Angel Rangel: España, solidaridad y reflexión

El pasado miércoles 24 de julio, en horas de la noche, España y el resto del mundo fueron estremecidos por una noticia de última hora que daba cuenta de un importante accidente ferroviario ocurrido muy cerca de la provincia gallega de la Coruña, en el noreste de España.

Se trataba de un tren, con 13 vagones, 218 pasajeros y 4 tripulantes, que cubría la ruta Madrid-Ferral, que descarriló en las cercanías de Santiago de Compostela, ciudad que estaba dándole los últimos toques a los preparativos para vivir y conmemorar, como todos los años (el 25-7), el gran día de su patrono.

En lo personal, casualmente me entere de la noticia, a escasos minutos luego de haber llegado a Madrid, procedente (vía tren de alta velocidad) desde la ciudad de Barcelona. La consternación, el dolor y el sentimiento de solidaridad de los ciudadanos, las autoridades, los turistas, los organismos públicos de atención de emergencia y de los miembros del sector privado, se incrementaban a medida que los medios de comunicación daban detalles de lo ocurrido y de la relación de víctimas fatales y heridos reportados.

Las escenas transmitidas reflejaban una intensa acción de los organismos de emergencia (bomberos, policías, protección civil, cruz roja, etc.), pero también una voluntaria y rápida acción ciudadana para socorrer a las víctimas, colaborar con las autoridades y darle aliento a los familiares y amigos que se encontraban esperando a los viajeros en la cercanía del lugar del accidente; de verdad que fueron momentos que enaltecerán por siempre el gentilicio español en momentos de emergencia.

No tengo ninguna duda que en Venezuela, con una colonia y familias españolas-venezolanas tan arraigadas y numerosas, las expresiones de dolor y solidaridad no se hicieron esperar, al igual que la preocupación ante la posibilidad de que algún familiar, amigo o conocido pudiera estar entre los afectados.

Ahora bien, aún cuando desde un principio las responsabilidades y la causa del accidente, apuntaban a una falla humana en la operación y a un posible exceso de velocidad al tren aproximarse a la curva de A Grandeira, la investigación y el resultado de la misma, deben traer como consecuencia unas lecciones que deben ser cuidadosamente evaluadas y tomadas en consideración por parte de los gobiernos y empresas responsables de la administración de sistemas de transporte masivo de pasajeros en nuestros países.

El velar por el debido entrenamiento, capacitación, estado mental y físico de los operadores, al igual que las condiciones de los mecanismos automáticos de control de velocidades, de la seguridad de las unidades de transporte y del estado de las vías, debe ser el verdadero testimonio de solidaridad para con los familiares y amigos de 79 víctimas fatales y 178 heridos.

@Angelrangels