Periodismo Siglo XXI: El discurso del Editor del Washington Post en el #FestivalGabo

Periodismo Siglo XXI: El discurso del Editor del Washington Post en el #FestivalGabo

 
Últimamente he estado pensando en el año 2001. Ese fue el año en que me convertí en director editorial del Boston Globe. Verano de 2001.

Lo que ocurrió en los siguientes siete meses ha sido inmortalizado en una película, Spotlight, que este año ganó el Premio Óscar de la Academia a mejor película y mejor guión original.





La película retrata la investigación del Boston Globe que develó décadas de encubrimiento de casos de abuso sexual por parte de la Iglesia Católica, y que aún hoy continúa teniendo eco en los más altos niveles de la Iglesia y entre los católicos laicos.

Más adelante volveré sobre este tema, pero hay otra razón por la cual he estado pensando en el año 2001. Es porque no puedo dejar de reflexionar acerca de todo lo que desde entonces ha ocurrido en la industria de los medios y en el periodismo.

En el verano de 2001 las conexiones de banda ancha de alta velocidad estaban en su infancia. La penetración de banda ancha era limitada. Sin ella, no había video en línea, ni audio, ni comunicaciones inalámbricas, ni comunicaciones móviles, ni se compartían fotos de manera significativa.

Mucho de lo que hoy damos por sentado en el universo digital, ni siquiera existía en ese entonces.

Las búsquedas no eran lo que son hoy. Google aún no había comenzado con la venta de acciones y para la mayoría de nosotros era normal utilizar otros buscadores menos potentes, que hoy son menores o inexistentes. Google no se hizo público si no hasta 2004.

Las redes sociales no existían de manera significtiva. Facebook se creó en 2004, Twitter en 2006.

Los videos no se compartían. Youtube se creó en 2005.
No había la expectativa de que pudiéramos obtener cualquier información que quisiéramos en cualquier momento y en cualquier lugar, desde un dispositivo que cupiera en el bolsillo. El iPhone se lanzó en 2007.

En resumen, en los últimos doce años hemos sido testigos de cómo los más importantes avances tecnológicos han causado una disrupción, si no devastación, en nuestro campo.

Lo que estaba ocurriendo era abrumador. De hecho, estábamos abrumados.

Hemos tenido que lidiar con un montón de cosas. Y no es del todo extraño que los medios celebren haber sobrevivido a duras penas. Aún estamos haciendo el trabajo que define las conversaciones de nuestras comunidades y nuestros países.
Nuestro periodismo en gran parte permanece en el centro de un vasto ecosistema de medios, tan fracturado y disperso como puede serlo hoy.

Hemos sobrevivido, pero, en muchos aspectos, apenas si lo hemos logrado. Así que ciertamente no hay espacio para la satisfacción ni para la complacencia.
De todo este cambio surge una conclusión ineludible. Ignorarla sería temerario. Sería negligencia profesional.

Esta es la conclusión: estamos en una sociedad digital y será mejor que nos adaptemos. No solo adaptarnos, sino acoger el cambio con entusiasmo.

A propósito, la nuestra no es solo una sociedad digital. Es una sociedad móvil. Tenemos que apropiarnos también de esa realidad. Para 2020, es decir, dentro de solo cuatro años, se estima que el 80 por ciento de los adultos en la Tierra tendrá un teléfono inteligente.

Internet, prácticamente de la noche a la mañana, ha dado origen a un nuevo medio. Está dando lugar a una nueva forma de periodismo.

Ya hemos visto que esto ha ocurrido antes.

El 31 de agosto de 1920 una estación de la ciudad de Detroit realizó la que se considera la primera transmisión radiofónica, lo que significó el debut de un poderoso nuevo medio. De esta manera, la radio abrió la puerta para una nueva forma de contar historias.

En 1930, Lowell Thomas transmitió las primeras noticias nocturnas televisadas. El programa consistía en una emisión simultánea de su noticiero radial de alcance nacional. Con este noticiero televisado, una vez más nació un nuevo medio. Las transmisiones televisivas también dieron pie a su propia manera de contar historias.

