Fernando Mires: La ciudad y los fierros

No sé si será deformación profesional. Cada vez que ocurren acontecimientos similares en diferentes latitudes, como siguiendo un reflejo condicionado, uno tiende a buscar similitudes, paralelos, incluso analogías, o por lo menos un hilo que permita explicarlos en conjunto. Reflexiones surgidas frente a esas rebeliones que hoy están ocurriendo en diferentes países. Algunos muy lejanos entre sí. De ahí que la pregunta del sociólogo que todos llevamos dentro no se hizo esperar: ¿Tienen rebeliones como las de Turquía, Egipto, Brasil, algo en común?

Aparte de que suceden en el mismo planeta, lo que más llama la atención es que sus actores principales son jóvenes, predominantemente universitarios. Si a esas rebeliones sumamos las asonadas de los indignados que una vez aparecieron en la Puerta del Sol de Madrid, la de los estudiantes chilenos que ya llevan dos años peleando en contra de la universidad-empresa, y la de los estudiantes venezolanos quienes desde 2007 luchan por la autonomía universitaria, hay que concluir en que, nos guste o no, al igual como ocurrió en los sesenta del pasado siglo, la segunda década del XXl ha sido iniciada bajo el signo de movimientos generacionales. Reitero, son diferentes entre sí, pero a pesar de esas diferencias, todas son -o comienzan siendo- rebeliones juveniles a las que se unen, en ocasiones, multitudes urbanas. Y ese es el segundo punto común de las mencionadas rebeliones: Son urbanas.
Constatación que lleva a re-plantear el tema de la organización social de la ciudad. Me refiero, siguiendo una idea del historiador Lucien Febvre, a dos conceptos no siempre coincidentes: La ciudad demográfica y la ciudad política, o si se quiere, la ciudad residencial y la ciudad como polis (centro de la política). Pero para abordar ese tema permítaseme recurrir a una previa reflexión.
Toda ciudad encierra en sus interiores a diversos grupos de poder. Grupos expansivos y defensivos a la vez. Como toda unidad colectiva, cada grupo intenta, y a veces lo ha logrado, subordinar a otros. Eso quiere decir que la ciudad es también un espacio de lucha, y no sólo política. Por esa razón la ciudad democrática de nuestro tiempo no suprime la lucha entre grupos, pero sí la limita y condiciona mediante instituciones, constituciones y leyes.
Estoy hablando -entiéndase- de grupos de poder, es decir de propietarios de una cuota del poder total. Por lo mismo cada grupo posee una propiedad sobre un determinado poder. De ahí que, a riesgo de ser simple (no siempre es una virtud) me atreveré a proponer un listado de los diferentes grupos de poder que coexisten orgánicamente al interior de cada ciudad moderna.
1. Los propietarios de las armas, llamadas en lenguaje vulgar, los “fierros”, es decir, la policía y el ejército recluidos estos últimos, en periodos normales, al interior de sus cuarteles
2. Los propietarios del dinero, cuyos templos son los bancos, la bolsa, las calles comerciales, los bazares y los malls.
3. Los propietarios del cielo: las grandes religiones y sus iglesias.
4. Los propietarios del saber y del conocimiento, recluidos al interior de las universidades e institutos de enseñanza superior.
5. Los propietarios del trabajo, organizados en fábricas y sindicatos
6. Los propietarios del saber político, por algunos llamados “clase política”, grupo que si bien funge teóricamente como representante de otros, puede alcanzar un alto grado de profesionalidad y autonomía.
Ahora, el hecho de que en los conflictos de nuestro tiempo aparezca como actor principal el grupo 4, el de los propietarios del saber y del conocimiento, dista de ser casualidad. De modo que hay dos alternativas. O el grupo 4 está luchando para apoderarse de los demás, o está luchando en contra de la expansión de otros poderes. Y bien, un vistazo rápido a los últimos acontecimientos lleva a concluir que la segunda alternativa es la más evidente.
Tanto en El Cairo, en Río, en Estambul. en Santiago, en Caracas, jóvenes universitarios están luchando por liberarse de poderes expansivos que intentan someter el saber y el conocimiento a sus intereses. En ese punto, pero sólo en ese, todas esas luchas se parecen. Pero también se diferencian. La diferencia principal se da en el hecho de que cada rebelión juvenil enfrenta a diferentes enemigos.
Las luchas en Estambul y en El Cairo parecían ser similares debido a que ambas enfrentaban a un mismo enemigo: el integrismo islamista, vale decir a los propietarios del cielo (grupo 3) quienes pretenden convertir a las universidades en instituciones destinadas a propagar la “verdadera fe” en contra de los infieles.
Quizás hay que recordar que la lucha entre la intelectualidad unida a la burguesía en contra de la iglesia unida al ejército marcó casi toda la historia del siglo XlX en Europa. De ahí que los estudiantes y académicos del grupo 4 aparecen hoy, en los países islámicos, como mensajeros tardíos del espíritu de la Ilustración europea.
Sin embargo, también hay una enorme diferencia entre las luchas turcas y las egipcias. En el primer caso el grupo 4 midió sus fuerzas con el grupo 3 (el teocrático), el cual mantiene una estrecha y peculiar alianza con el grupo 2 (el del dinero) y con el grupo 1 (el de los fierros). Eso trajo consigo que el grupo 4 debiera replegar sus fuerzas, aunque obteniendo algunas concesiones del grupo 3. No ocurrió así en El Cairo.
Durante la primera revolución egipcia, la de 2011, el grupo 4 en contra del grupo 1, logró arrastrar consigo a grandes masas donde el grupo 3 mantiene sus bastiones. Frente a esa nueva alianza el grupo1 hubo de emprender la retirada y ceder espacio a la hegemonía del grupo 4 el que fue, en las elecciones presidenciales, desplazado por el grupo 3, los llamados islamistas.
