Kerry y Hagel, dos nominados de Obama escépticos con el embargo a Cuba

Kerry y Hagel, dos nominados de Obama escépticos con el embargo a Cuba

El presidente Barack Obama ha nominado a dos declarados escépticos del embargo contra Cuba para los cargos clave de secretario de Estado y secretario de Defensa, pero las posibilidades de que la vieja política de cinco décadas pueda cambiar parecen escasas.

John Kerry, el senador nominado para suceder a Hillary Clinton al frente de la diplomacia, y Chuck Hagel, ex senador republicano que sustituiría a Leon Panetta en el Pentágono, son ambos veteranos de Vietnam, una guerra que forjó su forma de ver a regímenes como el cubano tras el fin de la Guerra Fría.





Ex candidato demócrata a la presidencia en 2005, Kerry ocupa hasta ahora el cargo de jefe del comité de Relaciones Exteriores en el Senado. Ante ese mismo comité defenderá su nominación este jueves.

Kerry lleva años pidiendo cambios en la política hacia Cuba, que considera errónea.

“En 1995 Estados Unidos normalizó relaciones con Vietnam. La Guerra Fría había terminado e incluso firmamos un tratado de comercio con un país donde 58.000 estadounidenses perdieron sus vidas”, recordó Kerry en un editorial publicado en 1999.

“Sin embargo, cuando se trata de lidiar con una empobrecida isla a 90 millas de las costas de Florida, nos aferramos a una política que ha fracasado clamorosamente durante cerca de 50 años”, añadió Kerry en ese artículo.

Kerry mantuvo en 2010 durante meses su oposición como senador a los programas de apoyo a la democracia de la agencia Usaid en Cuba, que provocaron en diciembre de 2009 la detención del subcontratista Alan Gross.

Gross acabó siendo condenado a 15 años en La Habana por haber distribuido material de comunicaciones a grupos civiles.

Según un articulista del blog The Daily Beast, Kerry se reunió en secreto con el canciller cubano Bruno Rodríguez en octubre de 2010 en Nueva York, para abordar el caso Gross, sin éxito.

La oficina de Kerry no contestó a una demanda de confirmación de la AFP de ese encuentro, reportado por el periodista RM Schneiderman.

Pero si Kerry es confirmado como secretario de Estado, el principal obstáculo para modificar la política hacia Cuba provendrá de su propio campo y de su sucesor en el comité senatorial, el también demócrata Robert Menéndez.

Menéndez, un cubanoestadounidense, es un férreo crítico del régimen castrista y ya en 2011 frenó esos intentos de Kerry de cambiar los programas de Usaid para la isla.

En el seno del poderoso comité de Relaciones Exteriores, Menendez puede además contar con la ayuda de otro cubanoestadounidense, el republicano Marco Rubio.

En la Cámara de Representantes, la oposición republicana es aún más resuelta.

Hagel, cuyas audiencias de confirmación están previstas la semana que viene, destacó también en el pasado por sus comentarios sarcásticos acerca del embargo y de la política hacia Cuba. En 2002 comentó en público que el líder cubano Fidel Castro le parecía “un viejo desdentado dinosaurio”.

Años más tarde reafirmó que la política hacia la isla le parecía “irrealista, irrelevante”.

En el escenario político de Washington, Hagel tiene también sus defensores, empezando por el ultraliberal Instituto Cato.

“Chuck Hagel no tiene un problema con Cuba. Más bien lo contrario. Ha mostrado sentido común para acabar con una de las políticas exteriores más anacrónicas de Washington”, señaló un reciente comentario del Instituto.

Pero de nuevo sus ex colegas republicanos en el Congreso han advertido que intentar cualquier cambio legislativo de peso hacia la isla es imposible, sobre todo si Gross sigue encarcelado.

Como en el impasse de la reforma migratoria, bloqueada desde hace años en el Congreso, Obama ha utilizado ciertas prerrogativas presidenciales para cambiar la política hacia Cuba, en particular la ampliación de los permisos para viajar y las remesas.

Partidarios de acabar con el embargo creen que el gobierno aún tiene margen de maniobra para otros decretos presidenciales, pero Obama dijo públicamente, antes de su reelección, que esperaba a su vez algún gesto de apertura de La Habana.

Por Jordi Zamora

AFP