Veritas in simplice: “Identidad en campañas políticas 2.0″ por @MarijoVenezuela

Durante las contiendas electorales municipales, resulta efectivo asociar elementos urbanos positivos con la imagen del candidato; pero hacerlo de manera burda, descarada y grosera, como pretenden algunos aspirantes a la reelección, resulta más que contraproducente; sobre todo si se trata de una ciudad donde los elementos positivos son escasos y a los esfuerzos por elevar la imagen del incomprendido gerente se le notan las costuras en hilo del barato.

Y no hablo de ninguna ciudad venezolana específica, pues la costumbre de atribuirse hasta como florecen las cayenas es propia de los encargados municipales del Ejecutivo, desde Rubio hasta Santa Elena de Uairén.

El problema es que muchas veces, preocupados por abarcarlo todo; los asesores comunicacionales de los aspirantes no hacen énfasis en los rasgos propios de la comunidad y cómo se ven afectados por el entorno. La identidad es una suma de atributos y, en el caso de las ciudades, una construcción colectiva soportada en la acción y percepción de sus habitantes… es decir, de los electores.

Si hablamos de quienes pretenden sustituir al mandatario local en ejercicio, una campaña en torno a la intención de rescatar las viejas glorias de la ciudad servirá para involucrar a los ciudadanos en la recuperación del orgullo; permitiéndole al aspirante conocer de primera mano las inquietudes de su audiencia y construir mensajes que atiendan demandas específicas.

El número de suscriptores del servicio de Internet en Venezuela supera los 3,6 millones, mostrando un incremento de 6,0% en comparación con el primer trimestre del año 2012. Así lo reflejan las cifras preliminares de Conatel difundidas en mayo de 2013. Es decir, se estiman 12.6 millones de usuarios en el territorio nacional, lo que representa una penetración de 42 por ciento. Nada mal considerando las circunstancias.

En ciudades altamente conectadas, las Redes Sociales resultan una herramienta útil para escuchar al colectivo. No solo las interacciones propuestas por el aspirante a través de sus perfiles en Twitter, Facebook, Instagram, etc, funcionan como preciosas fuentes de información; pues herramientas como búsquedas geolocalizadas pueden medir la opinión pública como un termómetro; siempre que se cuente con la destreza de distinguir las cuentas falsas utilizadas para la guerra sucia, que por lo general no representan el sentir de la ciudadanía sino que buscan afectar emocionalmente al contrincante, esperando que modifique el rumbo de su campaña.

Por supuesto que el tema de la “Identidad” no se restringe solo a la identidad del municipio y cómo construir con sus elementos un andamiaje de mensajes que rescaten el orgullo de sus habitantes. El candidato debe consustanciarse con esa imagen; incorporarla a su estrategia de comunicación visual en redes sociales, determinar los elementos gráficos y semánticos que utilizarán cotidianamente tanto él como su equipo e incluir ingredientes que hagan cada vez más viral su propuesta.

Finalmente, pero no menos importante, hay que recordar que el objetivo original de la estrategia de identidad en Redes Sociales no es el faranduleo perverso. La crítica es necesaria para la acción de contraloría social que permite ubicar al elector en la realidad; pero mientras elevada sea la condición social del municipio que se aspira gobernar, más rechazo sentirán los electores por las prácticas trasnochadas y baratas de quienes se esconden detrás de cuentas sin rostro que utilizan insultos rebuscados para descalificar a los demás. Es, como he mencionado, una cuestión de identidad…

 

Por: María José Flores