¿Tiene futuro nuestra industria petrolera? por Alberto Quirós Corradi

¿Tiene futuro nuestra industria petrolera? por Alberto Quirós Corradi

(Foto archivo)
(Foto archivo)

 

Les traemos un excelente análisis que Alberto Quirós Corradi (1931-2015) publicó en el diario El Nacional en tres entregas sucesivas, el mes de julio de 2014. Este fue uno de los últimos artículos que Quirós le dedicó a analizar la industria petrolera nacional, donde desarrolló una carrera estelar. Recomendamos ampliamente su lectura

 





¿Tiene futuro nuestra industria petrolera?

 

En una pequeña reunión de petroleros de los de “antes”, Arnold Volkenborn nos hizo una presentación del futuro de la industria petrolera venezolana que recoge información dispersa y la organiza de manera tal que las premoniciones fatalistas que todos teníamos se convierten en algo que se aproxima casi a una certeza, aunque el futuro tiene tantas incertidumbres que, por lo general, nos equivocamos en las predicciones.

Para reforzar el concepto de la incertidumbre del futuro, recordamos que hace 10 años los expertos pronosticaban que nuestro continente (Norte, Centro y Suramérica) sería, por siempre, importador neto de unos 6 millones de barriles diarios (b/d) de hidrocarburos.

Desde entonces ha habido una revolución tecnológica. 1) Se desarrolló la perforación horizontal que permite acceder con un pozo vertical a horizontes de varias arenas de producción para la cual se requería antes hasta de 24 pozos. 2) Se desarrolló una tecnología que permite perforar “costa afuera” a grandes profundidades. 3) Se desarrollaron tecnologías para “fraccionar” las lutitas y extraer gas y petróleo en abundancia que hasta hace poco no podían producirse. Los resultados han sido espectaculares. En Estados Unidos el petróleo de lutita es ya (2013) 2,7 millones (b/d) y 7,4 millones (b/d) de petróleo convencional. Para 2017 se calcula que se producirán de lutita 5 millones (b/d) y 10,4 millones (b/d) de petróleo convencional. Lo cual lo convertirá en el mayor productor del mundo y en exportador neto.

Por su parte, Canadá producirá de sus arenas bituminosas 5,8 (b/d) para el año 2030 (1,8 millones b/d en la actualidad) Gran parte de esta producción estará interconectada a través de oleoductos (muchos ya existentes) con Estados Unidos pero tendrá que buscar también otros mercados. Mientras todo esto se desarrolla Venezuela redujo sus exportaciones a su mercado natural (Estados Unidos) de 1,5 millones (b/d) a 700.000 (b/d). Brasil planifica producir entre 3 millones y 4 millones (b/d). México ha abierto su industria al capital extranjero. Argentina ha incrementado su producción de gas, natural y de lutita. Colombia posiblemente llegue a producir 1 millón (b/d). Perú exporta gas a Chile. Todo lo cual apunta a que América del Sur no solo será autosuficiente a corto plazo, sino que tendrá capacidad de exportación.

Los expertos apuntan a que en el mundo podría haber, en el relativo corto plazo, una oferta mayor que la demanda, lo cual plantea lo que haría, en ese caso, la OPEP; ya esta organización ha reducido su expectativa de producción de 31.000 millones (b/d) a 30.000 millones (b/d) en 2020, lo cual visto desde la perspectiva de hoy parece optimista.

No incluiremos cifras para el gas pero las conclusiones son las mismas que para el petróleo. Habrá gas en abundancia y ya Estados Unidos ha comenzado a exportarlo. El desarrollo atrasadísimo del gas costa afuera en Venezuela ya no encontrará mercado si alguna vez se terminan los proyectos actuales. (Estados Unidos está transformando los terminales para recibir gas licuado en puertos para exportarlo).

Hay mucho pero mucho más. No hemos mencionado las energías alternas que tarde o temprano reducirán la demanda por hidrocarburos. Pero, lo expuesto es suficiente como para concluir que: 1) Será difícil desarrollar la faja petrolífera del Orinoco para producir petróleo crudo comerciable, para lo cual se necesita de mejoradores que, si empezamos hoy a construirlos, tardarán por lo menos 6 años para que estén operativos. 2) El gas costa afuera tendrá que utilizarse en Venezuela y será mucho más costoso que el gas asociado que producimos actualmente y que ya no nos alcanza. 3) Tenemos, todavía, petróleo liviano y mediano más fácil de comercializar que el de la faja, pero no hay ni exploración ni recuperación de pozos abandonados. 4) Venezuela perdió el prestigio que conservó por muchos años de suplidor “seguro y confiable” y buen pagador por los servicios que recibía su industria petrolera. 5) ¿Qué mercados tendrá Venezuela si nuestro continente no solo será autosuficiente sino un exportador neto de energía? Nos queda China y la India, ¿podemos competir para esos mercados con el Medio Oriente y el norte de África, cuando se cierre el mercado de Estados Unidos?

