La revista The Economist acerca de Venezuela: “Por las buenas o por las malas”

La revista The Economist acerca de Venezuela: “Por las buenas o por las malas”

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La prestigiosa revista inglesa The Economist ha publicado en su versión impresa un análisis sobre la situación nacional en la ya recta final hacia las elecciones de los nuevos diputados a la Asamblea Nacional. Titulado en su versión original en inglés “By hook o by crook”  el análisis destaca que el régimen de Maduro “está en un feo estado de ánimo de miedo”





The Economist | Traducción libre del inglés por lapatilla.com

El presidente de VENEZUELA, Nicolás Maduro, admite que las elecciones parlamentarias del 06 de diciembre “podría ser las más difíciles” que el gobierno ha enfrentado desde que Hugo Chávez, su mentor, llegó al poder tras unas elecciones en 1998. El Sr. Maduro, tal como Chávez, afirma ser líder de una revolución “anti-imperialista“. Sin embargo, su legitimidad se deriva exclusivamente de las urnas. La popularidad de Chávez se vio impulsada por una bonanza petrolera, que él regó en la Venezuela descuidadamente pobre. Esto le ayudó a ganar unas tres elecciones más, por un amplio margen, antes de morir de cáncer en 2013. Poco después, el Sr. Maduro ganó por apenas 1,5 puntos porcentuales la elección presidencial que la oposición denunció como fraudulenta.

El Sr. Maduro, un ex conductor de autobús, no sólo carece del carisma de Chávez y sus habilidades políticas, sino también de su suerte. La caída del precio del petróleo, además de años de mala gestión corrupta han afectado muy duro a Venezuela. El gobierno dejó de publicar las estadísticas económicas hace meses. El FMI prevé que la inflación llegará a 190% y la economía se contraerá un 10% este año (después de una caída del 4% el año pasado). Las importaciones se han reducido en más de un 40% desde 2012, reconoce Francisco Rodríguez, un economista venezolano del Bank of America. A pesar de grandes aumentos de precios, muchos bienes son escasos. “La gente está realmente harta de tener que hacer cola para todo“, dice un residente que las sufre en Caracas.

El descontento ha llevado a un colapso sin precedentes del apoyo popular al chavismo. Según Datanálisis, una encuestadora que predijo con exactitud las victorias de Chávez, el índice de aprobación del señor Maduro se ha reducido a 22% y la oposición supera al gobernante Partido Socialista Unido (PSUV) y sus aliados por 28 puntos porcentuales.

El Sr. Maduro reitera que la “revolución” ganará “como sea” (por las buenas o por las malas). El gobierno ha gerrymandered distritos electorales para dar más escaños a las zonas rurales donde el PSUV es fuerte: seis estados urbanos con el 52% de los electores elegirán sólo 64 diputados; los 18 estados restantes elegirán 100. En septiembre, después de que contrabandistas se enfrentaron con el ejército, el Sr. Maduro declaró un “estado de excepción” en la frontera con Colombia. En esas áreas, las cuales elegirán 19 legisladores, la campaña está restringida, lo que perjudica a la oposición.

El gobierno se ha negado a permitir la presencia de observadores electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA) o de la Unión Europea. Una misión de “acompañamiento electoral” de la Unión de Naciones Suramericanas se ha teñido de dudas después que Venezuela rechazó al representante de Brasil. En un hecho sin precedentes, mediante una carta de 18 páginas a la autoridad electoral de Venezuela publicada el 10 de noviembre, Luis Almagro, el secretario general de la OEA, pinta un panorama devastador acerca del campo inclinado sobre el que debe jugar la oposición. El Sr. Almagro, anteriormente un político de izquierdas del Frente Amplio de Uruguay, advierte de que la oposición carece de condiciones “justas” y denuncia los abusos del partido gobernante de los recursos del Estado.

Siete líderes de la oposición están impedidos de ser candidatos. Uno de ellos, Leopoldo López, está en la cárcel (condenado a casi 14 años por “incitar a la violencia”), es el primer caso en América Latina desde la dictadura militar de Uruguay en 1984, donde un líder de la oposición es encerrado durante una elección, señala el Sr. Almagro. El mes pasado, uno de los dos fiscales del caso huyó a Miami donde dijo que las pruebas contra el Sr. López fueron fabricadas. La autoridad electoral ha puesto al lado de la coalición de la oposición en la boleta electrónica a un partido escindido a favor del régimen con un nombre y el logotipo similar. En un estado, un candidato de ese partido tiene el mismo nombre que un líder de la oposición. El gobierno ha paralizado a medios de oposición, por ejemplo, con la no renovación de licencias de radiodifusión.

La propaganda del régimen está dirigida a la fabricación de amenazas y a la generación de miedo. Se culpa de los problemas de Venezuela a una “guerra económica” diseñada por la oposición y los Estados Unidos. El 10 de noviembre dos sobrinos de la esposa del Sr. Maduro fueron detenidos en Haití para enfrentar cargos de tráfico de drogas en los Estados Unidos, lo que prenderá el ventilador de las teorías de conspiración.

A medida que la oposición sube en las encuestas, algunos analistas en Caracas piensan que podría ganar la mayoría de tres quintas partes de la asamblea legislativa necesaria para reducir algunos de los poderes del Sr. Maduro. El gobierno reconoce tácitamente la posibilidad de la derrota: se presionó recientemente a 13 jueces del Tribunal Supremo a la jubilación anticipada, para que puedan ser reemplazados antes que la nueva asamblea se reúna en enero.

El Sr. Maduro habla oscuramente de “gobernar con el pueblo” si pierde. Esto sugiere que buscaría pisar el acelerador y pasar por alto la asamblea. Pero todo indica que “el pueblo” ya no está con él. Si él bloquea el cambio pacífico, puede asegurarse que la frustración conduce a la violencia.

 

A partir de la edición impresa Las Américas