Sin embargo, cuando llegó internet y más adelante las conexiones de banda ancha de alta velocidad, nuestra industria reaccionó como si no hubieran ocurrido cambios fundamentales.

Vimos a internet como una nueva forma de distribuir nuestro trabajo, pero por alguna razón, no pensamos en él como un nuevo medio.

Esto no fue apropiarse del cambio. Ni siquiera fue adaptarse al cambio. En realidad, ni siquiera entendimos el cambio.

Hoy debemos reconocer, de una vez por todas, que estamos frente a un medio completamente nuevo.

Este nuevo medio reclama sus propias formas de contar historias, de la misma manera que la radio y la television tienen las suyas.

Y puede que resulte que los móviles representen un nuevo medio por sí mismos, con narrativas distintas a las que uno encuentra navegando el internet desde un computador.

Vemos que esto ya está ocurriendo. Se están presentando narrativas innovadoras: historias que son más conversacionales, más accesibles. Historias que despliegan todas las herramientas que tenemos disponibles: video, audio, redes sociales, gráficos interactivos, animaciones, documentos, anotaciones en los documentos, lo que sea.

Con este nuevo medio, la voz y la personalidad de quien escribe es muchas veces más evidente. Los lectores quieren esa conexión con el autor. Se siente más auténtico. Es más auténtico.
Es obvia la dirección que debe seguir nuestra profesión, aunque todavía haya muchos periodistas que se resistan a las demandas que trae el futuro. Sienten que el pasado los jala. Están apegados a cómo solían ser las cosas. Se sienten cómodos de esa manera.

Yo tuve mi propia etapa de duelo por lo que pensaba que se estaba perdiendo en medio de todos estos cambios. Era difícil no sentir nostalgia. Sin embargo, el luto debe terminar en algún momento. Debemos seguir adelante. Así ocurre cuando afrontamos la pérdida de un familiar cercano o de un amigo. Y así también ocurre en nuestra profesión.

Lo cierto es que resulta inútil, e incluso contraproducente, resistirse a los inevitables cambios en nuestra profesión.

Entonces, ¿qué se nos viene?

Primero, como había mencionado antes, los móviles van a dominar. Hay empresas de capital de riesgo que no financiarán ningún producto digital que no esté pensado principalmente para móviles. Los medios deberán tener una mentalidad enfocada en la experiencia móvil.

Segundo, las redes sociales mantendrán una posición de supremacía en la manera en que las personas consumen las noticias y el tipo de noticias que consumen. La gente no considera que les corresponda a ellos buscar la información y las noticias. Ni siquiera lo consideran necesario. La gente espera que la información y las noticias relevantes los encuentren a ellos, a través de las redes sociales.

Las personas están conversando en las redes, así que los medios debemos entender profundamente cómo funcionan. Las redes serán esenciales para lograr que nuestras historias sean diseminadas a millones de personas.

Las redes también son vitales en un acto en el que los medios debemos mejorar: escuchar. Si queremos saber lo que más les preocupa a las personas, tendremos que escuchar mejor y con más frecuencia. Si quieres escuchar, ve a donde la gente está conversando.

Tercero, hoy es imposible predecir cuál será la compañía de medios dominante. El predominio está en juego.

Cualquier compañía con una buena idea y que sepa ejecutarla de manera inteligente, puede establecerse rápidamente en nuestro campo. De hecho, ya lo han hecho.

BuzzFeed se fundó en 2006, el Huffington Post en 2005. Hoy ambas sobresalen en el top de los sitios con más usuarios mensuales en los Estados Unidos.

El capital de riesgo se ha vertido en la financiación de otros competidores. Eso es apostar dinero, son apuestas con las que los recién llegados pueden desplazar al establishment de medios.

Muchas de las viejas marcas se están planteando retos competitivos. Con orgullo, puedo decir que hoy The Washington Post es parte de esa categoría. En octubre de 2015 sobrepasamos al New York Times en visitantes únicos mensuales en los Estados Unidos, en todas las plataformas digitales.
Llegamos a eso con tasas de crecimiento de hasta el setenta por ciento año tras año. Ahora competimos de tú a tú con el Times. Y en los dos meses pasados – julio y agosto – sobrepasamos al BuzzFeed con mas de 82 milliones de visitantes únicos.

