Vladimiro Mujica: Realidad a la medida

Durante la Edad Media la gente se enteraba de los acontecimientos cuando se encontraban en pleno desarrollo. La ausencia de rutas de comunicación confiable y la precaria existencia de avisos manuscritos creaban sombras de los hechos.

El Gobierno venezolano ha elevado el oscurantismo y la manipulación de la información a la condición de doctrina de Estado. Ya no es solamente que las estadísticas oficiales son rutinariamente manipuladas para ofrecer la visión de un país que no existe, sino que ahora se trata de imponer a los escasos medios de comunicación independientes que es lo que pueden y no pueden imprimir o transmitir acerca de lo que ocurre en Venezuela.

La última víctima de la guillotina de la verdad que maneja con destreza el gobierno es, paradójicamente, la muerte de miles de compatriotas, alrededor de 20.000 al año, que perecen en la ola de violencia homicida que sacude a Venezuela. Bajo el peregrino y estúpido argumento de que informar sobre la violencia genera más violencia, se intenta impedir que los venezolanos sepan de primera mano lo que está ocurriendo en esta guerra no declarada. Entrar a la morgue de Bello Monte, intentar fotografiar lo que allí ocurre o simplemente entrevistar a los deudos de los fallecidos es una aventura que puede ser sancionada severamente.

La hegemonía comunicacional que alguna vez anunció al ministro Andrés Izarra ha avanzado hasta el punto de que para enterarse de lo que ocurre en otras partes del país hay que tener conocidos, emplear el teléfono o, hasta nuevo aviso, comunicarse por las redes sociales. El control de la información es uno de los más perniciosos rasgos de los regímenes autoritarios y el mismo ha alcanzado alturas patológicas en Corea del Norte o Cuba. Pero las cosas no se limitan a controlar la información sino a fabricar realidades, sean ellas sobre instituciones o individuos. Es así como la reciente campaña anticorrupción anunciada por el Presidente Maduro tiene en verdad como objetivo no la identificación y castigo de los corruptos sino su ocultamiento a través de la nueva realidad donde los corruptos se convierten en gente honesta y viceversa.

Uno de las consecuencias más importantes de la hegemonía comunicacional que ha venido lentamente avanzando el chavismo/madurismo es que impone limitaciones severas al ejercicio de la acción opositora por la simple razón de que es difícil compartir y discutir ideas y acciones utilizando los medios de comunicación, que se encuentran autocensurados o en manos oficialistas. La búsqueda de mecanismos creativos y prácticos para superar estas limitaciones es un problema mayor porque implica modificar profundamente nuestra manera de actuar en las sociedades modernas.

Es evidente que la última campaña presidencial de Capriles involucró mecanismos de comunicación para la acción política que son relativamente inéditos en nuestra historia reciente. No fue solamente el uso intensivo de las redes sociales y celulares sino que muchas manifestaciones eran convocadas boca a boca y la participación inusitada de la gente en una ciudad tras otra indicaba que había un grado de convencimiento individual que sobrepasaba con creces la capacidad de convocatoria de las organizaciones políticas o de la sociedad civil.

En un sentido muy profundo, la gente se involucró de manera directa y sin mediación alguna en la campaña.

A medida que avance aún más el cerco comunicacional del gobierno, probablemente se hará indispensable contar con redes ciudadanas como las que en su tiempo planteó la Gente del Petróleo y que involucraban grupos pequeños de individuos, identificados sólo entre ellos, que funcionaban como un correaje de transmisión de información.

Por supuesto que todavía estamos muy lejos de tener que recurrir a esquemas clandestinos, pero es vitalmente importante independizarse, en la medida de lo posible, de la dependencia en los medios de comunicación para ejercer acciones políticas y mantenerse al día con la realidad “real” si cabe el término. Que estas redes ciudadanas pueden ser enormemente efectivas ha sido probado en muchos países cuyas sociedades estaban sometidas a cercos informativos.

La formación de redes ciudadanas puede tener un efecto adicional importante: aumentar la participación de la gente de una manera estructurada que va mucho más allá de los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil. A ello hay que unirle el sentido de pertenencia y la cultura ciudadana y de defensa de la democracia que puede articularse a partir de estas estructuras. Cuando se escribe en chino la palabra “crisis” consiste de dos caracteres: uno corresponde a la palabra “peligro” y el otro a “oportunidad”. La crisis del gobierno es terminal y nos amenaza a todos, pero no debemos dejar pasar la oportunidad de que esta se resuelva a través de mecanismos de rebelión ciudadana no violenta.