Sectores E y D tienen los peores índices económicos y sociales de la era petrolera

Sectores E y D tienen los peores índices económicos y sociales de la era petrolera

 REUTERS/Carlos Garcia Rawlins
REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

La Red por la defensa al Trabajo, la Propiedad y la Constitución se pronunció sobre la situación económica que atraviesan las familias venezolanas, más aún aquellas de estratos D y E donde el consumo de carne es de menos de un kilo por persona al mes y de leche de unos 3 litros.

Asimismo, advierte que en un año los niveles de pobreza han aumentado a más del 50% y que en la medida que el suministro de alimentos de las redes públicas disminuye, se le complica la capacidad adquisitiva de esas familias.

A continuación, el texto.





Cuando analizamos la situación socio-económica que afecta a la familia Venezolana. Nos encontramos que son los más críticos desde que se empezaron a llevar los índices económicos a partir de la creación del departamento de estadísticas en el Ministerio de Fomento en 1920 y posterior creación del Banco Central en 1937.

Preocupa el acelerado empobrecimiento de las clases de menos ingresos que son la E y D que conforman más de tres cuartas partes de la población. Estimamos sus ingresos familiares mensuales totales por debajo del costo de la canasta alimentaria. Haciéndolos altamente dependiente de tener que adquirir sus alimentos o buena parte de ellos en Mercal, PDVAL, Bicentenario. Lo cual les complica su capacidad de alimentarse adecuadamente al tener que depender y no poder obtener estos alimentos subsidiados, ya que la evidente baja en la capacidad de suministro de estos productos en las redes públicas distribuidora de alimentos a afectado la capacidad de consumo de estos sectores de menos ingresos de la población, ya que si no obtienen sus alimentos o la mayor parte de ellos en las redes públicas distribuidoras de alimentos, se les limita y se hace casi imposible obtenerlos en las cantidades adecuadas en otros centros de distribución donde su precio es superior varias veces. La caída preocupante en la cantidad de toneladas de alimentos de las redes públicas está muy por debajo de los años anteriores ante la evidente y dramática reducción en el volumen importado, así como la continua baja en la producción nacional.

Estimamos los niveles de pobreza de la clase E, que son la mitad de los venezolanos, en un 70 por ciento de su total. Es la más afectada por la inflación al ser la que menores ingresos reciben al mes. El no poder obtener las cantidades necesarias de alimentos de las redes públicas le complica aún más su capacidad de alimentarse, su consumo de carne es de menos de un kilo por persona al mes y de leche de unos 3 litros; estando por debajo de los niveles mínimos nutricionales acorde con la organización mundial de la salud. Sus ingresos mensuales, los cuales estimamos en promedio en dos salarios mínimos o menos, son gastados casi en su totalidad en la compra de alimentos, estando mayormente afectados sino adquieren estos productos en las redes públicas a precios subsidiados.

En la clase D que son más de la cuarta parte de los venezolanos, la mitad (50%) de estas familias son pobres, al estar sus ingresos mensuales en promedio en tres salarios mínimos; gastando en alimentos más del 70 por ciento de estos ingresos. Su consumo promedio de carne es de un kilo al mes.

Estimamos que la pobreza en este sector de la población ha aumentado en más del 40 por ciento en el último año.

Nuestras estimaciones nos dan que combinando la compra de alimentos de la mitad del consumo en las redes públicas y el resto en los demás abastecedores. Un promedio por encima de los 40.000 bolívares al mes para las necesidades mínimas de una familia de 5 personas.

En un año los niveles de pobreza han aumentado a más del 50 por ciento. Lo cual nos indica la complejidad que afectan a esta mayoría de venezolanos.

En la medida que el suministro de alimentos de las redes públicas disminuye, se le complica la capacidad adquisitiva de esas familias.

A todo esto, se hace evidente la reducción de las importaciones y la producción nacional. Sobre todo en las tierras y empresas públicas donde a pesar de los grandes recursos otorgados y utilizados no se logran niveles adecuados de producción. La interrogante está en que la capacidad instalada para producir alimentos del complejo público no alcanza a cubrir el consumo nacional. Lamentablemente su aporte es menor a un 20%; siendo esta la principal razón del desabastecimiento. Esto le complica aún más la situación a las familias de menores ingresos, al tener que adquirir una mayor parte de su consumo a precios de mercado. Observando un aumento preocupante en las limitaciones para alimentarse adecuadamente.

Hoy las familias de menores ingresos han visto desmejorar su situación socio-económica a niveles históricos críticos; lo cual, demuestra los efectos inflacionarios (por la política monetaria expansiva del Banco Central) sobre sus ingresos. El aumento constante de precio reduce día a día su capacidad adquisitiva. Esto, unido al creciente desabastecimiento nos indica un complejo panorama para los venezolanos de menores ingresos quienes constituyen más de las tres cuartas parte de la población.

En los más de 100 años de producción petrolera del país, nunca los venezolanos hemos estado sometidos a tan compleja situación para adquirir nuestros alimentos. Estos niveles de desabastecimiento no existieron ni aun durante la segunda guerra mundial, donde el país por ser productor de petróleo sufrió el bloqueo de sus costas.

Esto unido a un constante y angustiante aumento del costo de vida, así como a la reducción de la producción nacional de alimentos y capacidad importadora por la falta de dólares. Nos coloca dentro de los pocos países del mundo con tan dramáticos índices socio-económicos.