Número cuatro: La tecnología de punta será la clave de nuestro éxito. Sin ella, el éxito no sera posible.

No podemos quedarnos atrás. Tenemos que ser líderes. Si nos quedamos tecnológicamente rezagados, seremos perdedores.

Los medios necesitarán personal que maneje tecnología de punta al interior de las redacciones. Tendremos que responder rápidamente a los cambios. Tendremos que crear nuevos productos atractivos para los lectores y para los anunciantes, y tenemos que hacerlo rápido. Como parte de nuestra rutina, tendremos que trabajar en alianza con empresas tecnológicas como Facebook, Apple, Twitter, Google, Snapchat y seguramente muchas otras que aún no han nacido.

Las alianzas también tendremos que hacerlas al interior de nuestras redacciones.

En el Post hemos fomentado una estrecha relación de trabajo entre la redacción y el departamento de tecnología. Docenas de ingenieros tienen un lugar en la redacción, trabajando de cerca con nuestros periodistas.

Todos en este campo estamos trabajando más duro. Ahora debemos trabajar de manera más inteligente, y la clave es la tecnología. A menos que tengas las habilidades tecnológicas pertinentes, a menos que asignes los recursos adecuados a la tecnología, el éxito no sera posible.

Por ultimo, debo decir que el aumento de tráfico por sí solo no se traducirá en éxito. Si queremos ganar dinero, la innovación y la creatividad en el área de ingresos, deberán coincidir con lo que observamos en la sala de redacción.

Lo que he descrito es el camino que hemos tomado en el Post desde que en 2013 fuimos adquiridos por Jeff Bezos, el fundador de Amazon.

Como compañía hemos viajado lejos. También hemos viajado rápido.

Jeff de inmediato reorientó la estrategia del Post. Ya no seríamos una organización de noticias enfocada en el área metropolitana de Washington. Antes, nuestro alcance había sido resumido en una frase: “para Washington, sobre Washington”.

Pero Jeff sintió que debíamos tener alcance nacional e internacional, y que para eso debíamos volvernos grandes rápidamente.

Internet, como él lo notó, ha privado a nuestra industria de muchas cosas. Entre ellas, por supuesto, la seguridad que brindaba pertenecer a una industria a la cual resultaba muy caro ingresar, porque requería papel, tinta, imprentas y camiones. Pero internet, como el lo apuntó, también nos ha dado algunos regalos: el más grande de ellos es la oportunidad de alcanzar una amplia distribución a prácticamente ningún costo.

La pregunta era: si el internet nos causó daño por haber tomado tanto de nosotros, ¿por qué no aprovechábamos los beneficios que tenía para ofrecernos?

Afortunadamente también teníamos una marca que era reconocida nacionalmente e internacionalmente. Y teníamos un nombre que incluía el nombre de la capital del país, “Washington”, lo cual significaba que podría ser apalancado en productos a escala nacional y global.

Uno de los giros fundamentales que tuvimos que hacer fue nuestra actitud respecto a la agregación, es decir, apoyarnos en la reportería de otras personas como una de las bases para nuestras historias, en vez de ordenar que toda la reportería debiera estar a cargo de nuestros propios periodistas.

Esto supuso que pudieramos escribir historias más rapidamente. Por supuesto, también significó que tendríamos que ser especialmente cuidadosos, porque solo podríamos fiarnos de publicaciones que tuvieran un historial de confiabilidad y altos estándares de calidad.

