Nuevo presidente de Egipto asume su autoridad

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El nuevo presidente de Egipto decidió echar mano a su autoridad y retomar el control de las calles el domingo, incluso mientras sus opositores islamistas declararon ilegítimos sus poderes y prometieron devolver al poder a Mohamed Morsi, cuyo derrocamiento por las fuerzas armadas ha llevado a protestas de ambas partes y enconados enfrentamientos callejeros. AP/ Por HAMZA HENDAWI

En un hecho que subraya las profundas divisiones que enfrenta el nuevo líder, el despacho del presidente Adly Mansour informó el nombramiento de Mohamed ElBaradei, uno de los principales críticos de Morsi, pero posteriormente se retractó.

Mientras tanto, el gobierno de Mansour ha comenzado a desmantelar el legado de Morsi al reemplazar al jefe de Inteligencia y al jefe de despacho del palacio presidencial. Por otra parte, los fiscales ordenaron que cuatro incondicionales de Morsi en la Hermandad Musulmana queden detenidos durante 15 días en espera de una investigación sobre la muerte de giros de ocho manifestantes la semana pasada.

El sábado no se reportaron hechos importantes de violencia en momentos que las dos partes se reagrupaban tras una noche de enconados enfrentamientos que convirtieron el centro de El Cairo en un campo de batalla. Los enfrentamientos fueron enconados en Alejandría, donde miles de personas de ambas posturas combatieron con fusiles automáticos, lanzaron bombas incendiarias y usaron macanas.

La violencia del viernes dejó 36 muertos, lo que hace subir a por lo menos 75 los fallecidos desde que las protestas comenzaron el 30 de junio y que llevaron al derrocamiento del mandatario islamista, el primero elegido de forma democrática desde la caída del régimen de Hosni Mubarak.

Morsi, ingeniero que estudió en Estados Unidos y que sus críticos acusan ampliamente de monopolizar el poder para él mismo y la Hermandad, así como de no implementar reformas democráticas y económicas, sigue detenido en un lugar no identificado.

La tensión se mantenía elevada mientras decenas de miles de partidarios de Morsi se congregaron por tercer día consecutivo en una mezquita cerca de un vecindario de El Cairo que ha sido tradicionalmente una zona controlada por los islamistas, que gritaban con furia lemas contra el derrocamiento del primer presidente electo democráticamente por el general Abdel-Fattah el-Sissi. El general ha negado que hubiese un golpe, alegando que seguía los deseos de millones de egipcios que protestaban contra Morsi.

“El-Sissi es un traidor”, decía en inglés un cartel con la imagen del jefe del Ejército, sostenido en alto por partidarios de Morsi.

En lo que pudiera ser el preludio de otro enfrentamiento, el grupo juvenil de oposición que organizó las protestas masivas que llevaron a la salida de Morsi del poder exhortó a la población a lanzarse a las calles el domingo para apoyar el nuevo orden.

Mansour, de 67 años y presidente del Tribunal Constitucional que fue nombrado presidente interino por las fuerzas armadas, es poco conocido en los círculos internacionales y la opción de ElBaradei le habría dado al nuevo gobierno un rostro global prominente para presentar su caso ante Washington y otros aliados occidentales que tratar de reevaluar sus políticas hacia Egipto.

Pero las noticias del nombramiento de ElBaradei, que fueron reportados por la agencia estatal de noticias MENA y otros, causaron divisiones.

ElBaradei, de 71 años y ganador del Premio Nobel de la Paz, fue una figura inspiradora para los grupos de jóvenes que impulsaron la revolución de 2011 que derrocó al autócrata Mubarak, así como el levantamiento contra Morsi. Su nombramiento como primer ministro habría solidificado el apoyo a Mansour entre los jóvenes que se oponen a Morsi.

Pero Munir Fakhry Abdelnur, un alto funcionario de la oposición cercano a ElBaradei, declaró a The Associated Press que el cambio de postura de último momento se debió a la objeción del ultraconservador partido Salafi el-Nour.

