Científicos logran implantar recuerdos falsos a un ratón

Los neurobiólogos del Instituto Tecnológico de Massachusetts han conseguido implantar falsos recuerdos en los ratones, utilizando las neuronas del hipocampo, una región profunda del cerebro, responsable del aprendizaje y la memoria de los mamíferos, publicó la página web RT.

Para entender cómo las neuronas crean los recuerdos, el jefe del estudio, Susumu Tonegawa, y sus colegas recurrieron a la optogenética, una técnica relativamente nueva. Los investigadores implantaron diminutas fibras ópticas en los cerebros de los ratones vivos. Las fibras proporcionan impulsos directamente a las neuronas que han sido genéticamente modificadas para reaccionar a los destellos.

Los investigadores permitieron a los ratones explorar una nueva jaula, activando sus neuronas que forman la memoria. Después los ratones entraron en una segunda jaula donde recibieron una serie de leves descargas eléctricas en las patas. Al mismo tiempo, los investigadores conservaron los pulsos de temor. Al regresar en el entorno seguro de la primera jaula y tras ser estimulados artificialmente, los animales se congelaron por el miedo, aunque no había nada peligroso.

Los falsos recuerdos pueden ser producidos al estimular solamente 30.000 células, dice Tonegawa. Su estudio fue publicado en la revista ‘Science’.

Los científicos suponen que las experiencias placenteras probablemente alteran los recuerdos de la misma manera como lo hacen los malos recuerdos. El equipo está poniendo a prueba esa hipótesis observando cómo cambia la memoria cuando los ratones machos pasan el tiempo con las hembras.

Debido a que los mecanismos de la formación de la memoria son casi similares en ratones y seres humanos, la investigación “podría ayudar a entender aún más que antes lo poco fiable es la memoria humana”, sobre todo en los casos penales.

Esa falta de fiabilidad, dijo Tonegawa, hace surgir una pregunta sobre la evolución: “¿Por qué nuestro cerebro está hecho de tal manera que forma falsos recuerdos?”. Nadie lo sabe, explica el científico, pero se supone que este mecanismo tiene que ver con la creatividad que permite a los humanos imaginar posibles eventos y combinaciones de hechos reales e imaginarios en gran detalle. Este combustible alimenta las artes, ciencias y otras actividades creativas, resume Tonegawa.