La historia del cubano que llegó a Venezuela y halló una oportunidad en la crisis fronteriza

La historia del cubano que llegó a Venezuela y halló una oportunidad en la crisis fronteriza

LeobelSanto

Los miles de colombianos que han sido deportados de Venezuela o que han regresado de manera voluntaria a Colombia no pueden evitar la tristeza, el dolor y la resignación de tener que renunciar a lo que construyeron durante tantos años.

Por el río Táchira -que divide a Cúcuta de San Antonio del Táchira (Venezuela)- pasaron las mujeres que, llorando, tuvieron que dejar a sus hijos en el país vecino, las familias que vieron cómo marcaron sus casas con la letra D (demoler); los niños que no pudieron rescatar ni un juguete; y los enfermos que no salvaron ni siquiera sus medicamentos.





Aunque la frontera se convirtió en un doloroso adiós para los colombianos que vivieron en territorio amigo, fue también la puerta de salida, la salvación y la oportunidad para otros. Es el caso de un cubano, uno de los tantos que llegó de Cuba a Venezuela bajo la sombra del programa Misión Médica Cubana.

Desesperado por huir de Venezuela, Leobel González se coló en medio de los connacionales que salieron temerosos de San Antonio. Cuando pasó el río y pisó territorio colombiano, supo en realidad lo que significaba libertad.

Un sueño que se esfumó

Leobel llegó al municipio de Valera en el estado de Trujillo el 10 de diciembre de 2014, como parte de la Misión en el vecino país. Un proyecto que surgió en 2004 y que consiste en que Cuba envía profesionales de la salud a Venezuela, y Venezuela envía petróleo y dinero a la isla.

El objetivo de este cubano era ganar experiencia, ayudar a los venezolanos, tener una vivienda, un alimento y la oportunidad de homologar su título profesional. Pero la realidad fue otra.

“Pensé que tendría un contrato normal y sería un ciudadano más, pero no. Me humillaban y decían que llegamos solo a quitarles la comida. En los supermercados no nos vendían nada porque no éramos venezolanos, entonces nos tocaba conseguir alimentos a través de los mercales (una especie de tienda ambulante)”, expresó.

Eso no era todo. Según Leobel no podía salir del barrio donde vivía por miedo a la violencia y porque siempre había alguien controlando las salidas de los médicos cubanos. Además, el lugar de residencia no tenía condiciones dignas.

“Cómo es posible que con nuestro trabajo le demos tanta plata a Cuba y durmamos en una cama desbaratada. Eso no es justo”, renegó Leobel.

Desde que llegó sintió el peso del régimen. Tras de que solo le pagaban 3.500 bolívares, le querían bajar el sueldo cuando empezó a involucrarse sentimentalmente con una venezolana. ¿Por qué? Ni él mismo sabía.

En Venezuela no tenía amigos, no podía salir a la calle, la comida escaseaba y trabajaba cerca de 15 horas diarias de lunes a domingo. Su vida se convirtió en un infierno.

Llevaba tan solo cuatro meses de misión y ya no quería continuar. Estaba tan desesperado que renunció en abril de este año y huyó de Valera al municipio Sabana Grande.

“Me encontré con un paciente que atendí tiempo atrás y le pedí que me guardara algunas cosas mientras buscaba una vivienda. Él me dijo: ‘tranquilo, puede quedarse acá’. Ahí viví hasta finales de junio, cuando intenté cruzar la frontera por primera vez”, contó.

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