Este régimen nos destruyó el presente. Parece que también nos confiscó el futuro.

 

Mi artículo de la semana pasada sobre el mismo tema produjo ciertas reacciones, casi todas positivas, sin embargo, algunos estuvieron en desacuerdo con la posibilidad de que en el futuro, no muy lejano, exista una sobreoferta. Insisto en que “ese” es un escenario posible por las razones dadas allí.

Hay otros escenarios que no definí, pero advertí en la introducción que “el futuro tiene tantas incertidumbres que, por lo general, nos equivocamos en las predicciones”.

Nelson Hernández, cuyo criterio respeto mucho, ha calculado que tenemos todavía 15 años para producir-colocar unos 3,5 millones de barriles diarios (b/d), que coincide con lo que lo que “asigna” la OPEP.

En los años sesenta la Shell Internacional diseñó la planificación por escenarios y la exportó a su filial en Venezuela (CSV).
Tuvimos el privilegio de pertenecer al primer grupo entrenado en esa disciplina. Una de las conclusiones a las cuales llegaron sus expertos era que un país productor de petróleo, con reservas suficientes, siempre debería invertir para tener un potencial de producción mayor que la demanda estimada, porque esta, por lo general, era afectada por sucesos inesperados (guerra, decisiones políticas, catástrofes de la naturaleza) que reducirían la oferta y, entonces, se podrían colocar, aunque fuera por poco tiempo, el excedente de producción a precios superiores a los “normales” y la inversión se recuperaría. Arabia Saudita es un buen ejemplo de esta estrategia.

Creemos que tanto Estados Unidos como Canadá cumplirán con sus planes y combinados serán autosuficientes y exportadores. Brasil tiene problemas con su economía y podría no llegar a producir de 3 millones a 4 millones b/d. México abrió algo su industria petrolera a la inversión privada pero todavía esa decisión tiene mucha oposición política. Argentina tiene grandes reservas de gas pero no sabemos cuál gobierno sustituirá a los Kirchner. Quizás la incertidumbre mayor es la explosiva situación presente y futura del Medio Oriente. Una interrogante es: ¿Si Estados Unidos no necesita petróleo de esa región, continuará gastando enormes cantidades de dinero para tratar de impedir que pierda su frágil estabilidad actual?

Así como puede haber oportunidades, también hay otros peligros. El gas, paulatinamente, sustituirá el petróleo en múltiples industrias, sobre todo en la generación eléctrica. El automóvil eléctrico está progresando rápidamente. Los países desarrollados siguen en la búsqueda de energías alternas y todo eso tiende a disminuir la demanda por petróleo, amén de que no se anticipa un crecimiento económico fuerte en los grandes consumidores de energía pero los países en desarrollo siguen aumentando su demanda y allí podría estar la compensación por la baja.

Ante las incertidumbres mencionadas toma fuerza la estrategia de tratar de aumentar la producción nacional lo más rápido posible, para lo cual se requiere dar un sacudón a la política petrolera actual. Muchos de nuestros expertos han sugerido diversos modelos para una política petrolera. El gran problema es que la solución es urgente y requiere no solamente de conocimientos técnicos y económicos sino de una enorme voluntad política y es, en esto último, donde creemos que “el juego está trancado”. Este régimen no tiene ni conocimiento, ni acceso a los capitales requeridos ni voluntad de cambio. Pero lo más grave es que nuestros jóvenes políticos que, algún día, detentarán el poder, tampoco parecen tener ideas novedosas. López tenía un plan imposible de cumplir de 10 millones de barriles diarios de producción. Capriles dijo que solo iba a despedir al presidente de Pdvsa, lo cual sugiere su continua estatización.

A menos que nos quitemos ya esas telarañas ideológicas que obligan a los políticos, viejos y jóvenes, a decir en público lo que ellos creen que el pueblo quiere oír, este país, con o sin petróleo, no tiene futuro. Imposible progresar bajo un régimen cuyos poderes públicos lo que comunican son sandeces atrasadas y una oposición que no le da la cara al desplome nacional y sigue “cuidándose” porque todavía cree que apoyarse en el sector privado y buscar un cambio rápido, tiene un costo político. ¡Por favor!

PD: Hay que recuperar palabras como capitalismo, meritocracia, productividad, privatización, competitividad, riqueza, empresarios y enterrar bolserías como socialismo del siglo XXI, comandante eterno, empresas básicas, gobierno de calle, gobierno cívico-militar, empresas socialistas.

