Ante un desempleo galopante, los españoles crean su propio trabajo

Ante un desempleo galopante, los españoles crean su propio trabajo

En una pequeña tienda de Valladolid, en el norte de España, Ana Luis cambia con esmero uno de los maniquíes de su escaparate, decidida, como miles de españoles, a probar suerte como emprendedora para escapar a la lacra del desempleo.

Por sus gestos rápidos y precisos nadie diría que hace menos de cuatro meses que Ana, ingeniera de 46 años, abrió su boutique.

Este viejo sueño de infancia nació de una pesadilla: la crisis económica que dejó a casi seis millones de personas sin empleo en España.

Tras trabajar durante 12 años como asesora en la prevención de riesgos, con un confortable salario de 1.700 euros mensuales (unos 2.250 dólares), en 2011 fue despedida.

“Tenía dos opciones, o me quedaba en mi casa sentada y no hacía nada o me lanzaba con un proyecto que me gustaba”, explica.

Optó así por acogerse a una medida que le permitió cobrar de una vez el 60% de los subsidios de desempleo que le quedaban, 12.000 euros que sumados a sus ahorros permitieron una inversión de 30.000.

Como ella, “en España cada hora se dan de alta 67 nuevos autónomos”, explica Lorenzo Amor, presidente de la Federación de Asociaciones de Trabajadores Autónomos. “Desgraciadamente, el 50% de ellos no consigue consolidar su actividad más allá de tres años”, agrega.

Desde el inicio de la crisis en 2008, más de 625.000 trabajadores autónomos bajaron la persiana, pero, ante la lacra del desempleo, esta opción sigue siendo para muchos la única alternativa. “En estos próximos meses va a ser más fácil crear tu propio empleo que encontrarlo”, asegura Amor.

En 2012, “por primera vez desde el inicio de la crisis (…) el número de autonómos por cuenta propria ha crecido en 53.000”, subraya. Este sector es el único que “han generado empleos netos en el último año”, con 72.000 puestos, precisa.

Tamara Marqués, de 29 años, y Quique Arias, de 35, también acaban de sumarse a la marea de nuevos emprendedores.

Ella, que quería ser controladora aérea, y él, diseñador gráfico, abrieron a fines de 2012 un café en Malasaña, un barrio madrileño de moda.

Menos de dos meses después, su apuesta por un gran y luminoso espacio abierto a los ciclistas y a sus vehículos parece todo un éxito: los clientes se apresuran a ocupar los desparejos sillones de “La Bicicleta”, que emplea a media docena de camareros.

Tamara reconoce que tenía “otras expectativas” de trabajo, “pero las condiciones laborales no tienen nada que ver con las que había antes” de la crisis. Así que, ante la falta de oportunidades, y la precariedad para Quique, a finales de 2011 decidieron dar el salto.

“Tal y como está la economía, prefiero invertir en algo que realmente me gusta y que va a dar un fruto, a seguir esperando que el gobierno haga algo por mí”, afirma la joven.

Para financiar su reconversión, se fijaron un presupuesto de 100.000 euros, alimentado por un crédito y por “la ayuda de la familia”, explica Quique, lamentando la falta de apoyo de los poderes públicos.

“Ni siquiera estamos hablando de subvenciones o de que te faciliten el crédito, hablamos de algo mucho más sencillo que es facilitar los trámites burocráticos”, afirma.

También Ana lamenta las “trabas” encontradas: “en España no se hace mucho para ayudar a emprender”, afirma.

Consciente de estas dificultades, el gobierno conservador de Mariano Rajoy prepara una ley destinada a facilitar la creación de pequeñas empresas.

Ana, Tamara y Quique logran de momento cubrir gastos y aunque aún no tienen ganancias afrontan el futuro con optimismo.

“Creo que hay cada vez más dinamismo”, afirma Javier Sanz, director del MBA para emprendedores de la Universidad Complutense de Madrid. “En los próximos cinco o seis años cada vez más las personas van a darse cuenta que para poder encontrar su empleo perfecto van a tener que diseñarse su propio trabajo”.

Por Elodie Cuzin

AFP

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