Emilio Nouel V.: Bergoglio, “El Bolchevique”

De arrancada, debo decir que el nuevo Papa me cayó muy bien desde los primeros días de su nombramiento. Lo que sabemos de su conducta como pastor de almas y hemos visto una vez asumido el cargo, me han reafirmado en esa primera impresión. Su sencillez, su “fuerza tranquila”, buen humor y la seguridad que transmite me llamaron la atención.

En estos días que corren está visitando nuestro patio, y aunque no practico religión alguna, soy un “católico sociológico”, pertenezco a ese nebuloso grupo que llaman agnósticos, a pesar de estar debidamente bautizado en esa fe, no dejo de estar atento a las cosas que dice y hace Bergoglio.

Ciertamente, en su discurso y en las pocas acciones que ha tomado, debemos advertir que con él posiblemente venga una onda de renovación que no sé si será exitosa o si de verdad produzca cambios profundos en la iglesia católica, lo que muchos, por cierto, están pidiendo y esperando.

Obviamente, por más que él sea quien es, no basta con su disposición y sólida voluntad para empujar las transformaciones que, barrunto, quiere concretar. La iglesia católica es una institución no ajena a la pugna de intereses, a la lucha por el poder. No es sólo lo espiritual lo que allí se debate. De todo hay en la viña del señor, diría el padre Luis, mi profesor de religión en  bachillerato.

No traigo oro ni plata, sólo a Cristo, palabras más, palabras menos, le oí decir a Francisco I a su llegada a Brasil. En esas sencillas palabras, ya hay una definición, una postura existencial, una doctrina, una vocación, que preanuncia por dónde van los tiros. Una iglesia pobre para los pobres, dicen que es la idea-fuerza que predica. Llama a enfrentar los ídolos que se ponen en el lugar de Dios. Algunos lo llaman “el Papa de la gente“. Amanecerá y veremos.

Le han querido comparar con otros papas. Pero me temo que estamos frente a alguien diferente, con un perfil específico.

A Bergoglio, lo siento, más allá de líder, un militante. Un hombre entregado en cuerpo y alma a una fe, a una idea en la que cree con fervor intenso, convicción y abnegación. No parece quedarse en las alturas doctrinales, como su antecesor. Sabe lo que quiere, ésa es la percepción que tengo a la distancia.

Para rematar, y esto no es despectivo, es jesuita. Dato que por más que se diga que no tiene relevancia, la tiene.

La Societas Jesu es una congregación que históricamente ha sido centro de polémicas. Rechazados por unos, respetados por otros. A ella, los que la adversan, le atribuyen una conducta particular, sinuosa, sibilina, interesada, ambigua. Los dados a las teorías conspirativas afirman que son unos masones disfrazados, una logia secreta adoradora del anticristo que busca apoderarse del mundo, y tantas otras historias. Bonaparte llegó a decir que no era una orden religiosa sino militar, su jefe “es un general de un ejército”, y la meta de esta organización es el poder.

Cuántas veces no hemos oído decir de manera despectiva: “eso es típico de jesuitas”.

Los que la ponderan bien, piensan que es una congregación que ha dado trascendentes aportes a la fe católica y su propagación en el planeta.

No soy de los primeros y tengo un buen concepto sobre la mayoría de los jesuitas que he conocido, parte de mi educación es de ellos y aprendí con ellos cosas que valoro. Su preparación intelectual, inusual en otras congregaciones en general, me hace simpatizar con la orden.

El premio nobel mexicano Octavio Paz, llamaba a los jesuitas, los “bolcheviques del catolicismo”, por el papel que jugaron siempre en la defensa militante y disciplinada de la iglesia, mediante una estructura cuasi militar y habilidades gerenciales para el financiamiento de sus actividades.

Bolchevique, más allá de su referencia ideológica al comunista ruso que luchó contra el zarismo, es sinónimo de militante férreo, disciplinado, comprometido, sacrificado y abocado a construir una sociedad en la que creía, con devoción cuasi-religiosa, aunque estuviere equivocado.

A Bergoglio lo siento un militante de ese talante, muy jesuita en ese sentido, entregado a su misión. Un militante al estilo bolchevique, sin duda. (Aunque quizás pueda ser al revés la cosa,  que los bolcheviques fueran los jesuitas del marxismo-leninismo, digo yo)

Pablo VI dijo en cierta oportunidad que: “Donde quiera que en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles o de primera línea, ha habido o hay confrontaciones, en los cruces de ideologías y en las trincheras sociales, entre las exigencias del hombre y mensaje cristiano, allí han estado y están los jesuitas“.

Me temo que Bergoglio es uno de ésos. De repente me equivoco, después de todo, quien escribe estas líneas no es especialista en los menesteres de la iglesia católica, y éstas son sólo elucubraciones que hago en momentos en que visita estos pagos un hombre que se las trae, y que, quién sabe, podría cambiar a su iglesia.

 

Emilio Nouel V.