Alberto Franceschi: La Oposición Paseadora

Alberto Franceschi: La Oposición Paseadora

Desde la muerte del gran mecenas se ha generado en América Latina la percepción que apoyar a Maduro ya no es tan buen negocio como fue el alcahuetear a Chávez.

Aun queriendo mantener la prodigalidad irresponsable, para con toda clase de chulos del continente, el constreñido Maduro se ha visto obligado a mantener el subsidio masivo solo a Cuba, Nicaragua y Bolivia. También a todos los miembros de PETROCARIBE, con solo petróleo gratis, pero sin mucho efectivo adicional, como en los buenos tiempos de la gran rebatiña del “comandante celestial” como ahora lo bautizó el muy próspero Alcalde de Caracas.

Esa es la razón por las que, a excepción de Paraguay donde se recibe con cohetes a los directivos de la MUD porque allí conservan íntegra su dignidad de víctimas de las tropelías de nuestros socios en el Mercosur, en el resto de naciones, aunque en algunas guarden muy convenientes prevenciones diplomáticas, celebran y promueven mediáticamente alguna distancia con el régimen leproso de Venezuela, recibiendo al ex -candidato Capriles y a los emisarios MUD.





La manía viajera de nuestros opositores notorios busca ocultar su ausencia sensible de los peludos problemas cotidianos a los que se enfrentan los venezolanos de a pie, que se están lanzando a la calle a razón de 100 conflictos por mes. Pero como esas trifulcas no sirven para alimentar la campaña electoral eterna, que se ha convertido en el vicio genético de nuestros parlanchines electoreros, han optado más bien por hacerse asiduos de los aeropuertos extranjeros para ausentarse del drama cotidiano de los venezolanos.

Y la razón sencilla para huirle a esa miríada de conflictos, es que la inmensa mayoría están condenados a fracasar, enfrentando el hecho ya inocultable que los reales que quedan del maná petrolero desfalcado y despilfarrado, no son para defender los salarios y los ingresos de la mayoría, sino para gastarlos en los dos grandes rubros que mas cuida gobierno: su corrupción con enriquecimiento de burócratas rojos y lo que queda para que “gotee” a su clientela popular propia, sometida por hambre y contabilizada por Maduro que se mantuvo fiel al voto por él según confesión del propio “presidente”.

Si hay algo a lo que nuestros burócratas mediáticos de la oposición temen más que al propio gobierno, es a la necesitad de UNIFICAR todas las luchas en una gran consigna de conflicto abierto y global contra el gobierno usurpador como seria por ejemplo preparar una HUELGA GENERAL.

¿Ustedes pueden imaginar a Capriles, Aveledo y hasta al archivador fonográfico Ismael, organizando en el país la perspectiva inmediata de una huelga tumba -gobierno?

Por supuesto la respuesta es negativa, porque estos “lideres” solo imaginan la vida política en términos de calendarios electorales, así sean de resultados trampeados de antemano, contando para hacerlos tragar con el lógico conservatismo social paralizante de las grandes mayorías, como al que apostó Capriles, al derrotar el mismo la movilización del 17 contra el fraude del 14 Abril, porque ese tipo de “líder” preferirá siempre evitar las confrontaciones que impliquen riesgos de revolcones políticos, sociales y militares. Capriles prefirió matar la protesta que derrotaba al régimen antes que asumir el riesgo de perder su gobernación de Miranda y ahora sus vuelos de visita a mandatarios que pulen su ego.

De manera que el gobierno Maduro sabiendo a ciencia cierta que solo puede temerle a la descomposición en las FFAA y al estallido social, se ocupa sustancialmente de seguir repartiendo real con las dádivas de las misiones y aumentando los privilegios a la cúpula militar “de la casa” para intentar controlar y contener las tensiones en aumento dentro de los distintos componentes armados , usando a unos contra otros.

Con lo que no contaba Maduro, aunque poco a poco va entendiendo esas sutilezas y regocijándose, es que ese apoyo sólido de la aposición viajera y gallina, efectivamente hace por allí alguna bulla, pero le ayuda a definir mejor sus aliados, sin representar ningún peligro real aquí, porque siguen siendo dentro del país de una docilidad perruna, por no querer nunca centralizar los conflictos que hicieran inestables a las mafias rojas en el poder.

Maduro anda en operativos de aprendizaje en materia de reparto de zanahorias y garrotazos como arte de gobernar.

Las amenazas proliferan más que nunca, pero al propio tiempo suelta unos dolarcitos por aquí, atraen a unos inversionistas yanquis por allá, manda al pobre Jaua a pelarle el dientero a John Kerry, pero no aguantan la piquiña y deciden molestar a USA ofreciéndole asilo, a petición del G2 cubano por mampuesto, a un delator en temas de alta seguridad y excepcional interés para la CIA, como es el tal Edward Snowden.

¿Cuánta vida tiene esa estrategia de la oposición paseadora? La respuesta tiene que ver con los plazos de vida del gobierno de Maduro.

Esta oposición MUD-Capriles, termina con este régimen y de paso están condenados a jamás sucederlo electoralmente. A la caída de este gobierno se generará en el país una nueva clase política, que no tendrá que ver, en sus estratos dirigentes, con las logias de poder actuales ni con las de la MUD. Si nos apuran en una definición, diríamos que quedarán enterradas la Quinta y de paso definitivamente los gallos viejos y los polluelos de la Cuarta. La guachafita debe terminar.

Si este país tiene destino, debe forjarse una nueva elite de gente honorable para dirigirlo. Esta elite existe pero está dispersa y sin ningún poder vicioso para andar de socia del gobierno en sus trapisondas electoreras.
Por eso la reconstrucción no se dará sino desde el fondo de una crisis institucional y no desde componendas de un sistema electoral tramposo, que por supuesto hay que rehacer para poder elegir de verdad a gente que merezca liderazgo.

Acostumbrémonos a la idea que todos los muy nombrados ahora, del gobierno y de su oposición concubina de estos años de estafa política, deberán hacerse a un lado para que el país pueda ser reconstruido sin sus vicios clientelares, sin su manía estatista y sin esos alineamientos internacionales basados en absurdos ideológicos.