Hollande se halla obligado a aguardar a su aliado estadounidense

El presidente francés François Hollande, determinado a golpear de inmediato a Siria, se halla ahora obligado a aguardar a su aliado estadounidense, y se enfrenta a una oposición que le pide una votación en el parlamento, como en Estados Unidos y Reino Unido.

Hollande, criticado en el ámbito interno por ser demasiado consensual, se ha revelado en cambio como ‘jefe de guerra’ en Malí, y luego frente a Siria, al declararse “determinado” a “castigar” al régimen de Bashar Al Asad.

Así, el jefe de Estado y de las Fuerzas Armadas estaba dispuesto a intervenir militarmente dos veces, en un período de ocho meses, en operativos en el exterior.

Pero Francia, convertida súbitamente en el mejor aliado de Estados Unidos tras la defección británica, corre ahora el riesgo de ir “a remolque” de Estados Unidos, tal como lo temía el ex primer ministro conservador François Fillon.

Tras el veto del parlamento británico a una intervención en Siria, Barack Obama anunció el sábado su decisión de consultar al Congreso. Los debates en las dos cámaras estadounidenses se iniciarán solamente el 9 de septiembre. La acción militar contra Siria, que parecía inminente, queda así pospuesta.

“Si Estados Unidos decide no intervenir, Francia no podría hacerlo sola, eso está claro, es necesaria una coalición para asegurar la legitimidad” de la operación, admitió la presidenta socialista de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional (Parlamento), Elisabeth Guigou.

En París, una fuente cercana al caso se inquieta: “cuanto más se aleje la sanción del 21 de agosto, menores serán sus efectos militares y políticos”, dice, aludiendo a la fecha del supuesto ataque del régimen con armas químicas, cerca de Damasco, que dejó centenares de muertos.

“Ya estábamos listos para actuar, pero es obvio que vamos a tener que seguir el ‘tempo’ de los norteamericanos”, añade una fuente militar, que lamenta de paso la exhibición retórica de los últimos días en torno a ese ataque anunciado. “Hemos gritado demasiado”, dice.

De momento, Hollande se enfrenta a una creciente presión política interna. El ejecutivo había previsto el 4 de septiembre en el parlamento un simple debate, sin votación.

Pero parte de la clase política pide más. El primer ministro francés Jean-Marc Ayrault recibirá el lunes a los principales responsables parlamentarios para informarles de la situación en Siria.

Para justificar su decisión de”castigar” a Siria, el gobierno francés desclasificará próximamente documentos secretos sobre el arsenal químico de Siria, indicó el domingo una fuente del ejecutivo.

Una reciente nota de los servicios de inteligencia franceses, revelada por el Journal du Dimanche, alude a “centenares de toneladas de iperita” (gas mostaza) y de “gas sarín” en poder del régimen sirio, cuyas reservas totales superan las 1.000 toneladas de agentes químicos.

¿Pero será suficiente? Algunos piden en efecto que se celebre en el parlamento una votación.

Después de que el ex primer ministro François Fillon y su correligionario Jean-François Copé, presidente de la UMP (derecha), advirtieran de los riesgos de una guerra, el centrista Jean-Luis Borloo exigió el sábado, poco después de la declaración de Obama, una “votación formal” en el parlamento francés.

Pero el gobierno socialista parece poco dispuesto a celebrar esa votación parlamentaria.

Guigou explicó que, según la Constitución francesa, el jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas posee la “responsabilidad de decidir” una intervención militar en el exterior, y puede prescindir para ello del acuerdo del parlamento.

A la espera de ese debate en el parlamento, Siria generaba ya el domingo por la mañana un duro enfrentamiento en la clase política francesa. El primer secretario de Partido Socialista en el poder, Harem Disidir, denunció el “espíritu de Munición” imperante según él entre los dirigentes de la oposición conservadora.

Era una alusión a los acuerdos de Munición de 1938, en los que franceses e ingleses cedieron a las reivindicaciones territoriales de Hitleriano en Checoslovaco, con la esperanza de preservar la paz.

Esas palabras fueron calificadas de “inmundas” por el jefe de fila de los diputados de la PUM, Cristian Jaco, quien exigió a Hollando que las condenara.