Henry Rosales: ¿Qué nos dejó Tareck?

Henry Rosales: ¿Qué nos dejó Tareck?

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Después de caducar su tiempo en el cargo como gobernador de Aragua, Tareck El Aissami ha sido designado como vicepresidente de la república, alto cargo que requiere una serie de méritos acumulados en el desempeño de la vida política y que supone el ejercicio de poder para constituirse en un soporte solido que consolide bienestar y progreso para el pueblo, claro está, en un país coherente de libertades plenas, más no en un régimen oprobioso.

Nota de prensa





Haciendo un balance objetivo cargado de desprendimiento visceral, el secretario general del Movimiento Progresista de Venezuela en Aragua, Henry Rosales, al igual que otros coterráneos se pregunta ¿qué nos dejó Tareck? Y lejos de ser una balance virtuoso, asegura se dibuja un desastre anunciado enmarcado en una práctica totalitaria en la que la mengua y la violencia son protagonistas.

¿Qué nos dejó Tareck? Para Rosales, lastimosamente Aragua es hoy la cuna de la delincuencia organizada dentro y fuera de los penales de la zona que por mucho son ciudadelas con servicios inimaginables para quienes puedan pagarlos, mientras que para otros es un infierno con tarifas que permiten sobrevivir o no, a lo cual se suman los llamados “colectivos” que se les asigno la labor de sembrar terror para acallar la voz de protesta de los aragüeños, avalados por patente de corso de impunidad.

Esta perturbadora realidad, gestada desde una lóbrega fórmula para la represión se alimentó de la alevosa incompetencia para mejorar el funcionamiento y dotar a los organismos de seguridad de la región que en estos cuatro años experimentaron la baja de funcionarios más elevada registrada en gestión alguna.

¿Qué nos dejó Tareck? Continuó disertando el dirigente opositor, quien se refirió a la pérdida de vidas inocentes en los hospitales de Aragua, convertidos en una suerte de jungla en la que muchos valientes trabajadores y médicos arriesgan el pellejo para salvar vidas que se apagan por falta de medicinas, comida y lo que es peor por contaminación bacterial consecuencia de ambientes antisépticos producto de la ausencia de inversión por la galopante corrupción que torpedea la llegada de recursos que son desviados a obras privadas que mejoran estatus social, cortesía de la “salud”.

¡Hambre, nos dejó Tareck! aseguró al recordar que los ya desalmados, excluyentes y turbios CLAP, en Aragua se condimentaron con mayor chantaje y atropello, untados de escasez, lo poco que llego, ignoró el crujir de las barrigas de niños y la desesperación de sus progenitores por no lucir una franelita con ojos malévolos, que voltearon hacia otro lado dando la misma ración de mezquindad a muchos colorados, a pesar de su masoquista y enfermiza devoción.

¿Qué nos dejó Tareck? Enfatizó Rosales, nos dejó esperando como “novia de pueblo” los resultados de las estruendosas acusaciones contra su hermano ideológico antecesor, Rafael Isea, por descarados hechos de corrupción elevados por él ante la Contraloría y Corte Celestial a su llegada a Aragua, advirtiendo que muchas de estas atrocidades son obras que aún están a la vista de la gente como el elefante rojo del Estadio Iberoamericano en el que tienen las manos embarradas más de un alto dirigente “socialista” reencauchado en su gobierno y que gozan de inmunidad para seguir la parranda.

Pero, dentro de lo que cabe hubo escasos ojales de tenue luz, puntualizó Rosales, como la recuperación del Teatro de la Opera y la Plaza Bolívar de Maracay, obras bañadas de irregularidades “Rojas Rojitas”, ejecutadas para de algún modo taparear la lesión del antecesor mencionado líneas atrás, espacios remozados que fueron empañados por un espíritu restrictivo que permite su uso parcial dependiendo del color y olor del usuario.

¡Cuatro años es mucho tiempo! sentenció Rosales, para tan poca dedicación y labor en pro de la calidad de vida de este estado que merece rectificación y cumplimiento firme de promesas, como el tan publicitado rescate del Hospital Central de Maracay, que nunca llegó, así como la ausente construcción de la autopista Hugo Rafael Chávez Frías para el sur de Aragua y la modernización de los planteles estadales que hoy sellan aulas por temor del desplome de la envejecida infraestructura, entre un sin fin de ofrecimientos que quedaron suspendidos por enaltecer el servicio a un partido a costa de la calidad de los aragüeños.

Este sutil esbozo, subrayó se engrosa con otros aditivos conocidos por todos los aragüeños, pueblo cansado, inmerso en la impotencia, pero todavía con esperanza y temple para la lucha, luego de pasar por tanta calamidad y miseria que nos dejó Tareck, a quien Rosales recomendó siendo, tal vez iluso o excesivamente optimista, que aproveche para que desde su alto cargo, aplicando la conciencia, resarcir un poco del daño ocasionado a la gran encrucijada del país en la que retumba el clamor de cambio y la exigencia de una expresión comicial.

Es así, como Henry Rosales para finalizar dijo ya sabemos ¿Qué nos dejó Tareck? y más claros aún ¿por qué fue recompensado con tal distinción? Si acumuló con honores las fatídicas cualidades que caracterizan a un “revolucionario” de pura cepa, digno hijo del padre del debacle de una sociedad deseosa de cambiar.