Esto representó un importante cambio de actitud en nuestra sala de redacción. No estuvo excento de controversia, pero fluyó mucho mejor de lo que yo me hubiera podido imaginar, y se convirtió en un elemento clave de varias nuevas iniciativas. Entre ellas estuvieron:

* Un equipo nocturno que navegaba la web en busca de historias interesantes. A la reportería que habían hecho otros, le añadían la suya y luego escribían una nota con un estilo más suelto y familiar, que funciona especialmente bien en la web.
* Varios nuevos blogs de noticias relacionadas con áreas especializadas, como medio ambiente, ciencia, asuntos militares, la cultura del internet, la crianza de hijos, vida espiritual, cultura pop, el mundo animal y muchos otros temas.
* Una adaptación más rápida de la sección de opinion del periódico al internet. * nuevos columnistas ya no esperaban a que su columna fuera publicada, sino que daban a conocer sus puntos de vista de inmediato, cuando el interés público estaba en su nivel más alto.
* Recursos adicionales para aquellos blogs pre existentes que ya estaban siendo altamente exitosos, incluyendo los que se enfocaban en política, economía, asuntos públicos y temas internacionales.
* Un equipo de noticias generales que trabajaba durante el día, comenzando muy temprano, que cubriría rápidamente los hechos de última hora en cualquier tema cuando fuera necesario, pero que la mayor parte del tiempo estaba buscando historias que estuvieran comenzando a generar conversación en las redes sociales o que hubieran pasado inadvertidas en pequeños medios de alcance más local.
* El desarrollo de lo que pensamos era el flujo ideal para publicar las historias, dando la orden de que cada departamento publicara más temprano durante el día, cuando el número de lectores en internet está en su nivel más alto. Esto marcó un giro drástico respecto a los horarios típicos de un periódico, donde la mayoría de historias se publican al llegar la noche.

También tomamos otras medidas.
* A nuestro equipo que estaba enfocado en atrapar a la audiencia, lo que en inglés llamamos engagement, le sumamos personas especializadas en diseminar nuestro trabajo a través de las redes sociales y en cómo usar las redes sociales en nuestra propia reportería. Nos estamos concentrando no solo en Facebook y Twitter si no también en otros rincones menos obvios del social media y en las aplicaciones de chat.
* Hemos logrado marcadas mejoras en nuestros newsletters que enviamos por correo electrónico: la forma en que le hacemos la curaduría, cómo lo diseñamos, cuándo lo enviamos. Los newsletters pueden ser una importante fuente de tráfico – y, a propósito, nos permiten eludir intermediarios como Facebook, Twitter y Google y nos dan la oportunidad de alcanzar lectores de manera directa.
* Nos hemos enfocado en la velocidad de nuestras alertas noticiosas. Las medimos muy de cerca para compararnos con nuestros competidores y para ponernos el objetivo de ser siempre los primeros con cada alerta que enviemos.

Nuestro departamento de ingeniería ha creado una herramienta que nos permite ensayar con múltiples titulares, fotos y sumarios de noticias, todo ello de manera simultánea. De esa manera, el que esté teniendo el mejor desempeño se envía sin demora a todos los lectores.

Nuestros ingenieros también han desarrollado una herramienta que usa el big data para personalizar nuestras recomendaciones acerca de qué otras historias le podrían interesar a nuestros lectores. Esta herramienta funciona mucho mejor que el criterio humano.

Trabajando de la mano con el departamento de ingeniería, también hemos creado algo llamado “La Red de Talento del Washington Post”. Ya que buscábamos construir nuestra presencia nacional e internacional, concluimos que no sería eficiente reconstruir una red tradicional de corresponsales a lo largo del país.

Hay muchos periodistas que están desempleados, sub empleados, retirados prematuramente o incluso pensionados que todavía están ansiosos por trabajar. También hay periodistas en ejercicio que tienen el tiempo y la libertad para hacer free lance para nosotros. Con base en esa realidad, creamos una red on line para free lancers, que nos da acceso a reporteros, fotógrafos y videografos alrededor de los Estados Unidos, y ahora del mundo.

El sistema está altamente automatizado. Las personas pueden subir sus perfiles de Linkedin e historias para que nosotros las evaluemos como parte de nuestro proceso de aprobación. Con palabras clave nos indican el tipo de periodismo que les interesa practicar y las áreas en las que se especializan. Por supuesto, nosotros tenemos toda su información de contacto y los podemos ubicar geográficamente. Ellos pueden proponernos historias, ya sea para el periódico, para los blogs o para cualquier sección de nuestro sitio web, y nosotros podemos asignarle rápidamente una cobertura cuando surja una noticia en cualquier parte del país, y ahora, en muchas partes del mundo.

