Gustavo Tovar Arroyo: Maduro: “Cristo multiplicó los penes”

La santidad inmerecida

No soy un santo ni aspiro a la santidad; no la merezco. No le hinco la rodilla a la fe cínica del socialismo, ni soy feligrés de la ruindad chavista. Soy su apóstata.

Escribo desde la libertad. Trato de reflejar la intensidad de mi tiempo: desgarrador e insolente. Deseo ser parte de él: increpándolo, aborreciéndolo, condenándolo, a veces, exaltándolo claro. Pero ser parte de él, eso es lo fundamental.

Revelo que tampoco espero que el tiempo “perfecto” de Dios se haga sobre nuestro despelote, pues prefiero no involucrar al Todopoderoso en cosas tan banales y sosas como la política venezolana.
Pero la estolidez de Nicolás Maduro obliga, siempre obliga.

Maduro y la multiplicación de los penes

No fue una fragilidad verbal ni un desliz retórico, fue una manifestación impecable de la descomposición de su espíritu. Cuando Nicolás Maduro estimulaba a sus feligreses a “meterse en cada escuela”, a “meterse en cada niño, a multiplicarse ahí, como Cristo multiplicó los penes”, nos mostraba su forma de entender y hacer política: a falo limpio.

Confundir aunque sea de manera equivocada “panes y peces” con “penes” para meterlos en las escuelas, en cada niño, como si fuera un arte, sólo ocurre en un alma pervertida; involucrar a Cristo en toda esa depravación es apocalíptico.

La perversión sexual del madurismo no es nueva, nos consternó durante la campaña electoral y hoy es práctica común y permanente. Entonces escribí muy anonadado: El falo o la podredumbre electoral, por la inédita escatología sexista en una contienda democrática latinoamericana, pero fui ingenuo, no tenía idea de lo que vendría.

La naturaleza discursiva del madurismo, toda la fuerza de sus ideas y la pobreza de su debate ideológico gira entorno a referencias sexuales. Es todo lo que tiene y ofrece su ser: trivialidad venérea.

Que si tal es mariconsón, que si aquél se la pasa en la calle Libertador (conocida por su tránsito de transexuales y travestis) , que si éste es homosexual.

Nicolás Maduro es un alma sifilítica y eso refleja en su discurso.

Sodoma y Gomorra, chavista

Pese a todas las dificultades y amenazas, el pueblo fue sabio con su voto, abominó democráticamente la perversión fálica de Maduro -intuyó la degradación que se avecinaba y la rechazó-, pero los líderes de la oposición no supieron o no quisieron obedecer la voluntad popular, recularon, voltearon su rostro como la mujer de Lot y hoy son estatuas de sal en esta ignominia histórica.

La perversidad se ha institucionalizado. La perversidad en todas sus formas y rostros: sadismo judicial, depravación legislativa, narco economía, corrupción, homofobia, demagogia, adulteración ideológica, etcétera.

Era previsible

La catadura moral de Nicolás Maduro, su escasa e incierta formación, la inexplicable manera como llegó al poder -su incestuosa relación con Hugo Chávez, de quien fue chofer, guardaespaldas y amante-, la incongruencia en cada uno de sus actos y su sumisión traidora a los designios de Fidel Castro, eran indicios incontrovertibles.

La intelligentsia venezolana (intelectuales, opinadores y académicos), sin embargo, nos pide resignación y paciencia, esperar hasta que la “multiplicación de los penes” de Maduro cause la ira de Dios -y su tiempo perfecto-, castigue nuestra indolencia, nos arrase y convierta a Venezuela en la Sodoma y Gomorra del siglo XXI

La resignación según Octavio Paz

Recurro a Octavio Paz cuando la angustia llega a su cima. Cito:

“La resignación, una de las más altas virtudes cristianas, en el duro mundo de la política y enfrentada a nuestra tradición autoritaria, se transforma en indiferencia y en cinismo apático. La pasividad es renuncia a la acción y por eso mismo es renuncia a la libertad. El pasivo rehúye las decisiones. El sujeto se convierte en espectador y quiere ser objeto. Incluso finge serlo, para ahorrarse decisiones. La pasividad es la antesala del nihilismo, ese estado de espíritu en el que la desesperanza se convierte, por una suerte de compensación psíquica, en un acto de fe”.

No puedo fingir ni ser indiferente, no me resigno. Jamás renunciaré a mi libertad. Estamos ante una lucha espiritual y la multiplicación de penes que el subconsciente de Maduro aspira meter en cada niño y en cada escuela, es lo que combatimos.
No podemos flaquear, está prohibido.

El tiempo imperfecto del venezolano

Mencioné antes que soy hombre de mi tiempo, lo increpo con pasión cuando lo siento aborrecible. No me ando con refinamientos ni eufemismos. No escondo mis emociones ni disfrazo mi asfixia. Soy. Y mi tiempo imperfecto, humano, demasiado humano como venezolano, me empuja a vociferar mi irritación a tanta vergüenza madurista.

Mi tiempo imperfecto como venezolano, que no aspira a la santidad ni al éxtasis celestial, que siente y razona, que se duele y abochorna ante cada impudicia, calamidad y acto de crueldad del madurismo, me exige, me impele, me acorrala a exclamar mi rabia ante la violación moral que nos están completando. ¡Ya basta!

No recemos, resistamos y retemos. No seamos santos, no esperemos el tiempo perfecto de la devastación, seamos venezolanos imperfectos que viven con intensidad su tiempo y lo cambian.

Ha llegado la hora de decidir entre la santidad o la herejía rebelde.
Yo soy un apostata del madurismo, no joda.
¿Y tú?

@tovarr