El drama del éxodo de puertorriqueños hacia EEUU se agiganta

El drama del éxodo de puertorriqueños hacia EEUU se agiganta

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Ante la falta de oportunidades en Puerto Rico, la familia de Maritza Alameda tomó la decisión de mudarse a Florida. Su caso es demasiado común: el éxodo masivo de puertorriqueños hacia Estados Unidos sigue en aumento y ya alcanza cifras récord. El Nuevo Herald

El año pasado, unos 83,844 puertorriqueños salieron de la isla hacia Estados Unidos, una cifra récord que no se registraba desde la década de 1950, cuando se dio lo que se conoce como la “gran migración” luego de la Segunda Guerra Mundial, señaló un informe del centro de investigación Pew divulgado en días pasados.

Los habitantes del estado libre asociado a Estados Unidos no han desperdiciado la oportunidad que les brinda ser ciudadanos norteamericanos para buscar una vida mejor que no encuentran en Puerto Rico, agobiado desde hace una década por una persistente recesión económica y una gigante deuda pública que el propio gobierno de San Juan reconoce impagable.





Las historias se suceden una tras otra.

Al quedarse sin empleo, Abimael Rivera, esposo de Maritza, se fue a Orlando, Florida (sureste de EEUU) a probar suerte. Una vez que consiguió trabajo como camionero, su mujer y sus dos hijos se le unieron.

En Puerto Rico “no hay trabajo pero las cosas aumentan de precio, imagínate, ¿cómo se puede vivir?”, se pregunta Alameda, de 42 años. No ha sido fácil este primer año en Florida: “Yo lloraba todas las noches”, confiesa.

Por su parte, Laura Homar, de 55 años, “se desenamoró” de la isla y la abandonó en 2013.

“La crisis económica trae más crimen, trae más dificultades, hay mucho médico que se va de Puerto Rico, y para recibir ayuda médica es muy difícil, el costo de la comida, del seguro médico, la electricidad es ridículamente cara, las utilidades básicas son extremadamente caras…”, enumera.

“Todo el mundo me dice: ‘lo mejor que hiciste fue irte’”, señala Homar, que dice vivir ahora “feliz” trabajando como traductora ayudando a hispanos en hospitales y cárceles en Minneapolis, Minnesota (norte), donde reside junto a su hija mayor, su novio y su perra Fiona.

El éxodo a Estados Unidos “viene registrando un aumento” desde hace una década, pero “el año pasado aparentemente rompió todo récord”, dijo Jorge Duany, profesor de la Florida International University y experto en los procesos migratorios de Puerto Rico.

En 2006 se constató por primera vez que había mas puertorriqueños fuera de la isla que en ella. Actualmente, unos 3,5 millones de personas viven en Puerto Rico y 5 millones en Estados Unidos continental.

La tendencia no se detiene: el censo proyecta que no más de 3 millones de personas vivirán en Puerto Rico para 2050.

El éxodo trae todo tipo de consecuencias negativas para Puerto Rico, coinciden los expertos.

“Ha habido un declive en el número de niños en los colegios, existe un alto desempleo (11,6%) en comparación con Estados Unidos continental (5,1%), la tasa de fertilidad en la isla es menor que en Estados Unidos continental”, indica Jens Manuel Krogstad, el autor del informe del instituto Pew.

La población envejece, porque los que tienden a migrar son los jóvenes, y en el plano económico menor cantidad de habitantes significa menor consumo, dice Duany.

“Es una especie de círculo vicioso, porque con menos consumo, hay menos actividad económica y más incentivo para salir del país”, lamenta el experto.

“Esto puede convertirse en un ciclo difícil de quebrar”, advierte Krogstad.

Los gobiernos puertorriqueños, dice Duany, no logran instaurar “un modelo de desarrollo económico que sustituya al que parece haberse agotado, que era el de la industrialización dependiente de inversiones de capital de Estados Unidos”, que desde 2006 se descalabró con el fin de un sistema de exoneración fiscal para empresas norteamericanas.

Por lo pronto, Puerto Rico debería tratar de incentivar el regreso de la diáspora, agrega Duany.

Pero la tarea podría ser complicada.

“Cuando regresé (a Puerto Rico) en julio, estuve allí tres semanas, yo me di cuenta de que yo no podía volver, que yo no quería, que no me veía regresando a vivir a Puerto Rico después de vivir en un país cuya infraestructura funciona tan bien, yo no vuelvo”, sentencia Laura Homar.