Ovidio Lozada: La otra mitad más uno

No hay que votar por botar

Venezuela se divide entre un gobierno central concentrado de poder y un pueblo fracturado, aún polarizado y lo más preocupante, salpicado por algunos síntomas de desesperanza frente a sus anhelos de cambio. Un mando nacional enfocado en silenciar como sea a quienes pensamos distinto comprando y amedrentando medios de comunicación.

Ante este clima de incertidumbre, problemas y conflictos como el universitario que exige soluciones, además de la notoria y sentida escasez de alimentos básicos, la dramática situación de inseguridad que se desborda cada vez más en todo el país, la indiferencia y hasta burla de todas las instituciones frente a las denuncias de los pasados comicios presidenciales, la posible doble nacionalidad del primer mandatario Nicolás Maduro entre otras incontables expresiones de descontento puede llevar algunos a la duda sobre si participar o no en los comicios municipales con un ente electoral deslegitimado, en el que muchos no creemos. Sin embargo, sin lugar a dudas tal hipótesis supondría dejarles el camino fácil a los que se aprovechan de los problemas de la gente, los enchufados.

La impugnación de los resultados del 14-A y todas las irregularidades denunciadas ante el CNE, el TSJ y organismos internacionales son solo parte de esta batalla, luchamos contra monstruos corrompidos estructuralmente y por ello nuestro deber es asistir a las urnas electorales y demostrar con votos que aquellos ciudadanos quienes nos expresamos el 14-A, hemos crecido, ahora somos más, porque nos oponemos al régimen madurista lleno de tanta mentira, impunidad, violencia, incompetencia, corrupción y desaciertos en materia política, educativa y económica.

Esta lucha que hemos iniciado requiere de todos los venezolanos y tenemos la obligación ciudadana de comprender ciertos escenarios; uno de ellos es saber que para alcanzar la verdadera justicia, una genuina igualdad y rescatar la democracia en su verdadero significado se necesita esa motivación y esperanza que surge extraordinariamente cuando se cree que todo está perdido. El segundo es que ningún camino que conduzca a la paz es breve y sencillo. El tercero es que el gobierno madurista se podría fortalecer o debilitar dependiendo de la mayor o menor cantidad de alcaldías y concejalias que conquiste y en consecuencia el acrecentamiento o debilitamiento del caos social que vivimos. Además, con el manipulador cliché de que el pueblo es quien manda, seguirán regalando el dinero de las arcas nacionales a sus aliados extranjeros o utilizándolo para engordar sus cuentas mientras el resto sigue haciendo la cola para comprar un rollo de papel sanitario, encontrar un empleo digno o rezando para no engrosar las listas de muertes violentas.

Otro aspecto que deben tomar en cuenta quienes aun se resisten con razonables argumentos a participar electoralmente el próximo 8D, es pensar si quieren que continúen en el poder quienes con una renta petrolera tan jugosa como la de nuestro país no han resuelto los problemas ya mencionados, solo por citar algunos, sin dejar a un lado el estado comunal que poco a poco pretenden levantar entorno a las gobernaciones y alcaldías aliadas, a las que les restan competencias, limitan presupuestos y en algunos casos como en Miranda les crean organismos paralelos como Corpomiranda con un Canciller al frente que en vez de representarnos ante al mundo se dedica a sabotear la gestión del indiscutible líder de los venezolanos. Es una reafirmación que a estos enchufados no les interesa solucionar la crisis que afronta Venezuela sino concentrar más y más poder.

Venezuela es rica en recursos naturales y talento humano, tenemos todo para ser una gran nación, pero hoy en cambio nuestro país afronta un caos estructural que hace que la gente piense primero en su supervivencia individual que en su fortalecimiento como sociedad. Sin embargo toda esta dramática situación debe ser el germen y motor de un cambio político, económico, pero sobre todo humano. Es necesario no dejar pasar esta nueva oportunidad cayendo en la trampa del mensaje oficialista que exalta como contradicción que la oposición no crea en el CNE pero inste a votar cuando precisamente la historia reciente nos ha enseñado que no podemos abandonar ningún escenario de lucha y que los demócratas debemos usar el voto como nuestra mejor arma por lo que esta partida no puede perderse por “forfeit”.

El voto no se bota. Que nadie piense que porque estemos protestando aún los resultados del 14-A hemos perdido. La fuerza desarrollada para pelear un resultado nos la da precisamente la cantidad de votos conquistados, si no hay votos suficientes no hay razones para dar la pelea, si no hay votos pues lo perderemos todo y la única manera de perder es cuando nos rendimos y este pueblo estoy seguro que no se rendirá. Lo cierto es que debemos hacer “algo” que unifique el inmenso caudal de sentimientos de inconformidad, descontento y de protesta que está presente en todos los pueblos del territorio nacional. Pues debo reafirmar que no tenemos otro “algo” más oportuno que nos pueda unificar y que pudiera tener el resultado más efectivo para sacudir esta terrible situación que el noble ejercicio del VOTO.

La única manera de perder es cuando nos rendimos.

@ovidiolozada