El sistema de pago es fácil y rápido. Antes de hacer el pago, al editor que le fue asignado se le pide que califique el trabajo que hizo el free lancer. Como el sistema es en línea, los nombre de los free lancers, sus calificaciones, sus áreas de interés, su ubicación y sus datos de contacto, están disponibles para todos en la redacción.

Actualmente, en la “Red de Talento del Washington Post” tenemos 2.200 periodistas alrededor del mundo. La red nos ha servido cuando ha habido tiroteos masivos en los Estados Unidos y cuando han ocurrido ataques terroristas en otras partes del mundo. No solamente tenemos personas en el lugar de los hechos para cubrir la noticia, sino que tenemos personas a lo largo de los Estados Unidos y del mundo que están en busca de historias interesantes que nos quieran proponer.

En resumen, tenemos ansias febriles por ganar tráfico, profundizar el engagement de nuestros lectores y estimular la fidelidad. Todo esto nos lleva a más suscripciones, otra de nuestras principales metas.

Con frecuencia me preguntan si me siento optimista acerca de nuestra profesión. Yo digo que sí. Aquí les cuento por qué.

Las nuevas narrativas están demostrando que son efectivas a la hora de enganchar a los lectores. La conexión con las historias puede llegar a ser sorprendentemente alta.

El uso del video, las redes sociales, los gráficos interactivos, los documentos originales – todo ello- pueden generar narrativas más vívidas, más viscerales. Incluso más creíbles, porque significa que podemos mostrar, no solo contar.

Las presiones de nuestra industria nos están forzando a prestarle gran atención a nuestros consumidores – lectores, espectadores, oyentes- y eso es algo bueno. Ya no hay espacio para la auto indulgencia. El trabajo que hacemos debe resonar en un público que de manera rutinaria es impaciente, se distrae fácilmente y se aburre rápido.

Esto no significa que únicamente debamos hacer historias cortas. No tiene que significar que hagamos titulares engañosos. En absoluto. Las historias largas pueden atrapar lectores, y retenerlos, pero deben ser escritas de manera convincente y presentarse en formatos que tengan en cuenta la forma en la que hoy la gente consume la información. Todo lo que hagamos debe merecer el tiempo y la atención que el público le dedica.

También me siento alentado por lo que veo en la nueva generación de periodistas que entran a nuestro campo.
Llegan con las habilidades necesarias, con las sensibilidades adecuadas. Pueden pensar bien, escribir bien. Son brillantes, enérgicos, entusiastas. Aman lo que el periodismo puede lograr. Entienden su rol vital en la sociedad. Aprecian que haya nuevas formas de contar historias altamente efectivas, que aprovechan las poderosas herramientas que tenemos disponibles.
Estos jóvenes periodistas son verdaderos nativos digitales. Se nota. Y están determinados a lograr que el periodismo funcione para la gente de su generación. Por eso, no puedo estar más agradecido.

También me siento animado por la experimentación que veo en nuestra industria. La organizaciones de noticias están experimentando de manera feroz, intentando diferentes modelos de negocios.

Nadie, que yo sepa, puede asegurar que haya encontrado la cura milagrosa para todos los males que nos afligen. Pero toda la experimentación, creo, puede darnos algunas fuertes pistas acerca del camino por el cual puede avanzar nuestra industria.
Es importante que nos mantengamos optimistas, es importante que mantengamos la esperanza. No veo otra alternativa. No conozco a nadie que haya logrado el éxito pensando que iba a fallar.
Sí, nuestra tarea es difícil y es casi seguro que no se pondrá más fácil. Pero difícil no es igual a imposible.

Por todo lo que tenemos que hacer para reinventarnos, es importante recordar lo que permanece inmutable.

Sin buenas ideas para convertirlas en historias, sin reportear bien esas historias, sin escribirlas bien, sin desempeñarnos al máximo nivel en todos los aspectos, no seremos exitosos.

