Rafael Muci-Mendoza: Elogio del orden

Quizá sea el momento de meditar acerca del orden o del colocar la cosas en el lugar que corresponde; quizá sea oportuno escribir sobre el Orden de Dios en medio de una sociedad desintegrada, sin concierto y sumisa, traída a este punto mediante la fría y cruel estrategia del castrocomunismo en cuyo cieno paralizante nos han sumergido; más vergonzoso aún, con nuestro consentimiento. Una sociedad donde se va desmoronando el núcleo familiar, donde racionalizar el mentir ya no es pecado, donde se han relajado al extremo los valores éticos y morales, donde no hay honor ni respeto, donde todo se resume en una lucha por el control de la vida de los otros en aras de bastardos intereses. Sin ningún pudor aceptamos degradarnos ante un gobierno que nos ofrece dinero a cambio de integridad y del regalo de la patria misma. Nadie puede creerse lo que nos ocurre. Estamos desbocados en un festín donde no hay dolor por el dolor de los demás, donde el principio del placer ha suplantado al principio del deber… Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta… Triste y perverso ¿no… ?

Ya no nos preguntamos cómo andan nuestros hospitales, cuánto sufren nuestros pacientes en esperas interminables y migajas al suelo tiradas, si sigue ocurriendo la migración forzada de médicos preparados para suplantarlos por otros maltrechos, nacidos del engaño y la ideologización, estafados ellos mismos… Campean las epidemias en medio de la inacción y la chapucería; quienes fueron decorosos ahora están contagiados de odio, son presas de la ruindad y la parálisis; ¡quién los mandó a enfermarse! El país o lo que queda de él está siendo regalado al peor postor. Impostores, infiltrados y malnacidos luchan por el poder llenos de grandeza inventada. 

Corintios 14:40. Pero hágase todo decentemente y con orden…

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