Daniel Castro Aniyar: A 10 kms. de la Libertad

Daniel Castro Aniyar: A 10 kms. de la Libertad

Franja de Gaza articulo

 

Estoy a 10 kilómetros de la libertad, junto a mi esposa y mis dos niños pequeños.  Aquí hemos recibido más 1000 cohetes durante dos semanas, en andanadas, todos con poder mortífero. Si Israel no tuviera cúpula de hierro, esto sería una horrenda catástrofe humanitaria. Tenemos 30 segundos para escondernos, en las madrugadas, 9 veces al día, bajo estruendos y pedazos de proyectiles que caen sobre la ciudad. Uno de ellos dio en un transformador y produjo un apagón. Los terroristas tratan de entrar por la playa de enfrente y por túneles, llenos de bombas. Estamos solo 10 Kms. de Gaza.





Un amigo uruguayo me contó la historia de sus amigos, miembros del Partido Comunista Uruguayo,  que se fueron a la URSS a finales de los años 50 a buscar la libertad. Pero se encontraron con el estalinismo. No les dejaron salir de la URSS, conocieron un pedazo del terror, pasaron hambre y temieron por sus vidas. Finalmente, el gobierno uruguayo logró hacerlos regresar. Cuando volvieron, sus camaradas no les creyeron, les acusaron a ellos de ser débiles ideológicamente. Perdieron años de sus vidas, perdieron dinero, sufrieron y perdieron sus amigos en Uruguay.

Galeano escribe que la Utopía es como el horizonte, que se aleja en la medida en que uno intenta acercarse a ella… para que, solo así, uno pueda moverse.

Eso está bien. ¿Pero qué sucede cuando en ese horizonte vive gente que sufre y que te dice “no vengas para acá”, “camina para otro lado” o, peor aun, “yo quiero ir allá de donde tu vienes… te ruego, sácame de aquí, sálvame la vida”?

Cuando tenía 19 años fui por tierra a Nicaragua, la cual ya tenía sus primeros 6 años de Revolución Sandinista. Volví lleno de esperanza, pues esa gente era como la utopía que soñaba para mi país. Trabajé en escuelas en zonas de guerra, al Norte de Matagalpa,  y soñaba en rojinegro. Sin embargo, 6 años después tuve un amigo nicaragüense decepcionado y asqueado del Sandinismo, refugiado en Canadá. Se escondía en la marihuana y me advertía: olvídate de eso. Yo no quise creer y lo acusé de ser ideológicamente débil.  Luego supe que tuvo razón. La corrupción se había comido a la utopía. Perdí tiempo e impedí la evolución de mis hermanos nicaragüenses.

Montones de personas hoy marchan con una bandera de Palestina, acusan a Israel de una masacre, de ser racista y de contar con la anuencia de los intereses imperiales. Se ponen una bufanda palestina porque la “resistencia” palestina es el ejemplo. Serán mejores, serán buenos, será justo, habrá convivencia, eso creen. Pero se refieren a Hamas. A los que nos tiran los 1000 cohetes en dos semanas.

Hamas, los mismos que la ACNUR para Palestina y Medio Oriente, eternos adversarios de Israel, denunciaron de haber guardado 20 cohetes debajo de una escuela infantil que la propia ACNUR construyó y mantiene. 20 cohetes que cuestan mucho más que esa escuela y sus maestros. 20 cohetes para tratar que Israel mate a sus niños, a sus propios hijos, sus hermanitos musulmanes de 10 años, los hijos de sus vecinos en la pequeña Gaza.

Hamas, los mismos que matan homosexuales, los que le piden a sus militantes que se monten en los techos para que Israel no bombardee un refugio terrorista. Los que usan los refugios para ellos mismos y sus armas, y no para la gente, expuesta a ser reventados. Los que no dejarían nunca un judío vivo, sin importarles más nada. Los que matan cristianos. Los que asesinaron a sus hermanos palestinos de Al Fatah, tirándoles de los techos y les quitaron el gobierno. Los que son comandados desde la cómoda y lujosa casa de su líder en Qatar. Los que hacen negocios con la ayuda internacional, las donaciones y el tráfico de armas. Los que desaparecerían el hambre y la desolación educativa de su pueblo por 7 años si solo hubieran invertido ese arsenal de 10.000 cohetes. Los que usan un arsenal de destrucción masiva contra cosas “insignificantes”, como la población civil israelí o palestina, el Parlamento Israelí y la Central Nuclear de Dimona.

Esta misma mañana que escribo, 100 mil personas del barrio palestino de Shuya’iyah huían por las calles de Gaza, haciendo al fin caso a las insistentes advertencias israelíes de evacuar  el sitio. Pero Hamas les amenazó a quedarse en el medio del fuego cruzado, como rehenes en masa a disposición de unos asesinos enloquecidos. Desde Shuya’iyah salieron 150 cohetes contra la población civil de Israel. Desde Shuya’iyah salieron hoy el centenar de muertos que atestaron las morgues palestinas, incluyendo los 14 soldados israelíes.

Hamas hoy es la liberación, dicen los que manifiestan. La libertad está en Gaza, dicen. No en la Autoridad Palestina dirigida por Abbas. Menos aún en Israel, la única Democracia del Medio Oriente,  pero que desde lejos luce como un cíclope irracional.

Los manifestantes oyen atentos a sus enviados europeos a Gaza, a los nuevos John Reed, Regis Debray y Cardenal, con la diferencia de que en tiempos de la Web 2.0 ya no es necesario. Las declaraciones de aniquilamiento de Israel, los llamados a la población a servir de escudos humanos, los niños preparándose a ser mártires en nombre de Alá, cuando realmente es en nombre de Hamas, los llamados a muerte de judíos y cristianos… todo ya está en Youtube.com o en Memri.org.

¿Podrán escucharme esta vez?

Yo estoy a 10 Kms. de la liberación que dicen. Mi familia escucha la guerra todas las noches, allá y acá. Yo les digo, no vengan para acá, caminen para otro lado. Aquí tampoco está la Libertad. Los Palestinos quieren salir de aquí. Y por favor, ayuden a salvarles la vida. Se lo agradecerán ellos, sus hijos y nosotros mismos, cuando nos pongamos en su pellejo.