Todas las herramientas tecnológicas del mundo no pueden sustituir el periodismo fuerte, el periodismo que informa a nuestra comunidad y a nuestro país, que forma las bases de nuestra sociedad civil y de los gobiernos democráticos.

Hay una cita de nuestro propietario, Jeff Bezos, en una de las divisiones de vidrio en nuestras nuevas oficinas en Washington. Me sentí alentado a verla, porque deja claro que no sirve de nada pensar solo en el negocio y olvidarnos de nuestra misión.

Si en realidad queremos ser exitosos, tenemos que reconocer que la misión y el negocio son inseparables, son interdependientes.

La cita de Jeff dice así:
“Creo fuertemente que los misionarios hacen mejores productos. Son más cuidadosos. Para un misionario no se trata solo de negocios. Tiene que haber un negocio y el negocio debe tener sentido, pero esa no es la razón por la cual lo haces. Lo haces porque tienes algo significativo que te motiva”.

Todos los periodistas de verdad tienen algo significativo que los motiva. Es algo que llega al corazón de lo que somos. Es a lo que a veces se le llama nuestra marca. De manera más apropiada puede describirse como nuestra alma. También es nuestra brújula, si la perdemos, nos perdemos.

En el centro de nuestra misión, en mi opinión, esta el periodismo que mantiene a las instituciones e individuos poderosos con el deber de rendir cuentas.

Esto me lleva de regreso a la película “Spotlight”.
Espero que ese sea el mensaje que haya dejado la película, y la investigación del Bsoton Globe que inspiró el filme.

Espero que las casas editoriales, los propietarios de medios y los editores vuelvan a dedicarse a la reportería investigativa.

Espero que el público llegue a apreciar la necesidad del periodismo investigativo y comience a entender lo que se requiere para poder hacerlo bien.

Espero que esto permita que el público reconozca que la prensa tiene sus defectos, pero que también es necesaria.

Y espero que esto lleve a que todos, el público y la prensa, escuchemos a aquellos que han caído en los márgenes de la sociedad, o que han sido empujados hasta ahí. Ellos pueden tener algo muy poderoso para decir.

Permítanme contarles un poco acerca de cómo se produjo esta investigación sobre la Iglesia Católica y cómo develó y terminó exponiendo décadas de encubrimiento de abuso sexual por parte de sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston.
La investigación comenzó con el caso de un sacerdote que fue acusado de abusar de unos 80 niños.

El abogado de los demandantes – los sobrevivientes de los abusos del sacerdote –dijo que el cardenal y sus lugartenientes sabían de sus abusos en serie, y aún así lo reasignaban de parroquia en parroquia sin notificar a nadie, ni a los parroquianos, ni al cura de la parroquia, ni a nadie en la comunidad. Los abogados de la Iglesia calificaron estas afirmaciones de irresponsables e infundadas.

Una de las columnistas del Boston Globe dio cuenta de todo esto y luego añadió que posiblemente nunca se llegase a conocer la verdad, porque los documentos internos de la Iglesia que podrían revelarla, estaban bajo sello de la corte, ocultos para el público.

Nuestra investigación comenzó porque nosotros no íbamos a aceptar – no podíamos aceptar-, la idea de que la verdad no fuera conocida. Nosotros buscamos desenterrar la verdad.

El Boston Globe acudió a la corte para obtener esos documentos y nuestros reporteros se pusieron a trabajar en la investigación.

El resultado fue un bien público. Una institución se vio obligada a rendir cuentas. Los niños estuvieron más a salvo.
Luego de que nuestra primera historia fuera publicada en enero de 2002, recibí una carta del Padre Thomas P. Doyle, quien había librado una larga y solitaria batalla al interior de la Iglesia, en nombre de las víctimas de abusos.

El padre escribió: “Esta pesadilla hubiera continuado si no fuera por usted y el equipo del Globe. Como alguien que ha estado profundamente involucrado en la lucha por la justicia para aquellas víctimas y sobrevivientes durante muchos años, le agradezco con cada parte de mi ser”.

“Le aseguro”, escribió, “que lo que usted y el Globe han hecho por las víctimas, la Iglesia y la sociedad, es inconmesurable. Su trascendencia y sus efectos positivos permanecerán por décadas”.

