Pensionado murió tras tres horas en la cola del banco Bicentenario

Pensionado murió tras tres horas en la cola del banco Bicentenario

Foto: elimpulso.com
Foto: elimpulso.com

 

El cansancio, el calor y tres horas de cola hicieron que Emilio José Collantes, de 73 años de edad se desplomara en la taquilla de un banco de la administración pública ubicado en avenida 20 entre calles 31 y 31, del centro de la ciudad, reseña El Impulso.

El señor iba a cobrar los dos meses de aguinaldo que habían depositado a los jubilados por el Seguro Social, explicó Leonida Escobar, sobrina del septuagenario.





La víctima fatal es oriunda de Guanare, estado Portuguesa, y hace muchos años se mudó a Barquisimeto y residía en la calle 32 con carrera 13 en el sector El Mayal.

Rossana Montilla, quien es vecina de Collantes cuenta que hace algunos meses, de la nada apareció un hombre al ranchito del septuagenario que decía era su hermano, lo llamaban Cheo, pero lo curioso era que solo llegaba cuando al señor le tocaba cobrar la pensión.

Collantes quien a pesar de su edad trabajaba en el mercado San Juan, vendiendo aliños, tenía días en la cama, estaba de reposo porque había presentado malestar comenta Montilla y el pasado martes Cheo llegó y lo sacó de la cama para ir a cobrar.

Desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la mañana, estuvo haciendo la cola, pues cuando ya iba a llegar a la taquilla se desplomó, un ataque cardíaco hizo que falleciera.

En el momento fue auxiliado y trasladado hasta le emergencia del Hospital Central Antonio María Pineda, pero fue ingresado sin signos vitales. Supuestos funcionarios le prestaron auxilio y junto a ellos venía Cheo.

Expresa la familia quien estaba en las afuera de la morgue, que dos días después de lo ocurrido conocieron la noticia de la muerte del septuagenario, quien era el mayor de cuatro hermanos y lo que les parece extraño , que ninguno de ellos era ese sujeto a quien llamaban Cheo. Asegura la vecina, la que más está al tanto de todo, que Cheo se llevó consigo la libreta, la cédula y la tarjeta de débito de la víctima fatal.

Familiares creen que no era más que un aprovechador y temen que comience a cobrar el dinero que le depositen al hoy fallecido.