César Ramos Parra: ¿Huir o renunciar?

César Ramos Parra: ¿Huir o renunciar?

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La movilización masiva de ciudadanos efectuada el jueves, venciendo barricadas puestas por el aterrorizado régimen, representa la manifestación indeclinable y valiente de un pueblo por recuperar su libertad, el Estado de Derecho y la posibilidad cierta de enrumbarse hacia un destino mejor.

Ese pueblo fervoroso cuya presencia abrumadoramente masiva en todas las ciudades del país, lejos de estar motivado por una conciencia de odio, retaliación o deseos de venganza contra quienes dirigen los poderes del Estado ante el monumental fracaso de su modelo político, representado por el Socialismo del Siglo XXI, no hizo sino manifestar su vocación libertaria, su inclinación pacifista y su expresa decisión de exigir la culminación inmediata de este régimen gubernamental.





El ejercicio prolongado del poder, sin ninguna excepción, genera agotamiento, vicios y corruptelas que terminan desvirtuando los propósitos iniciales que pudieron generar un modelo de gestión positivo. De allí que la alternabilidad en el poder constituye uno de los principales atributos de la Democracia como sistema de gobierno, puesto que la concentración exagerada de poder en un grupo y además, prolongada excesivamente en el tiempo con las mismas personas, determinan a la postre, el atornillamiento de esos líderes en esas posiciones que se acostumbran a los beneficios que ellas le generan, pierden sintonía con los gobernados, cuyas aspiraciones pasan a un segundo plano, de donde deviene, por vía de consecuencia, la concupiscencia del poder. Así, el mantenimiento del mando se convierte en el fin a cualquier costo, y deja de ser el instrumento de servicio para el desarrollo y progreso del País y sus habitantes. Es justamente lo que nos ha sucedido.

Ante tales circunstancias, ¿cuál es la salida? Evidentemente que el cambio de gobierno. Ya no es posible, a estas alturas, la rectificación. Esa oportunidad fue desechada por el estamento gobernante cuando le fuera planteado en el pasado, por los sectores académicos, empresariales, gremiales o religiosos, entre tantos otros. Tercamente impusieron un modelo fracasado que nos trajo al barranco y al colapso. Han creado un abismo insalvable entre el gobierno y todos los sectores de la sociedad, donde no es posible ya construir puentes.

Por las razones expuestas, un referéndum hoy, mañana o pasado mañana, en el cual habrá de insistirse, no hará sino expresar la voluntad invariable de cambio que el Pueblo, dueño absoluto del poder originario, ya tomó. El sector político gobernante no tiene otra alternativa que negociar, dentro del marco de la Constitución, su salida con la renuncia del Presidente, al haber perdido éste de manera irreversible la confianza, con el fin de conformar un nuevo equipo de gobierno surgido de la voluntad popular, que venga a hacerse cargo de la situación. La otra, como salida vergonzosa sería la huida, como hacen los cobardes para tratar de evadir su responsabilidad ante la Ley o lo que sería más grave, pretender prolongar el control del aparato estatal por la fuerza, lo cual terminará siendo totalmente inconveniente para todos y dilatará por breve tiempo la agonía de un pueblo que está decidido a recuperar su libertad, a cualquier costo y que rememora el férreo espíritu de nuestra heroína Ana María Campos: ¡O capitula o monda!.