José Guerra: La devaluación oculta

Anunció el BCV lo que todos esperaban. La subasta de dólares especial donde los viajeros, importadores de Margarita y Paraguaná, los vendedores de auto-partes y de equipos médicos se disputarán US$ 200 millones colocados sobre la mesa para ser asignados. Por tanto, es probable que haya cuatro tipos de cambio según los cuatro sectores a los cuales se vaya a distribuir los dólares, una vez conocidos los resultados de las subastas. Según la resolución del BCV, el instituto emisor informará el precio del dólar a cada empresa o persona natural favorecida pero no lo hará del conocimiento publico. ¿Cuál es la razón de esta sinrazón? La respuesta la dio el director del BCV, Armando León, quien reapareció en la arena pública de nuevo como vocero oficioso del BCV, ante el silencio de su presidenta. Dijo Armando León, según el diario El Universal: “el precio final del tipo de cambio (de las subastas) sólo lo conocerán los sectores a los que se les asignen divisas. El precio no se puede publicar porque hay un marco legal en el país que se debe acatar”. Ese marco legal es la Ley de Ilícitos Cambiarios, que impide mencionar un tipo de cambio que no sea el oficial. En este galimatías, anunciar el precio resultante de las subastas es ilegal pero realizar una subasta con tasas de cambios distintas a la oficial hasta ese momento, es legal. Que absurdo. Si se hace una subasta organizada por el gobierno, el tipo de cambio de esa subasta se convierte en un tipo de cambio oficial.

Solamente alguien con una candidez supina puede dar crédito a semejante argumento baladí esgrimido por Armando León. La razón de fondo es que las autoridades monetarias no quieren evidenciar la magnitud de la nueva devaluación que se avecina, devaluación manufacturada cuidadosamente por ellas mismas, mediante una política monetaria descabellada que ha inundado la economía de un dinero que la gente quiere solamente para volcarlo vertiginosamente al mercado negro del dólar o a la compra de bienes durables con el objeto de protegerse de la inflación. Solamente con un dinero que circula a raudales y barato se explica que el bolívar en el mercado negro se haya depreciado más de 50,0% en lo que va del año y que la inflación amenace con sobre pasar el 40,0%.

Al anunciarse la subasta para personas naturales por un monto de apenas US$ de 30 millones, el público, leyendo con tino que ese monto implicaría un precio más elevado para los dólares subastados, puso sus precios a un promedio de Bs. 16,0 por dólar. Como el SICAD es un mecanismo que complementa a CADIVI y sustituye al SITME donde el dólar se transaba en Bs. 5,30 por dólar, es claro que de materializarse esa tasa de cambio estaremos en presencia de una devaluación superior al 200,0%. Para las empresas es probable que la cotización de los  dólares sea menor que para las personas naturales. Algunos, que pareciera que vivieran en otro país, han argumentado que ello no va a tener impacto en la inflación debido a que muchas empresas que ahora van a las subastas han estado adquiriendo las divisas en el mercado negro.

Eso sería cierto en el improbable caso en que esos importadores tengan la seguridad de que van a volver a concurrir a otra subasta con el mismo precio o en una situación donde sus inventarios estén llenos de productos comprados con dólares negros, que no es el caso. El escenario más factible es que la nueva devaluación y las que están por venir impacten los precios de los bienes y los servicios que usan esos bienes ahora más caros. El efecto del anuncio de la subasta sobre el mercado negro fue imperceptible entre otras cosas debido a que hay una demanda por dólares literalmente insaciable, dado los voluminosos niveles de liquidez en bolívares.

Al finalizar de adjudicarse los dólares de la primera subasta la economía podría tener seis tipos de cambio: el oficial, los cuatro correspondientes a los sectores llamados a subastar y el dólar negro. Esto creará una dispersión de precios que hace inmanejable el mercado cambiario y hace en los hechos imposible el cálculo del tipo de cambio promedio de la economía.