Hay una lección en la carta del Padre Doyle: la verdad no está destinada a permanecer oculta. No está destinada a ser suprimida. No está destinada a ser ignorada. No está destinada a ser disfrazada. No está destinada a ser manipulada. No está destinada a ser falsificada. De lo contrario, el mal prevalecerá.

Nuestra misión especial como periodistas es asegurarnos de que la verdad sea revelada.

Aquí en América Latina, ustedes han sido testigos de gobiernos que han buscado obstruir, socavar y destruir esa misión. Los han victmizado a través de multas, del control de los recursos que ustedes necesitan para publicar, del control de las licencias para transmitir, de ventas forzosas a inversionistas aliados con el gobierno, de protestas coreografiadas que buscan intimidarlos, de leyes que perpetúan el acoso – administrativo o en las cortes – aunque lo que estén publicando sea cierto.

Los periodistas que investigan la corrupción o el tráfico de drogas corren el riesgo de ser asesinados, secuestrados, mutilados o encarcelados, al tiempo que también ponen en riesgo a sus familias.

Todos los que soportan estas amenazas y a pesar de todo siguen adelante, defendiendo el derecho a la libertad de expresión, son una fuente de admiración.

Tristemente, lo que ocurre aquí en América Latina es parte de un patrón más amplio a nivel mundial. Los gobiernos están haciendo nuestro trabajo más difícil a través de la obstrucción, la vigilancia y la intimidación.

Incluso en los Estados Unidos, donde la Primera Enmienda de la Constitución garantiza la libertad de expresión y la libertad de prensa, enfrentamos amenazas.
El candidato republicano a la presidencia ha abogado abiertamente por el endurecimiento de las leyes de difamación, sugiriendo que hará sufrir a ciertos medios por medio de multas, aumentando sus gastos legales y, posiblemente, sometiéndolos a sanciones.

Es normal que un candidato se enfrente a la prensa durante una campaña electoral. Pero el candidato republicano ha buscado sistemáticamente satanizar la prensa. Lo ha convertido en un punto central de su campaña y de su llamado a los votantes.

También ha sugerido que nuestro propietario, Jeff Bezos, ordenó una cobertura negativa de él y de su campaña, porque teme una posible demanda antimonopolio o una política de impuestos que podrían penalizar a Amazon.

Todo esto, por supuesto, no tiene sentido, Jeff Bezos no ha tenido ninguna influencia en nuestra cobertura. Sin embargo, el candidato republicano ha dado indicios de que, una vez sea presidente, buscará venganza por la cobertura que ha hecho el Washington Post.

Creo que el propio Jeff Bezos se refirió a esto de manera perfecta hace unos meses. Creo no lo puedo decir mejor, así que lo cito:

“Queremos una sociedad en la que cualquiera de nosotros, cualquier individuo en este país, cualquier institución en este país – si así lo decide- pueda escudriñar, examinar y criticar a un funcionario electo, especialmente a un candidato al cargo más alto en el país más poderoso del mundo”.
“Es lo fundamental…lo que sería sorprendente e inquietante es que no lo estuvieran haciendo. Eso sí que sería preocupante. El Post tiene una larga tradición de examinar a los candidatos presidenciales, como debe ser, y no hay manera de que eso vaya a cambiar. No tendría ningún sentido”.

“…Tenemos leyes fundamentales…tenemos derechos constitucionales a la libertad de expresión, pero ese no es el único razonamiento que funciona aquí. También tenemos normas culturales que apoyan eso, con las cuales no tienes por qué sentir miedo de retaliación. Y esas normas culturales son, por lo menos, tan importantes como la Constitución”.

Más allá de los esfuerzos de intimidación, hay algo al menos igual de insidioso que está tomando lugar en los Estados Unidos. No se ustedes qué tanto lo han sentido en América Latina.

Internet está en el centro de esta serie de eventos problemáticos.
Internet puede ser una fuente de bien, permitiendo la libertad de expresión. Pero también permite que esa expresión se torne hacia un oscuro mundo de falsedades y conspiraciones. Permite que esas falsedades y teorías de conspiración se difundan de manera instantánea a millones de individuos.

