Asaltó a novios en Monumento a La Chinita y lo abatieron

Asaltó a novios en Monumento a La Chinita y lo abatieron

Chinita

Los oficiales de la Brigada Turística Chiquinquirá de la Policía regional sorprendieron in fraganti a Wílmer José Romero Durán, de 26 años, cuando junto a dos compinches asaltaban a una pareja de enamorados en el Monumento a La Chinita, parroquia Chiquinquirá, en el centro de Maracaibo, reseña La Verdad.

El trío de maleantes intentó disimular. Ocultó el arma de fuego con la que apuntaba a los novios, sentados en una de las bancas, y corrió, con la intención de perderse entre los tarantines del Paseo Ciencia y los callejones, detalló un oficial.





A los sospechosos los siguieron. A Romero lo alcanzaron los funcionarios al final del pasillo central del monumento. Al verse acorralado, sacó por segunda vez su revólver, calibre 38, y disparó contra los uniformados. En la balacera hirieron al maleante, lo montaron en una de las patrullas y lo trasladaron a la emergencia del Hospital Central. Murió a los pocos minutos de su ingreso. Sus cómplices aprovecharon la confusión y escaparon.

La Bridada Turística pidió refuerzos y se desplegaron desde la Basílica hasta la avenida 2 de El Milagro. No encontraron a los prófugos.

“Eran tres, uno abrió fuego contra nosotros, los otros dos huyeron. Estaban robando a una pareja cuando los avistamos. El muerto se hacía llamar el ‘Rey de los Celulares”, detalló una fuente policial.

La banda

Romero pertenecía a la banda del “Maikel”, otro hampón, a quien ultimó, el 23 de febrero, durante un enfrentamiento la Policía regional en Santa Lucía. Uno de sus secuaces asumió el liderazgo.

Un funcionario detalló que la organización hamponil opera en el casco central. Durante el día roba las pertenencias de los transeúntes, mientras que en las noches abre boquetes en las paredes de los establecimientos y sustrae los objetos de valor. Se estima que la banda la conformen unos 12 delincuentes, todos menores de 30 años.

Los asaltantes se mueven con rapidez por la zona. Conocen dónde esconderse y las horas en las que pueden atacar a sus víctimas con más facilidad. El patrullaje, según un funcionario, es constante. Pero son pocas las denuncias que existen en su contra. Las víctimas suelen tenerles miedo.