 

Esta debe ser, por ahora, la última entrega de una trilogía que comenzamos en El Nacionaldigital, hace dos semanas. Hemos recibido varios comentarios. Uno que consideramos importante por venir de un petrolero que sigue activo como consultor. Básicamente, nos argumenta que la Faja Petrolífera puede todavía desarrollarse y competir, por ejemplo, con el crudo de las arenas bituminosas de Canadá. Que el gas Costa afuera también podría competir gracias a la nueva tecnología que permite licuarlo en los mismos buques en que lo transportan. Que América del Sur puede ser todavía un mercado porque sus reservas son bajas para la población que alberga. Que no es seguro que tengamos reservas de crudo liviano y mediano y que las exploraciones a riesgo por esos crudos que se hicieron durante la Apertura resultaron poco menos que un fracaso.

No soy ingeniero petrolero, a pesar de que algo aprendí de producción y refinación en mis 32 años en la industria. Pero lo mío es política petrolera, planificación y comercialización. De manera que sostengo que, aunque todo lo anterior fuese cierto y que todavía tenemos un ventana de oportunidades de 15 años (Nelson Hernández dixit) o algo más, el futuro de nuestra industria petrolera cuelga de un hilo muy delgado. Peor aún, lo que está en juego es el futuro del país porque, hagamos lo que hagamos, los ingresos que producirá el petróleo, por sí solos, no alcanzaran para financiar la recuperación del desastre que nos dejará este régimen.

Supongamos que aumentamos la producción y comercializamos todo. La pregunta es ¿cuánto de esas ventas ingresarán al Fisco nacional? Pdvsa está endeudada criminalmente y tiene que pagar con petróleo dinero que no ha ingresado a sus arcas. El país está también a punto de entrar en “default” con sus acreedores externos y, si quiere cumplir, entonces pagará y dejará al país ayuno de dólares.

Aparte de los peligros mencionados en mis 2 artículos anteriores, hay 3 que se quedaron afuera. 1. ¿Dónde están los recursos humanos que requerimos para, aunque sea, vigilar la operación petrolera? Porque si de operar directamente se trata, olvídense. 2. ¿Habrá disponibilidad inmediata de equipos como taladros, tubos de perforación, aceros para tanques, químicos, etc, que se requieren para operar y construir la infraestructura necesaria para un aumento rápido e importante de producción? 3. Cada día la protección ambiental tiene más fuerza y por supuesto, cumplir con lo ineludible, será costoso.

Lo anterior, es lo técnico. Evaluemos lo político. ¿Este régimen o el que lo reemplace va a cambiar las leyes y la idiosincrasia popular para llamar a las empresas multinacionales con tecnología y dinero, incluyendo a los chinos, si es que ya no lo han hecho con estos últimos y decirles: aquí está la Faja, aquí están algunas áreas donde puede haber petróleo liviano y mediano, encárguense de todos los costos y páguenme una regalía razonable, el impuesto sobre la renta y, si están dispuestos, dennos un bono para entrar al negocio? Además, hay que privatizar las empresas de Guayana, incentivar a la industria privada en agricultura, industria metalmecánica, servicios a la industria petrolera, turismo y, lo más importante, desarrollar una educación moderna que desde el preescolar rescate la enseñanza de valores basados en la educación socioemocional, psicología positiva, aprendizajes de las neurociencias aplicadas a la educación, bioética y neuroética. No solamente no nos hemos puesto al día con las nuevas investigaciones de las ciencias y los dilemas morales que producen sino que nos hemos atrasado. Nuestra máquina del tiempo educativa solo sabe retroceder.

Para no caer en el foso más profundo del Tercer Mundo, tenemos que reaccionar ya y no hay voluntad política para hacerlo ni en el régimen ni en la mayoría de la oposición ni tenemos un pueblo educado que entienda la gravedad de lo que nos espera.

En resumen, con las deudas que tenemos, con el atraso tecnológico y educativo. Con la inseguridad y la corrupción. Con el desprestigio internacional que hemos acumulado, si no convocamos a una verdadera revolución ya y nos resignamos a unos años duros para recuperarnos y empezamos a producir bienes no petroleros, no tendremos futuro. Aunque haya un milagro que duplique los precios petroleros veremos enriquecerse a los que han invertido para aumentar su producción y nosotros seremos meros espectadores.

PD: El ciclo del petróleo en Venezuela se cerró. Hoy tenemos que, otra vez, llamar a los que “saben” y tienen recursos financieros para que se encarguen del negocio. ¡Como cuando Gómez! (Si creen que exageramos, oigan el discurso de Maduro entregándole el país al presidente de China)