Vivimos en una era en la que los consumidores de información tienen opciones casi ilimitadas. Tener opciones es bueno. Pero al momento de elegir, muchos han sido atraídos hacia medios que solo reafirman sus puntos de vistas pre existentes, que nuncan los confrontan.

Aún más preocupante, sin embargo, es esto: muchos de estos medios le entregan a sus lectores, oyentes y televidentes hechos que aparentan ser ciertos, pero que en realidad son falsedades.

Medios de internet impulsados por intereses ideológicos han propagado la idea de que alguien distinto a Osama Bin Laden y Al Qaeda fueron los responsables de los ataques del 9/11, quizás el gobierno de los Estados Unidos o los judíos e israelíes.

Sostienen que el presidente no nació en los Estados Unidos, aunque todas las evidencias muestran que sí y no hay ninguna evidencia que demuestre lo contrario. Una quinta parte de los estadounidenses cree que Obama nació fuera de los Estados Unidos, aunque él haya nacido en Hawaii. Un veinte y nueve por ciento cree que él es Musulmán, aunque en realidad sea Cristiano.

Un locutor de radio, también conductor de un popular sitio de internet, ha difundido la noción de que algunos tiroteos masivos han sido una farsa, que el asesinato de veinte niños y siete adultos en la Escuela Elementaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut en 2012, fue un montaje diseñado para impulsar el apoyo público al control de armas. Lo mismo, asegura, ocurre con el tiroteo de San Bernardino, que dejó catorce muertos en diciembre pasado.

La verificación de datos por parte de los grandes medios tiene poco o ningún efecto. Somos objeto de sospecha y nuestro trabajo se enfrenta a la resistencia o al rechazo frontal. Para empeorar las cosas, los políticos alimentan estas invenciones para promover sus agendas. Algunos repiten sus mentiras. El silencio de otros sirve como una tácita aprobación.

¿El resultado? La gente cree muchas cosas que son plenamente falsas. Mucha gente. Y esto está causando un efecto corrosivo.

¿Cómo podemos tener una sociedad civil fuerte si no podemos estar de acuerdo en los hechos básicos?, ¿cómo podemos tener una democracia que funcione cuando la gente acepta las mentiras como si fueran hechos reales?

La columnista Anne Applebaum escribió acerca de esto recientemente en el Washington Post. Describe lo que está en juego con total franqueza:

“Si distintas versiones de la verdad aparecen en distintas versiones en línea; si nadie logra ponerse de acuerdo respecto a lo que ocurrió ayer; si los sitios web falsos, manipulados o mendaces son apoyados por turbas o trolls de internet; entonces las teorías de conspiración, ya sean de la extrema izquierda o la extrema derecha, pronto tendrán el mismo peso que la realidad”.

Ahora es posible, como lo anota Applebaum, “vivir en una realidad virtual”, donde las mentiras son aclamadas como la verdad oculta”.

De todos los retos que hoy enfrentamos en los medios, éste es el más grande.

Es más grande que nuestro reto de la financiación, es más grande que nuestro reto tecnológico.
Esta es la razón por la cual los periodistas debemos permanecer fieles a nuestro propósito central. Puede que seamos objeto de sospecha, puede que nuestra verificación de datos no tenga acogida, pero se necesita que alguien siga diciendo las cosas como realmente son.

Y no podemos ser tímidos al respecto. En medio de la conversación acerca de cómo debemos ser justos en nuestro rol de periodistas – y sí, debemos serlo-, por encima de todo nuestra obligación es ser justos con el público.

Esto significa que debemos perder el miedo a contarle a la gente lo que hemos aprendido, y contárselo de la manera más sencilla posible.

Este es nuestro deber hacia el público. No importan las dificultades y los retos que enfrentemos, es un deber que no debemos abandonar nunca.

Gracias por invitarme y gracias por escuchar.

Premio Gabriel García Márquez de Periodismo
Septiembre 29, 2016

Publicado oroginalmente en PremioGGM