Ahmed el-Musalamani, portavoz de Mansour, negó que el nombramiento de ElBaradei haya tenido una certeza plena. Sin embargo, a los reporteros reunidos en el palacio presidencial en espera de su conferencia de prensa se les informó que el presidente llegaría para hacer el anuncio.

La disputa sobre ElBaradei ilustra la fragmentación de la política egipcia en momentos que el país se ve afectado por una ola tras otra de inestabilidad y violencia desde el derrocamiento de Mubarak.

Mientras tanto, la Hermandad Musulmana, el partido de Morsi, ha prometido boicotear el proceso político, alegando que lo ocurrido fue un golpe de los militares que derrocó a un gobierno electo democráticamente.

“Ahora está claro que el régimen de Mubarak tiene el control”, alegó Ahmed Aref, portavoz de la Hermandad. “No podemos aceptar la estrategia de torcernos el brazo; no podemos aceptar que se elimine a la autoridad por la fuerza”.

El poderoso subjefe Khairat el-Shater, el ex líder Mahdi Akef, Rashad Bayoumi y Saad el-Ketatni han sido acusados de incitar a la violencia contra los manifestantes en El Cairo.

Pero el presidente interino insistió en que la reconciliación nacional era su prioridad.

“Todos necesitamos la reconciliación nacional y trabajaremos para lograrla”, le atribuyó haber dicho en una breve entrevista el diario independiente el-Tahrir. “Egipto es para todos”.

“Basta ya de divisiones”, dijo el presidente interino a los reporteros el sábado, cuando también exhortó a la Hermandad Musulmana a unirse a proceso político. “La Hermandad es parte de nuestra nación, y si deciden participar, les daremos la bienvenida”

“Quiero que todos recen por mí. Lo que necesito de ustedes son oraciones”, les dijo el viernes a los fieles que se acercaron a saludarlo y desearle éxitos, dijo Mansour, según el diario el-Tahrir.

El sábado, Mansour se reunió con el-Sissi y el ministro del Interior, Mohammed Ibrahim, quien está a cargo de la policía. Más tarde se reunió con tres líderes de Tamarod (Rebelde), el grupo de jóvenes que organizó las manifestaciones de oposición que comenzaron el 30 de junio.

Pero a pesar de sus palabras, ambas partes de preparaban para la posibilidad de más violencia en momentos en que la inestabilidad política deja poco espacio para el diálogo o un terreno común.

En la zona norte de la Península del Sinaí, varios hombres armados mataron a tiros el sábado a un sacerdote cristiano que compraba alimentos en un mercado al aire libre. No se supo de inmediato si tuvo que ver con la crisis política, pero los cristianos, que son minoría, han enfrentado agresiones después que los islamistas llegaron al poder en esta nación de 90 millones de personas.

En la ciudad sureña de el-Arish, también en el Sinaí, autoridades de seguridad dijeron que sospechosos de ser extremistas islámicos atacaron con bombas un gasoducto que va a Jordania. El ataque a primeras horas del domingo en dos puntos del gasoducto provocó incendios que fueron rápidamente controlados, pero la operación de la instalación quedó afectada, dijeron los funcionarios, que aceptaron hablar a condición de no ser identificados porque no estaban autorizados a hablar con los medios.

Es el primer ataque contra los oleoductos del país en el Sinaí en más de un año.

Mientras tanto, en el suburbio de Nasr City, en El Cairo, cerca de la mezquita de Rabaah al-Adawaiya —el punto de concentración de la Hermandad Musulmana— hubo numerosos combatientes con armas caseras en puntos de control en las calles, decorados con la fotografía de Morsi.

“La gente aquí y en todo Egipto está lista para morir y restaurar la legitimidad”, dijo Abdullah Shehatah, líder destacado del Partido Libertad y Justicia, el brazo político de la Hermandad Musulmana. “Este golpe y todas sus instituciones son ilegale”.