidad venezolana. Es decir, la entrega de la autonomía de cátedra, de opinión, de pensamiento, de investigación. Se renuncia a la progenitura por un plato de lentejas.

Peligra la existencia de la Universidad concebida para transmitir, aprender y descubrir conocimientos especializados. El régimen busca sustituirla por otra de carácter confesional, donde predomine el oscurantismo y el  pensamiento único. Los comunistas entienden la educación como un sistema destinado a someter, no a libera. Pero, se toparon con el heroísmo de los universitarios.

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