Un cumpleaños también es un año menos, por Armando Martini Pietri

Un cumpleaños también es un año menos, por Armando Martini Pietri

ThumbnailArmandoMartiniPietriAgo2015Cuando quien suscribe nació, Fidel y Raúl Castro llevaban años fastidiando y, sobretodo, engañando a los cubanos. No han de creer los menores de 60 años que la férrea e implacable tiranía castrista comenzó cuando los barbudos bajaron de las pequeñas montañas cubanas a las ciudades y especialmente a La Habana. Como detalle, Fidel no entró el 1° de enero de 1959 al frente de sus tropas, sino días después, una vez ocupada la capital y seguro de que Fulgencio Batista, el super sargento, había huido. No se llega a los 90 siendo imprudente.

El Caballo –como también se conoce- cumplió años empeñado en no morirse, recordando cuántos amigos ha visto morir. Y no sólo Hugo Chávez; miles de estudiantes entusiastas lanzados a guerrillas suicidas, militares de gobiernos rebeldes, bandidos, tiranos feroces, ladrones, asesinos, demócratas ingenuos de África y Latinoamérica, continentes capaces de aguantarlo todo. Y eso para no comentar de camaradas personales a los cuales unos afirman dejó morir y otros que envió a la tumba, como Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara; o Huber Matos, a quien por cuestionar sus actitudes sepultó años en cárceles infames, sólo algunos ejemplos de una sangrienta retahíla de víctimas que mancharía este articulo.

Tras años de escaramuzas y combates en la sierra -menos implacable y densa que las selvas venezolanas a las cuales después se metieron para morir guerrilleros criollos animados por el sátrapa- la tiranía militar de Batista se vino abajo. Ella solita cayó; los rebeldes castristas avanzaban, pero un Gobierno menos corrupto, incompetente e impopular quizás hubiera aguantado más tiempo; sin embargo, con su política de maltratos, torturas a sus opositores y un ejército poderoso pero desmotivado, los rebeldes terminaron transformándose en héroes idealizados. El pueblo cubano se equivocó, los Castro se aprovecharon y siguen aprovechándose por más de medio siglo de mucho hablar, poco dar de comer y el chuleo constante a los cubanos.





Lo que Maduro viajó a festejar en La Habana, -costó un montón de dólares que se le niegan a venezolanos-, fue la picardía asesina de Fidel, sus 90 años de edad y más de 70 mintiendo, zarandeando, trampeando y apretándole el gaznate al pueblo. Inició su fiera opresión con largos discursos que las masas escuchaban entre obligadas y embelesadas, mientras su régimen con actuación destacada del anarquista argentino “Che” Guevara asesinaba y fusilaba, sin contemplaciones ni trámites, a prisioneros sólo por haber trabajado para Batista. Castro sigue en La Habana, muy debilitado pero no vencido por la vida, aunque la muerte lo acecha cada vez mas y con mayor insistencia.

Aún confabula, desarrolla malignidades, respalda el fortalecimiento de su tiranía, no para el bienestar de su pueblo sino en represión policíaca, poder militar, espionaje ciudadano, cárceles infernales, palizas y vejámenes a las Damas de Blanco y otros opositores, sigue planificando conspiraciones para aprovechar debilidades de otros gobiernos, tal como lleva más de 17 años haciendo con Venezuela que por egoísmo, soberbia y estupidez de algunos políticos e intelectuales, por la ingenuidad de un pueblo acostumbrado por esos mismos miopes a que alguien resolviera sus problemas y atendiera sus quejas, terminó pasando de ser el país que derrotó a la Cuba castrista y la expulsó de su territorio y de la OEA, a caer en las manos ignorantes y deslumbrables de aquel teniente coronel que tenía gracia hablando, manipulando y convenciendo, pero interpretaba gobernar como hacer lo que le viniera en gana. Es decir, equivocándose.

Para el nonagenario fue cosa fácil. Sedujo al que creía en brujos, tarotistas, santeros y paleros, lo recibió como héroe en La Habana, lo puso a discursear en el paraninfo de la universidad y entre aplausos y ovaciones se apropió de la fascinación y devoción del fracasado ex-militar y, con él, lo que realmente quería: las riquezas venezolanas.

