Quebec se ha convertido refugio para parejas homosexuales

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“Le dije a mi pareja: ‘No volveré jamás a Francia'”, recuerda Alice Chrétien, exultante a pocos días del nacimiento de su hija Loann, una felicidad que esta lesbiana que reside en Montreal difícilmente hubiera podido imaginar sentir en su país de origen.

“Sigo muy ligada a Francia, vuelvo todos los años”, se apresura a puntualizar la joven francesa, gerente de una cafetería y establecida desde hace tres años y medio en Quebec, y cuya futura hija es el fruto de la donación de esperma de un amigo homosexual.

“Vine a Quebec a visitar Montreal, y conocí a mi pareja. Después descubrí la facilidad de la que disfrutamos aquí, en el plano administrativo, para tener nuestros hijos como pareja homoparental”, una situación que contrasta con la realidad en Francia, dice Alice.





Allí, “si presentamos nuestros papeles, mi pareja no será reconocida como madre de nuestra hija. Aquí nuestra hija lleva el nombre de mi pareja porque así lo decidimos. Pero en su pasaporte francés ella deberá figurar como Loann Chrétien, con la acotación de ‘nombre de uso: Loann Tremblay’. Esperaremos a que las leyes cambien en Francia para comenzar los trámites…”.

El Parlamento francés analizará una nueva legislación sobre parejas homosexuales a partir del 29 de enero.

“En ninguna situación oficial (en Francia), mi pareja sería reconocida como la madre de mi hija”, puntualiza Chrétien.

La actitud de Alice ilustra la de numerosos homosexuales franceses, para quienes Quebec se convirtió en una especie de tierra prometida desde la legalización de la unión homosexual hace una década y, después, del matrimonio entre personas del mismo sexo y, todavía más, tras la autorización de la adopción abierta a sus parejas.

“Hubo una gran ola de inmigración de homosexuales franceses desde hace tres o cuatro años”, indica Mona Greenbaum, directora de la Coalición de Familias Homoparentales y figura destacada de la causa homosexual en Canadá.

Sobre los motivos que impulsaron esa migración, explica: “Fue para fundar una familia, pero también por la atracción del Quebec mítico, de los grandes espacios abiertos y de la situación económica en Francia”.

Ninguna estadística precisa está disponible, pero la presencia de numerosos franceses en organismos como la Cámara de Comercio Internacional Gay y Lesbiana confirma indirectamente el fenómeno.

El censo de 2011 registró 64.575 parejas formadas por personas del mismo sexo, lo que representa un 42,4% más que hace cinco años y casi el doble con relación a la primera cifra recogida en 2001. De estas parejas, 21.015 estaban casadas, mientras que 43.560 vivían bajo el régimen de unión civil.

Para los franceses, el matrimonio permite también regularizar su residencia permanente en Quebec. Pero, más frecuentemente, se trata de un gesto para afirmar la solidez de su relación.

Pareja de un quebequense a quien conoció por internet en 1997, Laurent Gloaguen, un francés de unos 40 años sonríe cálidamente. Él cruzó el Atlántico hace unos años “por el amor de un hombre, no de un país”.

Su pareja se había instalado antes con él en Francia, pero jamás pudo obtener el permiso de trabajo.

“Vivía una relación estable, pero no la podía vivir en Francia, aunque no tuve que encontrarme con manifestaciones de homofobia. Aquí, un país que no me debe nada, me acoge con los brazos abiertos”, continúa Laurent. “Es esto lo que me convenció. Quebec me dejaba vivir mi vida como yo la entendía”.

Laurent e Yves se casaron en 2006, en una sala del Palacio de Justicia de Montreal.

La ceremonia fue sobria, casi burocrática. Un juez con una pechera blanca presidió el acto que duró apenas diez minutos, incluyendo la canción de amor de una cantante de Quebec.

Mientras tanto, compraron una casa y Laurent fundó una pequeña empresa donde realiza sesiones de fotos al estilo antiguo.

AFP