José Vicente Carrasquero: Árbitro parcializado

Si algo ha quedado en entredicho a raíz de su comportamiento en las elecciones presidenciales y en particular de las del 14A, es la imparcialidad de la directiva del Consejo Nacional Electoral. Al menos la mitad de los venezolanos manifiesta desconfianza en un grupo de personas que ha hecho todo lo posible por demostrar desde el poder electoral, su vinculación con el partido de gobierno.

La clase política gobernante ha querido hacer de la independencia un asunto de mero formalismo. De allí que hayamos vistos a un ex presidente del CNE que pasó a ocupar un cargo de máxima confianza partidista como el de vicepresidente de la República, para luego devenir en jefe de campaña del PSUV. Así como la dependencia de Jorge Rodríguez en su momento era claramente visible, así es la vinculación que muestran las cuatro rectoras que solo se limitaron a renunciar a la militancia partidista como risible prueba de imparcialidad.

Esta asociación al proyecto político, ayuda a explicar la lenidad con la que el CNE permitió, por ejemplo, que la campaña electoral del PSUV se mezclara con la promoción de la obra de gobierno. Las rectoras cohonestaron el que las abundantes y prolongadas cadenas presidenciales se convirtieran en mecanismos de activismo político que terminaron privatizando el espacio comunicacional de la nación a favor del oficialismo. De nada valieron los reclamos de la oposición ni las sugerencias de organismos internacionales. El órgano encargado de vigilar el equilibrio terminó inclinándose por su preferencia política e incluso justificando semejantes indignidades.

Es claro que las críticas que se generan contra el sistema electoral son usadas por el oficialismo como mecanismo de desmovilización de la oposición y de sometimiento y supervisión de sus allegados. En esta estrategia la participación del CNE es fundamental. Desde la implantación de la capta huella para activar la máquina de votación hasta la instalación de una mesa filtro a la entrada de los centros electorales, nos encontramos con subterfugios para generar desconfianza en los electores en general. Si para algo se prestó el CNE, fue para contribuir a hacer creer que el voto no es secreto. De esa forma, el miedo y el chantaje se convirtieron en el caso venezolano en ingredientes necesarios a la hora de decidir por quién votar.

Este asunto del secreto de voto nos retrotrajo a la prehistoria electoral. Ya no es el sentir de las personas lo que importa a la hora de manifestar su opinión en forma de voto. Hay miles de testimonios de personas que, sin necesitarlo, fueron asistidas para votar. Una vulgar forma de supervisión y comprobación de la “lealtad” política. A esto se le une la negativa del CNE de realizar una limpieza del registro electoral. Personas fallecidas, duplicación de cédulas y hasta usurpación de identidades contaminan la base de datos a partir de la cual se generan los instrumentos de validación del sufragio. Nadie puede decir con certeza la magnitud de la desviación electoral que se esconde en este viciado dispositivo.

Algo se puede decir con certeza. El sistema electoral venezolano ha sido sutilmente modificado para favorecer, sobre todo en elecciones cerradas, al proyecto político que se instauró en nuestro país en 1999. Aquellos que llegaron al poder criticando las corrupciones y trampas del pasado, son quienes hoy, sin pudor alguno, tuercen el rumbo constitucional de la institución electoral hacia el sostenimiento de un régimen putrefacto en su accionar político.

A la oposición le ha costado mucho aprender cómo lidiar con la trampa y la desvergüenza de quienes pretenden presentarse como paladines de la transparencia y garantes de procesos electorales justos y equilibrados. En este momento, organizaciones que se avocaron a estudiar las entrañas del monstruo, son capaces de generar registros electorales por mesas para que la ciudadanía pueda, en uso de su atribución participativa y protagónica, colaborar en la limpieza del REP.

La reacción de los vecinos de Montalbán en Caracas ante las irregularidades que se pretendían llevar a cabo en el Liceo Aplicación el 14A, constituye prueba fehaciente de la decisión tácita de los ciudadanos de no seguir confiando en un CNE corrompido e inmoral.

La insistencia en un CNE conformado por personalidades verdaderamente independientes debe ser nuestra bandera. No puede seguir este organismo siendo un apéndice del partido de gobierno. La negativa del PSUV a discutir los nombramientos en la AN es una mala señal ante la que la sociedad como un todo debe permanecer alerta.

 

@botellazo