La pendejera de Chávez, tan hechizado que prefirió entregar su cáncer y su vida a la hoy atrasada medicina cubana antes que a las avanzadas oncologías brasileña o estadounidense, nos ha costado no sólo la perniciosa interferencia e injerencia cubanas, sino miles de millones de dólares que Maduro no usa para rescatar su país, pero sigue drenando religiosamente hacia las fauces castrista, ¿quién creen ustedes que continúa sosteniendo al Gobierno cubano? ¡No precisamente las jineteras!

En tiempo de Kennedy a Fidel y los soviéticos les metieron susto en el cuerpo y se llevaron los misiles, el tirano aprendió la lección. Se puede hablar mal de los gringos, pero nunca atosigarlos. Para ese momento su supervivencia en el poder dependía de esclavizar al pueblo y de los intereses propagandísticos del Kremlin. Moscú entendió que aquello de “América para los americanos” iba en serio. Y pactaron: Cuba intervenía, molestaba donde quisiera y los rusos llevaban comida e iban a tomar sol; Rusia buscó similares en el resto del mundo y los financió, los estadounidenses se equivocaron e instauraron un bloqueo que no resolvió nada, molestó a todos y entregó a los Castro al cobijo ruso.

Todo lo que Nicolás ignora o analiza con talento de corto alcance, es lo que él, su esposa y unos cuantos gorrones fueron a celebrar en la Habana. Acto repudiable, pero entendible. Maduro quiere a Fidel Castro, le reza, no lo disimula, demostrando una y otra vez por qué ordenaron a Chávez nombrar heredero a un pánfilo, cuya torpeza intelectual lo convierte en capataz confiable pero escaso de ideas, que testimonia incompetencia y devoción subyugante incluso por sobre la desgracia venezolana.

La celebración complació al arcaico sinvergüenza, fue larga y sonora, música criolla le llevó el regente para que le cantaran lo que tanto gustaba al comandante eterno, “Corazón Llanero en Cuba”, mientras lo que tenga Raúl de espíritu palpita soñando en las negociaciones con Washington y la Unión Europea, en cómo manejará la cuestión con los gringos dependiendo de quién triunfe en noviembre, eso es lo único que cuenta, los 90 años de su hermano son un estorbo, una molestia para sus planes.

Lo más angustiante para el menos añejo de los Castro es aquél refrán “yerba mala nunca muere”. El decrépito no ha sido de beber ron, fue deportista y hace años dejó los habanos. Las generaciones de relevo están listas, analizan como transitar con los octogenarios raulistas. Lo que atormenta es ¿si este comemierda sigue vivo cuando Raúl muera? Pues como diría Maduro el cubanófilo, “¡que todo esto se jode, caballero, yo estaré lejos!”.

Entretanto Raúl sabe que Venezuela colapsó, pero sigue chupando y necesitando sus dólares para mantenerse, mientras desea con fervor que alguien supremo decida llevarse a Fidel y pueda acelerar su proyecto de apertura. No importa que los venezolanos se mueran de mengua. Ése no es su problema. A Cuba le pagan sus derechos e impuestos que como colonia corresponden, lo demás concierne poco.

La realidad es que ochentoso está harto de su anciano hermano, lo que hace es molestar, torpedea y boicotea sutil pero eficaz la relación con los americanos. La transformación de la isla se está dando muy lenta y el tiempo pasa. Fidel representa la tiranía enquistada, su presencia es un escollo anclado en el pasado que todo el pueblo está desesperado por borrar y con quien nadie, a excepción de los serviles de Maduro, se quiere retratar.

La apertura cubana es un proceso planificado al detalle, en giro hacia las libertades económicas que lo llevó a establecer lazos secretos e impensables con Estados Unidos por intermedio del Vaticano. En consecuencia, el retiro definitivo de su hermano con su ausencia física, se ha convertido en una necesidad de Estado. Lo malo es que los gallegos son duros para morir.

Chávez y Maduro, adoctrinados -engañados- para percibir al castrismo como triunfadores cuando, en la práctica, los cubano castristas han sido constantes derrotados y del único lugar donde no han podido sacarlos a patadas, ha sido de la isla en la cual los moscovitas antes y los venezolanos ahora, los ayudaron a fortalecerse. Pero el tiempo pasa, un cumpleaños es una fiesta, pero también un año menos de vida.

@ArmandoMartini