Comer en la calle es todo un lujo

Con “la boca abierta” quedó Luisa Calderón cuando el mesonero de una pollera le dio la cuenta de lo que había consumido junto con sus tres hijos. 664 bolívares pagó la mujer, que, aseguró, sólo pidió pollo y medio, dos contornos y refrescos. “Menos mal me metí en una pollera, si entro a comer en otro tipo de restaurante el susto hubiese sido mayor”.

Almorzar o cenar en la calle durante un fin de semana era una de las costumbres del venezolano, sin embargo por la situación económica, la gente prefiere preparar “hasta casabe con atún” para “estirar los billetes”.

El salario mínimo se ubica en 2.257,21 bolívares. Con ello “es poco lo que se puede hacer”, según la doméstica Mirian Rojas, quien manifestó que con lo que ella y su marido devengan “apenas alcanza para el mercado”.

Más información en El Tiempo/Yeraldyn Vargas