Carlos Blanco: Aclaratoria

Lo que yo dije en la grabación fue… Opss… Lo que quise decir no fue eso sino lo otro… Cortaron y pegaron… El pedazo de la conversación con Capriles lo unieron al otro, al de la reunión que tuve con Obama, que no fue el mismo día de la reunión con Uribe, aunque podría haber sido con la CIA… Perdonen la mala memoria, eso se lo dije a Rajoy…

Eso es lo que quieren. Arrinconar a los demócratas para que desmientan, aclaren, expliquen, balbuceen… Es el incansable interrogatorio policial del sicariato en el poder para que después de 48 horas de exhaustiva interpelación usted se contradiga. “Ajá, ¡mientes! no era a las 10 de la mañana sino a las 10 y 15. Eso no se lo dijiste al Comando Sur sino a Germán Carrera Damas”.

Caer en este juego es peligrosísimo y, por fortuna, María Corina Machado no lo hizo. Aclarar es una dinámica perversa en la que tienes que dar cuenta de opiniones descontextualizadas y expresiones íntimas que cada ser humano exhibe en el ámbito privado. Todos los seres humanos hablan bien y mal de los demás, no por mal hablados o hipócritas sino por efecto de la interrelación cotidiana de seres imperfectos que yerran, confían y desconfían al hablar y al actuar. Si supieran lo que dicen en la intimidad “el flaco” de “el gordo” o El Químico de Diosdado -y viceversa- se volverían basiliscos en la vía pública; pero se quieren y respetan aunque de vez en cuando se fastidien.

Lo que regímenes como el actual quieren asegurar es que nada de lo que hagas o digas escape a su vigilancia y control; quieren certificar qué temas puedes hablar y hasta qué temas puedes pensar. Al final te procuran defensivo, tartamudo con explicaciones estilo “yo no fui”, “yo no quise decir eso”, “no lo vuelvo a hacer”, “me arrepiento”. Para este fin utilizan las grabaciones que tienen por miles de todos los activistas de la oposición… y del Gobierno. No están protegidos los dirigentes altos, medianos y pequeños del oficialismo; sobre ellos se ceba también la inteligencia policial, de modo especial en estos tiempos en los que la disidencia roja abunda y las facciones conspiran las unas contra las otras hasta donde les da el cuero.

LA MUTACIÓN DE LOS PERVERSOS. El espionaje no sólo produce la sensación terrible que experimentan los espiados en el sentido de que la intimidad desaparece. Ese espacio mínimo del cual cada ser humano se siente propietario, el de sus secretos, de sus pensamientos sin disfraz, el de sus expresiones “políticamente incorrectas”, desaparece en los oídos del sicariato oficial. Pero también se transforman y pervierten los que viven sumergidos en esas prácticas viciosas.

Observar a un ser humano sin relieves, sin sus opacidades y secretos, es como hacer de radiólogo las 24 horas del día. Así les ocurre a los espías y a sus jefes, ministros y presidentes, no ven seres humanos sino sus espectros atravesados por Rayos X; se relacionan con los esqueletos y sus sombras; saben dónde tienen sus huesos y sus fisuras, adivinan sus misterios, pero de tanto saber sus secretos se transforman también ellos en esqueletos andantes. Habitan el mundo de los muertos.

Nicolás Maduro y los jefes de su aparato especial, Miguel Rodríguez Torres, Hugo Carvajal y Diego Molero, ya no pueden ver a los escudriñados como seres humanos; ellos son entomólogos que curiosean insectos. Les ocurre con los adversarios pero también con los propios a quienes hociquean para saber de todo, especialmente aquello que los pueda convertir en objeto de chantaje, sean amantes, escapadas, contubernios políticos, disonancias con el poder; lo que sea que sirva para tenerlos agarrados por la yugular.

La mutación va hasta los difusores que actúan como “periodistas”. Éstos no son los periodistas ejercitados en esa rama del oficio tan tentadora. La investigación periodística debe ser independiente, se precia de tener diversas fuentes que contrasta, no se subordina al poder del cual sus hallazgos emanan. Por el contrario, lo que hacen los periodistas-sapos es difundir aquello que al Sebin o a la DIM o al aparato especial le interesa. No son comunicadores sino policías en el campo de la guerra psicológica, brazo armado del poder al que el periodismo jamás se subordina. La investigación periodística siempre es parte del cuestionamiento del poder, jamás su miserable extensión.

LOS TONTOS ÚTILES. Con motivo de la jugosa y ensamblada conversación sostenida entre María Corina y Carrera Damas, y divulgada por la policía, la mayor parte de los dirigentes opositores reaccionaron con la templanza requerida ante el espionaje oficial. Hubo excepciones, algunas públicas y otras más abundantes, privadas: los que se enfurecieron, los que se “sintieron”, los “sorprendidos” por las opiniones (por demás editadas) de los contertulios. Estos tontones son el objetivo predilecto del espionaje gubernamental porque con ellos sí que consiguen sus propósitos. Se convierten en las víctimas de la intriga y además en sus propulsores al reaccionar en su conducta política como pasmados en su buena fe al conocer lo que los demás piensan de ellos; sin obviar el hecho importante de que suelen ser también de los más chismosos e intrigantes en su conducta habitual.

LO QUE VIENE. Vendrán más audios, videos, chismes, “investigaciones” contra la oposición. No hay que olvidar que el Gobierno quiere tener más diputados en la Asamblea Nacional, sea por la vía de la defenestración judicial sea por la vía expedita de la indignidad de los que se pasan al otro bando no porque cambien de ideas sino que cambian de ideas porque se pasan a otro bando. Pero el objetivo más esencial de guerra psicológica es tratar de cazar a los dirigentes democráticos en paños menores y al descampado.

La tentación opositora es conseguir instrumentos similares que afecten a los dirigentes oficiales. Pudiera ser un arma; no hay que olvidar que los videos del asesino y delincuente profesional del Perú, Vladimiro Montesinos, que grababa en video los momentos más íntimos de los sobornos que practicaba, fueron ingredientes decisivos para la caída de Alberto Fujimori. Sin embargo, también es posible pensar que esa práctica lanza a quienes la ejecutan a un tremedal del cual es difícil salir porque se comienza a construir políticas a partir de los entresijos personales de sus enemigos.

Pudiera parecer una visión angélica de la política, dura y tremenda como es, pero la única probabilidad de no convertirse en víctima de los chantajes inmorales de un poderoso enemigo como lo es el régimen actual sea no caer en la tentación de convertirse en victimario con sus mismos métodos y procederes. Los roedores, dientones, infectos y voraces siempre existirán en los sótanos mugrientos y pringosos de la ciudad pero admitir su existencia y hasta su necesidad no implica convivir amablemente con ellos o, peor aún, convertirse en ellos.

www.tiempodepalabna.com

Twitter @carlosblancog