La segunda gran revolución egipcia, la de 2013, también fue iniciada por el grupo 4, pero esta vez en contra del grupo 3, para lo cual el grupo 4 hubo de sellar una alianza con el grupo 1 mediante el mecanismo de un golpe de estado que, a su vez, ha dado inicio a la rebelión del grupo 3. Por el momento, una tragedia sangrienta.
Diferente ha sido el caso de las manifestaciones brasileñas, pues a diferencia de los países musulmanes Brasil dispone de una muy bien consolidada clase política que cierra definitivamente el camino al grupo 1. Esa clase política (grupo 6) gracias al espectacular desarrollo económico experimentado por el país, ha terminado por unir su destino con el grupo 2, traduciéndose ello en el fenómeno de la “economización de la política”, y por cierto, en el de la corrupción de los políticos. Ahora, gracias a que Rousseff, siguiendo a Lula, mantiene estrechos vínculos con el grupo 5 (obreros), ha podido resistir con éxito los embates del grupo 4, aunque al precio, como ocurrió en Turquía, de realizar algunas concesiones. La próxima tarea del grupo 6 brasileño será entonces la de integrar en el discurso político a los jóvenes del grupo 4. Si Rousseff lo logrará es todavía un enigma.
Las movilizaciones brasileñas permiten a su vez entender mejor el sentido y carácter de las grandes y ya largas movilizaciones del grupo 4 en Chile, orientadas, sobre todo durante el gobierno de Piñera, en contra del predominio alcanzado por el grupo 2 en todos los ámbitos de la vida del país, incluyendo la de las universidades.
Como es sabido, durante la dictadura de los fierros, la de Pinochet, el grupo 2 fue el mejor aliado del grupo 1. La Concertación, a su vez, en representación de todo el grupo 6, integró al grupo 2 a su sistema de alianzas con resultados económicos (aunque no políticos) formidables.
En otras palabras, los estudiantes chilenos luchan en contra de un orden educacional que tiende al lucro y no a la calidad académica. El ideal universitario del grupo 2 -no puede ser otro- es el de la universidad-empresa, e incluso, el de la universidad-mall. Ahora bien, contra esa toma de poder del grupo 2 en desmedro del grupo 4 se han movilizado los estudiantes chilenos, hecho que ha sido tomado en cuenta por Bachelet quien ya ha inscrito en su programa parte de las demandas estudiantiles. Lo más probable entonces es que durante el gobierno de Bachelet, el movimiento estudiantil se dividirá entre quienes quieren cambiar el sistema educacional y quienes quieren cambiar el sistema galáctico.
El enemigo fundamental de los estudiantes y académicos venezolanos es en cambio el grupo 1, el de los fierros, hecho que tiene que ver con el propio carácter del gobierno post-chavista.
No se trata por cierto de un clásico gobierno de fierros, como los que predominaron en el Cono Sur. Pero sí de un gobierno militarizado y militarista a la vez. Dicho carácter no sólo tiene que ver con el altísimo porcentaje de oficiales en funciones políticas, sino, sobre todo, con el estilo militar de gobierno.
Los chavistas, como si fueran soldados, no deliberan. Dan y reciben órdenes. Tampoco polemizan. En lugar de eso agreden e insultan. Utilizan, además, sistemas de delación y espionaje. La mentira, arma de guerra, se ha transformado en uso cotidiano. Todos los días inventan complots, supuestos ataques aéreos desde países vecinos, inoculaciones. La oposición para ellos no es oposición; es un enemigo destinado a la aniquilación: es la ultraderecha fascista, o los apátridas, e incluso, así lo dicen, los asesinos. En breve, el post-chavismo, como ayer el chavismo, vive en estado de guerra imaginaria y permanente.
Pero hay una diferencia entre chavismo y post-chavismo. Mientras el primero logró configurar una alianza entre militares y grandes masas populares, el post-chavismo experimenta la disolución de esa alianza. O dicho así: mientras el chavismo era militar-popular, el post-chavismo es cada vez menos popular y, por lo mismo, más militar. Chávez, en efecto, era el nexo viviente entre “su” pueblo y los militares. Muerto Chávez, sucedido por un líder no empático, más bien anti-pático, la relación entre gobierno y pueblo es cada vez más precaria. En otros términos, el grupo 1 está experimentando durante el gobierno post-chavista un creciente proceso de autonomización.
Bajo esas condiciones ha comenzado un ya no lenta emigración popular hacia el grupo 6, una nueva clase política dirigida por la MUD y por su líder electoral. Si la tendencia se mantiene, serán acentuadas las tendencias que llevan hacia la militarización definitiva del gobierno. Y bien, son esas tendencias las que permiten entender el recrudecimiento de las agresiones del grupo 1 hacia el grupo 4.
Así como en Turquía y Egipto los propietarios del cielo quieren convertir a la universidad en una versión ampliada de la mezquita, o así como en Brasil y Chile los propietarios del dinero conciben a la universidad como una empresa más, en Venezuela los propietarios de los fierros quieren hacer de la universidad una prolongación ideológica de los cuarteles. Es por eso que, como ocurre en las dictaduras militares, los post-chavistas se han propuesto terminar con la autonomía de las universidades. En esas condiciones, la lucha de los universitarios trasciende a la universidad y se convierte en lucha por la salvación de la polis. Quiera la suerte que esa lucha sea mantenida a través de vías electorales. Nadie, o muy pocos, desean que El Cairo -ya convertida en una ciudad de fierros- sea el destino de las ciudades de Venezuela.