Gustavo Tovar Arroyo: La cerda chavista

“Tú por lo visto no tienes nada productivo que hacer, sólo engordar como una cerda” María Gabriela Chávez a una chavista

El poeta maldito

Ser un escritor detestado por los chavistas nos hace más honorables e insignes. La crítica que desafía a la autoridad despótica siempre ilustra, inspira y libera a la sociedad, como ocurrió con los libertinos franceses del siglo XVII.

En Venezuela, los críticos, mientras más blasfemos seamos de la hipocresía chavista, somos más malditos, pero el resultado de nuestra maldición es ilustración, inspiración y libertad para la sociedad.

Hay que blasfemar en contra de la suprema y sagrada farsa chavista, hay que ser los libertinos y los poetas malditos de su bobo y regordete cinismo.

Si queremos libertad debemos conquistarla, en mi caso el único recurso es la palabra.

Con el pétalo de una rosa no, con su espina

A una mujer ni con el pétalo de una rosa, pero a una chimpancesca carajita arrogante que escupe su soberbia de ricachona de barrio para burlarse y humillar públicamente a una venezolana común y corriente, que lo único que le pidió fue que hiciera algo productivo con su vida y no perjudicara la memoria de su padre, hay que clavarle una espina crítica para que se humanice y aprenda.

¡Ya basta que desde el poder monárquico e ilegítimo se pisotee al venezolano!
Estamos hartos de las pedanterías e insolencias nuevas ricas de algunas hijas del yerto sátrapa, las hemos observado -desconcertados- comportarse como las burguesitas del show business hollywoodense, con una opulencia y exuberancia nauseabundas.

Las nuestras, sin embargo, son unas Kardashians o Hilton pueblerinas, encaramadas ridiculísimamente en árboles (de ahí lo chimpancesco, aclaro) con sus gafas Dolce Gabbana (¿serán Gucci?), usurpando con desfachatez extravagante la jaula de oro residencial de Venezuela: La Casona.

De tal palo tal astilla

¿Qué podemos esperar de la descendencia del militar traidor que disparó por la espalda a venezolanos inocentes, asesinándolos a mansalva, para satisfacer su delirio de poder el 4 de febrero de 1992?

¿Qué podemos esperar de la prole del sátrapa que insultó y discriminó a la mitad de los venezolanos y se adueñó de todas las riquezas del estado para repartirlas corruptamente entre familiares y amigos?

¿Qué podemos esperar de las hijas del fingidor que usó a Bolívar para instalar a Marx?

Desprecio, sólo podemos esperar desprecio. En todas sus dimensiones y formas, de la manera más sutil o burda, desprecio y abuso totales y flagrantes, en especial frente a los suyos, es decir, a los alienados seguidores de su padre, a los chavistas, a quienes someten con insultante maltrato, porque reconocen en esos inocentes venezolanos a sus obsecuentes súbditos: a sus piltrafas.

La cerda chavista

Cuando María Gabriela Chávez -al estilo fashion de Paris Hilton, pero con la bosta de vaca todavía salpicando sus sandalias de plástico- insultó a la chavista y la llamó “cerda” (por gorda) no sólo escupía torpemente al aire (un espejo lo corrobora), insultaba además a sus hermanas, a su abuela, a sus madrastras, a la Primera Combatiente, a diputadas, a ministras y a un largo etcétera de mujeres pertenecientes a la revolución más “cerda” que haya conocido Venezuela (si por las grasas acumuladas y sobresalientes se califica al género femenino venezolano, como lo hizo la regordeta).

Con su insulto, María Gabriela agredió además la inteligencia de la mujer venezolana y mostró la frivolidad cínica y capitalista del chavismo.

La “cerda” -como inaceptable e irrespetuosamente llamó a la chavista por gorda- lo único que le solicitó fue que no perdiera su tiempo, que trabajara e hiciera algo con su vida. La respuesta, como el desprecio, fue a un tiempo arremetedora y esclarecedora: María Gabriela le pidió a la “cerda” (gorda) chavista que más bien hiciera ella algo “productivo” con su vida: que adelgazara.

La duquesa del ALBA

Nuestra duquesa del ALBA -la princesita de Sabaneta, debí escribir-, como la duquesa de Alba española, es la que más títulos heredados detenta en la región: hija del Supremo, bisnieta del bandolero de Barinas, ahijada del dictador de Cuba, sobrina predilecta del cacique de Bolivia, protegida del líder de la comuna hippie de Ecuador.

Nuestra duquesa del ALBA, como la española, está reconstruida de pies a cabeza, pero tampoco ha logrado la lozanía ni la esbeltez.

¿Por qué?

Porque nuestra duquesa del ALBA tiene una especial fijación por el ganado porcino, sus chicharrones peludos y sus grasas, que le niega toda posibilidad de completar el modelo de mujer nueva del chavismo: reconstruida toda todita para alcanzar una belleza negada.

Esa fijación la lleva, por ejemplo, a coleccionar lindas alcancías humanas que, como cerditos, añoran que su vacío moral sea atiborrado de monedas y billetes para saciar su oportunismo hueco.

Esas alcancías humanas, como cerditos que son, una vez que se les harta de billetes no sirven para nada y se desechan. En algunos casos, cuando la alcancía humana se intenta salir rebelar, se le rompe y bota en algún basurero con barrotes de hierro.

Las chavistas nunca pueden criticar ni mucho menos se pueden salir del redil, pues quien lo haga, para María Gabriela, es un cerdo o cerda.

La rebelión

Lo cierto, lo impensado, es que la rebelión ya comenzó y la crítica de la chavista es un indicio formidable de ello.

No somos una granja ni nadie merece ser llamado cerdo. Somos un país y todos, chavistas o demócratas, merecemos reconocimiento y respeto.

Quien se atreva a menospreciar el valor del venezolano tendrá frente a sí un nuevo libertino, otro blasfemo.

Venezuela, la humana, la libre, se rebela…